Cirilo te lleva a su mundo de diversión sin distingo de edad

Patricio Gómez de la Torre presenta a su personaje clown, en un espectáculo para toda la familia. El lugar del mimo y los códigos no verbales.

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Cirilo no habla; se comunica por gestos y tiene una actitud sumisa, servicial, cordial y picaresca. Transita por situaciones complicadas y debe sortear todos los obstáculos que le presenta la vida. Es muy cariñoso, sensible y disparatado y tiene la solución para todos los problemas y desafíos suyos y de los demás, muchos surgidos de su propia torpeza. Está en contacto con la gente, pero se deja influenciar por los otros.

Así define Patricio Gómez de la Torre a su personaje, que protagonizará la obra de estética clown que estrenará esta noche a las 22, en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265). “No es un súper héroe, ya que a veces es su propio antagónico más que nada, aunque da el ejemplo con buenas acciones, pone en juego valores y realiza hazañas extraordinarias que requieren de mucho coraje. Entonces se convierte un héroe sin dejar de lado que es un ser ordinario vulnerable, atrapado en el cotidiano de la vida urbana”, afirma.

-¿De qué manera se está desarrollando el arte de la pantomima en Tucumán?

- En los últimos años ha sido una disciplina que ha quedado un poco en el olvido en el colectivo de los artistas tucumanos. Cuando empecé a trabajar con Mauricio Semelman, la pantomima estaba presente como recurso escénico y técnico actoral; de a poco me fui adentrando en el mundo del mimo. Durante la pandemia sentí la necesidad de volver a retomar todo lo aprendido en estos 10 años y decidí fundar la escuela de teatro físico, donde las bases son la expresividad corporal y las herramientas básicas del clown. Entré en contacto con la Asociación Argentina de Mimo y con gente de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza, y se planteó volver a mostrar la disciplina renovada e integrada a otras expresiones para ampliar el campo de investigación. En estos dos últimos años han proliferado las artes circenses y se han ligado a nuevas formas con técnicas antiguas, pero falta entender el origen. La pantomima y el mimo son considerados un elemento menor, sin importancia. El desafío está en volver a dar a conocer este maravilloso arte de la expresión sin la palabra.

- ¿El clown ha desplazado al mimo clásico?

- Creo que sí. Los actores empezaron a incursionar en la técnica del clown como herramienta para la comedia. Considero que son modas y etapas en los artistas de las viejas generaciones y las nuevas. Patricia Mansilla, de joven, incursionó mucho en el clown; Ricardo Sobral también lo hizo durante unos años; Débora Prchal es una gran directora y maestra que fundó su escuela de clown y lo practica y dicta desde hace años, como así también llegaron formadores de Buenos Aires, por ejemplo Marcelo Katz, a dictar seminarios. De estas personas aprendí muchísimo durante años. El mimo es una disciplina que cuesta ver y entender por los modismos, la falta de llegada al pública y la poca publicidad que tiene. El gran Marcel Marceau dejó muchos conceptos teóricos y prácticos y sus fundamentos precisos.

- ¿Qué cosas te hacen reír?

- Sobre todo, los dibujos animados de los 80. El humor físico, con golpes y tropiezos que ponen en juego el físico del actor, me causa mucha gracia, como también el picaresco verbal de Les Luthiers. Me dan gracia las boberías sin sentido, los absurdos. Chaplin es uno de mis personajes favoritos.

- ¿Cómo es hacer humor para toda la familia?

- Es un desafío grande. Los niños son más inteligentes que los adultos. Hacer humor para toda la familia es buscar la risa cómplice del público con el personaje a partir de una situación que muchas veces es ridícula o anecdótica, acompañada de gestos, caídas, voces, onomatopeyas y música. El actor debe transitar la situación como si fuera la primera vez que la vive, sorprenderse, reaccionar espontáneamente de manera ridícula, absurda y sin lógica alguna. El público hace catarsis con lo que está viendo. Es muy difícil hacer reír si uno no está bien con uno mismo y no se ríe uno de lo que hace en escena. Lo importante es meter al público en el juego, en ese mundo de la imaginación para acompañar al personaje en las diferentes situaciones, apelar a que juegue con la inocencia que todos tenemos. A los adultos les recomiendo sacar su niño interior, dejarse llevar por lo que sucede en escena y trasladarse a un mundo divertido.

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