Guillermo Schavelzon: “Borges, Cortázar o García Márquezhoy no podrían surgir”
Es uno de los agentes literarios más relevantes de habla hispana. Como editor, junto a Jorge Alvarez, publicaron a Puig, Bioy y Saer. Consiguió los derechos de Los funerales de la Mamá Grande cuando García Márquez era un desconocido. Hoy representa a Auster, Piñeiro y Manguel, entre muchos otros. Medio siglo de historia en el mundo literario quedó plasmado en su libro El enigma del oficio (Memorias de un agente literario), editado por Ampersand. Por Flavio Mogetta para LA GACETA.

Guillermo Schavelzon lo aclara en la introducción y lo subraya desde el Barcelona durante el reportaje con LA GACETA Literaria: “yo no soy un escritor, pero soy un testigo y, después de tantos años en este mundo tratando con escritores y con gente del libro, me pareció que había una mirada mía de las cosas de las cuales tenía sentido transmitir o dejar constancia. De ninguna manera puedo decir que esto fue así, sino que esto es lo que yo recuerdo de lo que fue, con lo cual probablemente la otra parte, en el caso de los que estén, podrían decir que no fue así o que fue de otra manera. Por supuesto que no hay ficción, pero la memoria funciona de una manera muy particular”.
- A la hora de ser agente literario el hecho haber pasado por casi todas las patas de la industria -librero, venta a librerías, dueño de un sello editorial o editor de grandes editoriales- debe representar una ventaja.
- Para mí es fundamental porque te permite entender los otros puntos de vista. En última instancia un agente literario es un conciliador de intereses, tensiones y problemas. Entonces cuando uno se enfrenta a situaciones donde hay dos lados, nada mejor que poder comprender al que está del otro lado, porque uno tiene clara su propia posición pero la posición del otro no, y eso lleva a conflictos permanentes. Entonces creo que el haber recorrido todo eso, el tratar de mantenerme siempre actualizado en cuanto a los cambios brutales que ha habido en los últimos veinte años, siempre ha sido a favor de cualquier negociación, incluyendo desde el reclamo de que faltan los libros de tal autor en las librerías hasta los acuerdos económicos.
- ¿La industria editorial ha evolucionado o involucionado?
- Todo eso depende de cuál sea tu mirada. Si sos un empresario inversor dirías que ha evolucionado. Si sos un intelectual o un lector muy curioso, dirías que ha involucionado. La síntesis es muy clara: lo que era una actividad de tipo cultural se transformó en una actividad industrial. Antes había editores que publicaban lo que creían que era valioso o las apuestas, y así es cómo surgieron los grandes escritores del siglo XX cuando eran desconocidos. Porque hoy es muy fácil decir yo publicaría a García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar. Pero cuando ninguno de ellos era conocido y no habían publicado nada, alguien decidió que había una apuesta que hacer y corrió un riesgo económico. Eso hoy no existe. El objetivo de hoy es ganar dinero, entonces no importa qué contenido publicás dentro de ciertas pautas que la sociedad impone. Para poner un ejemplo clásico: los primeros libros de Borges vendían 400 o 500 ejemplares y la editorial que los publicaba –Emecé- los seguía publicando. Con Cortázar pasó lo mismo. Hoy si alguien publica un libro que los críticos dicen que es excelente (debería acotar que tampoco hoy hay muchos críticos en el mundo mediático, los habrá en la academia) y vende 400 ejemplares no le publican el siguiente libro. Con lo cual me podrías decir cómo puede hacer un Borges, un Cortázar o un García Márquez de hoy para surgir. Yo te respondería: “no podrían surgir”, y esto no es bueno.
- Al pensar en la figura de un editor uno piensa en planificación, orden, rigor. Y el libro abre con la figura de Jorge Álvarez que parecía no tener nada de eso.
- No, era todo lo contrario. Era caótico. Sin embargo, tenía una fuerza interior compulsiva que lo llevaba a construir lo que hizo. Pero una cosa es construir y otra cosa, sostener. Jorge Álvarez tuvo el mérito de ser el primer editor de Saer, Piglia, Puig o Walsh -escritores que ahora sabemos que fueron grandes descubrimientos- pero no pudo acompañar a ninguno de ellos en su evolución. Jorge Álvarez fue posible porque. como cuento en el libro, fue una época pre-digital. Entonces podía pagar con cheques que no tenían fondos porque había un chico en el banco que lo llamaba y le decía “Jorge tenés que venir a cubrir 45.000 pesos”. Hoy no hay nadie que te llame de la sucursal del banco porque todo está digitalizado y el proceso financiero impide esa audacia que él tenía. Yo sostengo que Jorge Álvarez fue genial.
- ¿Es posible ser amigo de los escritores que se representa?
