Las cañas conjugan historias dulces y de abandono

El artista plástico Hugo Carrizo utiliza como material principal de sus cuadros la caña de azúcar. Arte, memoria colectiva y crítica social.

PRESENCIA FEMENINA. “Después de hora” es un acrílico sobre caña de azúcar disecada de Hugo Carrizo, que integra “La textura del bagazo”. PRESENCIA FEMENINA. “Después de hora” es un acrílico sobre caña de azúcar disecada de Hugo Carrizo, que integra “La textura del bagazo”.

Si en cada surco de las cañas de azúcar pudieran leerse las memorias de la tierra, en Tucumán, la nuestra hablaría sobre un pasado glorioso; dulce como su interior, pero nunca eterno. Quizás por eso, pensar en la zafra y los cañaverales siempre remueve identidades dormidas.

En su obra “La textura del bagazo”, Hugo Carrizo toma este material (directa e indirectamente) para construir un relato con mucha crítica social.

El detalle de sus cuadros consiste en que están hechos con cortezas de caña de azúcar y, en lugar de acrílicos, emplean ferrite (pintura para pisos). Mediante ambos recursos, el reclamo por las desigualdades sociales y económicas se hace presente.

“Los materiales que usamos en el arte tienen un discurso propio. Tomar la caña implica meternos en la historia de Tucumán, con sus luces y sombras. A diferencia de los arándanos o los cítricos, la caña tiene un mayor peso en la memoria colectiva y se remonta a muchísimo tiempo atrás. Su industria implica trabajadores agrupados, sindicatos, conciencia de clase y leyendas como la del perro familiar”, comenta el artista plástico.

Muestra

El mes pasado, los cuadros de Carrizo fueron exhibidos en el Centro Cultural Virla.

Entre las piezas expuestas aparece “El Salí”, un cuadro que alude, a través de algunos trazos rojos, a la contaminación que sufre ese río.

El paisaje urbano también levanta alertas y llama a la reflexión en cuadros como “La ciudad sin todos”. En contraposición a un slogan promocional estatal (“Queremos una ciudad para todos”), su creador resalta como la infraestructura limita y separa a los ciudadanos. Este concepto se traduce en cañas que simulan edificios, murallas y un remolino desordenado.

“Cuando cae la noche, la urbe evidencia su segunda cara. Ahí aparece la gente con carritos que recolectan basura o van en busca de comida y las personas sin hogar. Las construcciones expulsan y no aceptan a esta parte de la población. Eso implica que, al final, ellos caigan en una vorágine de pobreza”, explica.

La oposición entre el “nosotros” versus “los otros” se ve igualmente en una pieza titulada “Nudos”. Allí, una ruta divide el ingreso hacia nuestra ciudad de un grupo de caseríos precarios con ataduras. La lectura apunta a lo complicado que resulta ingresar en esas áreas vulnerables para brindar contención; y lo difícil que se vuelve escapar de los márgenes.

Otros de los cuadros evocan la prostitución y la labor de los zafreros. “Respeto cualquier tipo de propuesta autorreferencial o conceptual, pero lo que yo persigo es un arte de denuncia; que las obras no apunten solo a lo estético sino que posean un discurso político y/o social”, acota Carrizo, quien fue el encargado de diseñar el logo del grupo “Con esperanza nos fortalecemos”, de Los Vázquez.

Apuesta

El contacto con este material creativo, acompaña al artista (oriundo de Villa Quinteros) desde su infancia. “Prácticamente me crié entre cañaverales. Aún recuerdo las tardes en que jugaba al fútbol entre las cañas, a mis amigos llevándoles algo de comer a sus padres mientras estaban en los cercos durante las épocas de cosecha o como los carros recolectores llenaban las calles de barro. Se lo que se siente ver, en una noche fría de invierno, como los ingenios tiran humo”, relata.

Esos recuerdos conviven en paralelo con el cierre de la fábrica, la desocupación y las migraciones masivas hacia la Capital u otros territorios en busca de nuevos empleos.

Aunque Carrizo cuenta con un bagaje de vivencias propias por detrás y tuvo desde joven facilidad para la pintura, él recalca que su contacto con el arte arrancó recién a los 30 años.

“En 2019, uno de mis hijos ganó a los 10 años un concurso artístico nacional (’Dream Car Art Contest’) de Toyota. Esa competición hizo que luego él viajara junto a un acompañante a Japón para recibir su premio. La experiencia me hizo entender que la vida es demasiado corta para no probar nuevos desafíos”, argumenta.

El proceso lo llevó a inscribirse en el taller vespertino de escultura de la Facultad de Artes de la UNT e iniciar una investigación para encontrar algún método que permita emplear la caña sin que esta se doble, contraiga ni sufra modificaciones al disecarse.

“Me tomó dos años dar con una solución para preservar el material. Después, hice un estudio con unas ingenieras de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres y ellas me extendieron un certificado que señala que la caña seca y aislada puede tardar de 20 a 30 años en deteriorarse”, acota.

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