De sabios, ignorantes e idiootes *

Por Julia Alessi de Nicolini para LA GACETA.

“SÓLO SÉ QUE NADA SÉ”. En la famosa autodescripción de Sócrates se sintetiza “una oposición a seguir filosofando dentro del engreimiento, la satisfacción y la suficiencia”. “SÓLO SÉ QUE NADA SÉ”. En la famosa autodescripción de Sócrates se sintetiza “una oposición a seguir filosofando dentro del engreimiento, la satisfacción y la suficiencia”.
18 Junio 2022

Cuando la visión poética y profética de César Vallejo soñó aquel mundo paradisíaco -ya alguna vez citado- en el que “se amarán todos los hombres” y “sólo la muerte morirá”, afirmó también que en ese mundo “sabrán los ignorantes” e “ignorarán los sabios”... 1

Sabios ignorantes, ignorantes sabios..., ¿en qué quedamos, ignorantes o sabios? Pero además: ¿son sabios que ignoran o ignorantes que saben?; ¿cuál es el adjetivo y cuál el sustantivo?

Las preguntas no terminarán aquí: cuando esos sabios ignoren, ¿dejarán de ser sabios? Cuando los ignorantes alcancen la sabiduría, ¿dejarán de ignorar? Y otra, fundamental: ¿adónde quiere llevarnos la doble metáfora del poeta? Conviene recordar que la sección del poema donde se describe aquella plenitud de vida y felicidad culmina con esta afirmación: “comprenderán todos los hombres”... ¿Qué habrá querido Vallejo que comprendiéramos?

Quizá valga la pena comenzar echándoles una mirada a ambas palabras. “Sabio” procede del griego “sophos”, que significa “hábil..., sagaz en materia de vida, sabio, prudente...”. “Ignorante”, a su vez, es el que (como lo indica la i negativa) no tiene “gnoosis”, o sea “conocimiento”. 2 Cuando el Diccionario de la Lengua Española define “conocimiento”, aclara que es lo que se “averigua por el ejercicio de las facultades intelectuales acerca de la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas...”. Por otra parte, dice de la “sabiduría” que es “la conducta prudente en la vida”. Y añade que “prudencia” es la “virtud para discernir lo bueno de lo malo”. O sea: “sabiduría” y “conocimiento” no son precisamente sinónimos...

A partir de estas pistas puede concluirse que sabio no será tanto el que se mueva cómodamente en el plano erudito de los conocimientos teóricos, sino el que sepa arriesgarse en el ámbito de la vida, la libertad, el discernimiento de valores. Por eso el sabio es un “conocedor” muy especial; y habrá que aceptar que no todos los “conocedores” llegan a sabios. Es muy posible que esta sea una de las cosas que Vallejo debe haber querido que llegáramos a comprender...

Pero hay más: ¿cómo no recordar aquí la famosa autodescripción del sabio referida a Sócrates -“sólo sé que nada sé”- en la que se sintetiza “una oposición a seguir filosofando dentro del engreimiento, la satisfacción y la suficiencia”? 3 Sin duda, otra vez, algo que vale la pena comprender y que respondería a nuevas preguntas posibles: ¿qué han de saber los ignorantes, qué han de ignorar los sabios para que se cumpla la magnífica profecía del poeta? Posibles respuestas: sabrán los ignorantes que lo que debe saberse es andar por la vida prudentemente, apostando por el bien y la verdad; y lo que van a tener que aprender los sabios es a ignorar -cuando la vida se los pida- tanta información, tanta ciencia, tanto conocimiento claro y distinto, tanta certeza... y así poder estar más cerca de merecer el nombre de sabios...

Esta dialéctica sutil entre sabiduría e ignorancia parece haber sido ya planteada en el siglo II de nuestra era cristiana, cuando Luciano de Samosata echa a rodar en uno de sus Diálogos la palabra griega “moorósophos”, con la que describe al “neciosabio” (pues el griego “mooros” se traslada al latín como “ne-sciens” -“no-instruido”- y llega al castellano como “necio”).

Cuando a mediados del siglo XV, en la compleja transición hacia la modernidad, Nicolás de Cusa retoma la cuestión, escribe -entre otras obras sobre el tema- su Idiota De Sapientia, en español: un ignorante discurre acerca de la sabiduría. 4 Y aquí vale una aclaración: ese término latino “idiota” corresponde al griego “idiootes”, con o larga (omega) y no al “idiotes” con o corta (ómicron) que fue el que se aplicó a los primeros filósofos por ser peculiares, raros, extraños... “Idiootes”, en cambio, designaba al rudo, ignorante, necio.

El texto, excelente ayuda para seguir comprendiendo, propone el diálogo entre un Orador y un Ignorante en el que el autor (un intelectual filósofo y teólogo, además de sacerdote y místico...) quiere explicitar su convicción de que la verdadera sabiduría puede brotar de la palabra del iletrado; y que lo que más aleja de ella son la arrogancia y la vanidad. Lo dice claramente el Idiota a poco de comenzado el diálogo: “esta es, quizá, la diferencia entre tú y yo: tú te juzgas conocedor no siéndolo; de allí que te ensoberbezcas. Yo, en cambio, me reconozco ignorante; de allí que sea más humilde. En esto, quizá, soy más docto”.

A partir de ese preámbulo, el autor desplegará los avatares de una conversación llena de paradojas desafiantes, profundizando en el sentido de la palabra sabiduría -y en sus lazos con el sabor y el gusto-, acudiendo a veces a complejas intuiciones matemáticas, asomándose a los misterios más luminosamente enceguecedores de la fe...

Y cerrará el círculo afirmando, en el último parágrafo: “la sabiduría no reside en el arte oratoria o en grandes volúmenes... Una vez gustada, serán de poco valor para ti todas las cosas que ahora te parecen grandiosas, y te volverás humilde...”. La humildad del que sabe cuánto ignora. Sabio verdadero, ignorante sabio. Ojalá comprendamos...

© LA GACETA

* Publicado originalmente en 2003.

NOTAS:

1.- “Himno a los voluntarios de la República”, en Poemas humanos. España, aparta de mí este cáliz, ed Losada, Buenos Aires, 1961.

2.- Liddell & Scott, Greek-English Lexicon, Clarendon Press, Oxford, 1896.

3.- J. Ferrater Mora, “Sócrates” en Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1982, tomo 4.

4.- Edición Eudeba, Buenos Aires, 1999. Traducción, introducción y notas de Jorge M. Machetta y Claudia D?Amico.

PERFIL

Julia Alessi nació en 1930 en Buenos Aires. Licenciada de Filosofía egresada de la UBA con medalla de oro, fue profesora titular de Historia General de la Cultura y de Introducción a la Filosofía en la UNT. En 1988-1990 fue directora del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras. En la Unsta enseñó Historia de la Cultura. Asidua colaboradora de LA GACETA Literaria, publicó artículos sobre antropología, teología y filosofía contemporánea. Murió en Tucumán, el martes pasado.

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