- No hay una norma. A veces las dos partes o una de las dos no tienen intenciones de ser amigos y entonces se limita a un servicio profesional. Sucede que en una agencia el servicio prestado está ligado a un producto de la creación. Estás trabajando con una materia de altísima sensibilidad que es la obra de la creación de la imaginación -el caso de la no ficción es exactamente igual-, una obra donde el escritor o la escritora están completamente comprometidos, con independencia de que sea buena o mala, vendible o no. Quien trabaja con una materia tan sensible va generando una relación; eso no quiere decir ser amigos, es otra cosa, puede ser más profundo o menos.
- Entiendo que no es azaroso que el libro cierre con Ricardo Piglia.
- No, claro. Lo de Ricardo Piglia fue una relación absolutamente privilegiada, donde el gran beneficiado sin dudas fui yo. Y además fue una relación muy larga. Lo que cuento fueron los últimos años. Muy tristes, muy dolorosos, pero tan admirables, productivos y afectivos, que me pareció que tenía que difundirse. No hay ningún secreto, la gente que estuvo cerca de él conoce todo.
- Se da la cuestión de planificar la creatividad corriendo contra el tiempo.
-Tremendo. Él fue un hombre cerebral, planificador, con un cerebro privilegiado. De golpe sabés que vas a morir y no cuándo, que hay una enfermedad que no tiene cura y que va avanzando y afecta tu capacidad de decidir de terminar los proyectos inconclusos. Hay un párrafo del mail que incluí en el cual él dice: “es verdad que si no me hubiera enfermado quizá no terminaba la edición de mis diarios”. Hacía treinta años que le escuchaba hablar de “la novela de mis diarios” y jamás se puso hacerlo. Y de repente trabajó enloquecidamente con la ayuda de Beba, su mujer, que resolvió un montón de cosas, y de su asistente, Luisa Fernández, que se comprometió muchísimo y lo ayudó a que pudiera terminar. El pudo ver los dos primeros tomos y eso fue una gran satisfacción.
- En el libro aparecen Maradona y la cantante cubana Olga Guillot. Dos ejemplos distintos de que una celebridad publicando sus memorias no siempre garantizan un éxito.
-Los puse porque son dos casos curiosos y también porque me interesaba mostrar que en la actividad de un agente literario -cuyo único objetivo no es ganar dinero- también llegás a representar no escritores y casos tan emblemáticos como los de Maradona y Olga Guillot. Sin embargo, yo no los comparo. No soy futbolero, no tengo información, no miro partidos, pero el peso de Maradona en la cultura universal y en la representación de la Argentina solo los tuvo Eva Perón, Gardel o el Che Guevara, probablemente nadie más. El amor de la gente por Maradona era tan ilimitado que la gente quiso leer sus memorias. El libro es muy bueno y, es mérito de la vida de Maradona, que la supo contar, y de Daniel Arcucci, que la supo escribir, porque Maradona no podía sentarse a escribir, no podía ni siquiera sentarse con Arcucci más de una hora. Entonces los admiradores de Maradona se volcaron a comprar el libro y, cuando te digo a comprar es porque en realidad sabemos cuántos compraron el libro, lo que no sabemos es cuántos lo leyeron. En el caso de Olga Guillot, a quien tampoco conocía porque tampoco conozco el mundo de la música popular, ella no cuenta su vida sino que hace un libro que es como una visión light de sus éxitos, pero si Olga Guillot hubiera contado cómo se acostó con los presidentes de México y consiguió la nacionalidad mexicana -no por eso, sino porque si contaba eso hubiese contado muchas otras cosas de su carrera- hubiera sido un libro apasionante. Pero no era un buen libro, era una gran cantante.
- La construcción del libro entiendo fue muy metódica y cuidada teniendo en cuenta tus conocimientos, y por eso el libro no tiene un camino azaroso. Partiendo de la figura de Jorge Álvarez hasta llegar a Piglia, en el camino se van entrelazando las distintas historias.
- Justamente esa continuidad, que está en el trasfondo, sería mi memoria, pero hay que encontrarla detrás. También es un libro que probablemente se lea por partes sueltas. Primero uno, después otro, pero de todos modos hay una continuidad y creo que es lo que más contento me tiene.
© LA GACETA
PERFIL
Guillermo Schavelzon nació en Buenos Aires, en 1945. Fue editor y librero antes de convertirse en agente literario. Trabajó en la Editorial Jorge Álvarez, de la que se convirtió en socio y en la que publicaron a autores como Puig, Saer y Piglia. En 1966 Schavelzon consiguió los derechos de Los funerales de la Mamá Grande de un desconocido García Márquez. En 1967 inició la editorial y librería Galerna, donde publicaría a Bioy y a Gelman. Exiliado en México fundó Nueva imagen y editó a Cortázar, Quino y Benedetti. En los 90 fue gerente de Planeta. En 1998 fundó en Barcelona su agencia literaria. Entre sus representados se cuentan Paul Auster, Claudia Piñeiro, Jorge Lanata y Alberto Manguel. Durante diez años impartió clases en el Máster de Edición de la Universidad Pompeu Fabra.







