LOS DOS ELENCOS REUNIDOS. Estos son los 24 artistas que protagonizan las dos versiones de “Lo quiero ya”.
El celular se transformó en la extensión del brazo y a cada rato llega un aviso que nos hace mirarlo. Cuando todo parece estar al alcance de un click, se abre un universo en el que la vida personal parece perder espacio, donde las demandas de atención y las ofertas de cosas que no necesitás agobian. Los algorritmos y la inteligencia artificial han llegado para decidir por nosotros qué ver, hacer, desear y consumir. ¿Qué puede pasar cuando el sistema se cae y debo decidir solo?
“Lo quiero ya!” es la obra con dramaturgia original de Marcelo Caballero y Martín Goldber, y letra y música de Juan Pablo Schapira, que la Escuela de Teatro Musical Chapeau eligió para celebrar sus 10 años de funcionamiento, en el formato de una comedia que reflexiona sobre la ansiedad entre los jóvenes. El estreno será a las 21, en el teatro municipal Rosita Ávila (Las Piedras 1.550), con la dirección general de Sebastián Fernández y dos elencos (ver “Los personajes”).
- ¿Qué cuenta esta obra?
- Narra un día cotidiano de un grupo de jóvenes, para quienes el tiempo pasa a toda velocidad. Atravesadas múltiples sueños, deseos y frustraciones, circula por la ciudad en busca de cumplir sus objetivos laborales y afectivos. Para ello descargaron una aplicación en sus celulares que los asiste (o por lo menos así lo intenta) para controlar sus emociones y alcanzar sus metas.
- ¿La adicción a la tecnología te genera preocupación?
- La dependencia evidente a las redes sociales y a las aplicaciones digitales que soportan celulares y tabletas preocupan en el sentido que nos muestran inmersos en un contexto en donde la vida analógica conocida ha quedado irremediablemente atrás. Ahora solo podemos generar las adaptaciones necesarias para transitar este nuevo mundo y, por más complejo que sea, intentar ser felices y convivir en sociedad. No creo que el avance tecnológico sea negativo, pero a quienes no somos nativos digitales nos significa un gasto energético mucho mayor que quienes, desde niños, se vincularon con dispositivos electrónicos e internet.
- ¿Hay vida fuera de la virtualidad?
- Sí, pero las nuevas generaciones pasan muy poco tiempo desconectadas de la realidad virtual. En el ciberespacio se generan comunidades con intereses muy diversos, lazos de amistad, equipos de gamers, movimientos políticos, empresas y consumidores de forma acelerada. Es muy difícil imaginar un futuro por fuera de la virtualidad. Eso es inquietante a la hora de repensar las prácticas de convivio, la reunión de cuerpos en las ceremonias y en el teatro. Sin duda la nueva era nos convoca a los artistas escénicos a repensar nuestras prácticas profesionales, las formas de encuentro con nuestros públicos.
- ¿Las demandas de la sociedad de consumo producen una generación insatisfecha?
- El capitalismo ha encontrado en el mundo virtual la forma de dar un paso adelante. Somos permanentemente bombardeados/as con estímulos sonoros y visuales que nos empujan a consumir sin límites con la promesa de pertenecer a un futuro que ya llegó. Semejante tormenta de publicidades no hace otra cosa que generar, principalmente en las nuevas generaciones, impotencia y angustia por no poder alcanzar eso que se ofrece. Una complejidad extra se suma si pensamos en la importante brecha que hay en nuestro país entre clases sociales: todos tenemos un dispositivo en nuestras manos, todos recibimos las mismas publicidades, pero pocos pueden realmente acceder siquiera a una mínima parte de lo que se vende.
- ¿Cómo la llevan a escena?
- La puesta se articula a partir de un dispositivo escénico ideado por Juan Logusso que replica las formas del Cubo Soma, un rompecabezas 3D que, según cómo oriente sus módulos, determina diferentes espacialidades. Cada una de ellas habilita un ámbito donde las distintas situaciones tienen lugar, construyendo una narrativa que apela a la simultaneidad y rompe la linealidad del relato. Los personajes cantan con una banda de músicos en vivo (dirigidos por Rodrigo Ferreyra) y siguen el diseño coreográfico de Eugenia Rufino.
- Además trabajaste en paralelo con dos elencos...
- Decidimos hacer el experimento de dos elencos distintos en la producción de la misma obra. Fue muy complejo; supuso una doble tarea para el equipo de producción y dirección en ensayo y tiempo. Desde la dirección actoral trabajé con María José Stefani, con Oli Alonso en iluminación y con Juan Aguilar en vestuario y maquillaje, y sumé a Celeste Coronel en la dirección coral. Fue un lindo reto ya que nos permitió dar lugar a la participación de un buen número de egresados y egresadas de Chapeau!, en el festejo por sus 10 años de vida. Quisimos poner en relieve el volumen y la influencia que tiene nuestra escuela en el campo teatral musical tucumano. Así, se verá un espectáculo los sábados y otro distinto los domingos, con 12 actores y actrices en cada equipo.








