La educación vial también puede ser divertida

La Municipalidad de Yerba Buena emprendió una serie de talleres para enseñar sobre educación vial en las primarias. En qué consiste la propuesta y algunas ideas para abordar el tema en casa.

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Con la cantidad de señalizaciones, áreas delimitadas y conos que aparecen sobre el piso, podríamos pensar que la escena remite a alguna prueba de manejo o evaluación para sacar la licencia. Al menos, si no fuera por un detalle: el tamaño miniatura que tienen los elementos.

Desde principios de junio, la Municipalidad de Yerba Buena emprendió una serie de talleres destinados a enseñar educación vial a los niños de primaria. La propuesta consiste en visitar diferentes instituciones educativas para concientizar a los futuros conductores y peatones sobre las normas de tránsito y sus responsabilidades.

“La idea surgió en noviembre de 2019 y al principio decidimos difundir el tema en las colonias de vacaciones hasta que los chicos retomaran las clases. Logramos ir a Tucumán Rugby y el Club San Martín, pero cuando estábamos a punto de expandirnos a las aulas llegó la pandemia”, explica el secretario de Gobierno de la Municipalidad, Pablo Macchiarola.

Con una segunda oportunidad bajo las manos, este año la propuesta ya logró realizarse en cuatro establecimientos. Entre ellas, la escuela Reconquista y el colegio Educación del Talento.

El trabajo implica una colaboración entre las direcciones municipales de Tránsito y de Extensión. “Los talleres van a seguir hasta fin de año; en Yerba Buena contamos con aproximadamente unas 42 instituciones y queremos llegar, en la medida de lo posible, a todas ellas”, indica.

Cuidado, niños al volante

Las clases contemplan una parte teórica y otra práctica. A través de explicaciones súper sencillas los alumnos aprenden a identificar las señalizaciones y los cruces en los semáforos. Luego, es momento de la diversión cuando toca poner esos conocimientos en acción.

A partir de ahí, el patio se transforma en una pista lúdica con avenidas que van en diferentes sentidos y una rotonda. Para que el circuito parezca aún más realista, en los carteles aparecen los nombres de las avenidas Aconquija y Solano Vera.

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Las expectativas de los pequeños aumentan al ver los vehículos de juguete en los que deben subirse. Hay monopatines, kartings y bicicletas de muchos colores.

Una vez que los cascos quedan bien ajustados, la misión consiste en pasear dentro de la mini urbe (bulliciosa por tantas risas) prestando atención a las indicaciones de los agentes de tránsito.

Además, para un repaso extra aparece una rayuela con letreros de “prohibido estacionar”, “permitido estacionar” y “niños jugando”.

Foco de acción

Aunque Tucumán y el caos vehicular conforman una dupla difícil de separar, nada es imposible. En este sentido, las medidas preventivas (con campañas de difusión y capacitaciones) resultan esenciales para atenuar el problema.

“La falta de conciencia al volante (con sus posteriores siniestros o violación de las reglas) se da de manera transversal a la ciudadanía y no distingue entre clases sociales ni ingresos. La imprudencia ocurre acá, a nivel nacional e internacional”, advierte el funcionario.

Al respecto, dirigir nuestros esfuerzos hacia los niños es una alternativa para atacar el tema desde su raíz. La solución no pasa solamente por esta instancia, pero adquirir las herramientas e información adecuada desde chicos es una parte sustancial del proceso.

“Podríamos pensar que un tucumano que es pillado en un control y paga una multa por alcoholemia o por estacionar en doble fila, luego no vuelve a tomar ni deja su auto en lugares prohibidos. La realidad demuestra lo contrario; necesitamos usar nuevas metodologías porque los infractores reinciden varias veces”, acota Macchiarola.

Acá van algunos ejercicios para desarrollar junto a nuestros hijos y complementar su aprendizaje:

- test de la memoria: cortar una cartulina en varias unidades simétricas para que simule un mazo de cartas. Luego, imprimir al menos 10 señales de tránsito y pegarlas individualmente en cada papel. La meta es que los pequeños puedan responder al elegir una carta aleatoria que significa el cartel presente y cómo deberíamos actuar tras verla en caso de ir a pie o en auto.

- ruta de aventuras: conocer su entorno próximo es fundamental para que los niños prevean hechos de peligro. Para este juego solo necesitamos un cuaderno y lápices de colores. Desde casa, vamos a recorrer junto a nuestros hijos alguna de las rutas que más utilizamos a diario. A medida que avanzamos, el ejercicio es que ellos marquen sobre el papel los cruces peatonales que detecten y cualquier elemento de seguridad vial. En paralelo, también podemos intentar que ellos mismos identifiquen las malas acciones de los terceros para que desarrollen su pensamiento crítico. Para mejorar el dinamismo, una opción es que clasifiquen la manera de cruzar o manejar de las personas con estrellas (de 1 a 5 puntos).

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- detectives viales: para demostrarles que ellos también son partícipes de las medidas preventivas y no solo pasajeros pasivos, esta actividad propone que los niños presten atención -mientras van en el auto- a cómo se desenvuelve el tráfico. Para que presten atención algunas preguntas claves podrían ser: ¿De qué color es el coche que tenemos atrás? ¿Ves si los pasajeros llevan cinturón? ¿Cuántos peatones pasan ahora por la senda? ¿Hay gente que cruza por otros lados?

Involucrar a los jóvenes

Para frenar los siniestros viales otra de las acciones que implementará la Municipalidad de la Ciudad Jardín consiste en mostrar carteles alusivos en las principales calles de la urbe. La idea es que algunos grupos de estudiantes de secundaria se paren en diferentes áreas para exhibir láminas con frases como “La bici también forma parte del tránsito ¡respeta el semáforo!”, “Se prudente a todos nos esperan en casa” y “Si tomaste no manejes, si tomó no lo dejes”.

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