
La gente del PAMI anuncia con bombos y platillos que los afiliados podemos elegir con qué médico tratarnos o a qué sanatorio recurrir, de los que figuran en la cartilla que proporciona la institución. Pero no todo es tan sencillo como parece. Al asistir al consultorio se plantea el primer problema: el turno es de un mes, más o menos; pero de inmediato nos aclaran: “si paga la consulta se lo puede atender este mismo día o al siguiente”. Esta práctica es vergonzosa y con esto tenemos que lidiar. Yo, cansado, próximo a los 82 años, siento vergüenza ajena, no por los médicos ni por los sanatorios, sino por el PAMI, que debió prever estas situaciones o, si no supo hacerlo, por lo menos tomar medidas para que esto no siga pasando. El médico que atiende a quienes pertenecemos al PAMI debería llenar una declaración jurada en la que acepta hacerlo de acuerdo a lo que el PAMI determina y no recurrir a subterfugios y chicanas que envilecen a cada profesional. O, directamente, que no acepte atendernos a nosotros, que pagamos ininterrumpidamente para jubilarnos y gozar merecidamente cada día que nos quede por vivir, no para sufrir inmerecidamente los embates de lo que está corrompido. Yo quisiera entrevistar al titular del PAMI para sugerirle, a partir de mis años de experiencia, alternativas para acceder a una mayor eficacia en lo que se refiere a prestaciones. Creo que no todo está perdido mientras tengamos voluntad, lucidez y la mejor de las actitudes humanas.
Héctor Leonardo Bravo
hectorbravo1940@hotmail.com







