Aviso de la UCR a Macri y al PRO

Si toda la oposición, y hasta increíblemente sectores del propio oficialismo nacional, está convencida de que los comicios del 23 son un mero trámite para llegar al poder, se entiende que Macri se anote en esa carrera; e incomode a los del PRO que sueñan con la presidencia como Rodríguez Larreta y Bullrich. ¿Por qué regalarle la chance a los que crecieron a su sombra? Pensará en una reivindicación y en que después de su fracasada gestión presidencial -que lo llevó a su derrota, más que la juntada de todo el peronismo- se le abre la puerta a un regreso triunfal. Tal vez más, supondrá que los radicales volverán a ser el furgón de cola del macrismo para encarar su nueva aventura.

En ese marco se debería analizar la convención nacional de la UCR del viernes en La Plata, ya que su pronunciamiento pareció decir basta de Macri y que llegó el tiempo de la revancha política. Cuando el plenario apuntó que Milei es el límite y que no tiene el visto bueno de los correligionarios, lo que los radicales hicieron fue advertir que en el juego que se viene, Macri va a tener que irse de Juntos por el Cambio si sigue insistiendo con el libertario.

La UCR, de alguna forma, anticipa cuál es la línea de acción a seguir, a la vez que le traslada la resolución del conflicto interno que genera Macri a sus socios del PRO. Porque en el documento de la convención se ratifica la permanencia en la coalición opositora, pero se alude a coincidencias programáticas. Y los radicales simpatizantes de Alfonsín, principalmente -que no tenían ninguna afinidad con Macri-, y otros referentes actuales de la UCR no ven nada en común con el economista liberal. Correrlo del cuadro fue una necesidad con doble intencionalidad.

Ya antes de dejar su misión como titular de la convención Jorge Sappia le tiró munición gruesa al ex presidente. Dijo que aquel quiere romper con Juntos por el Cambio porque está desesperado por aliarse con Milei. Pero señaló algo más, se hizo cargo de un cuestionamiento que regularmente asoma entre los radicales: apuntó que fue un error de la UCR asociarse al PRO -por aquella decisión de la convención de Gualeguaychú- ya que no tienen puntos en común.

Lo que por ahora los une es el objetivo de desplazar al Frente de Todos del poder, y no ven otra forma que hacerlo juntos, única garantía de éxito electoral. Sí hay que detenerse en un aspecto que va a tener incidencia el año entrante: el valor de las coincidencias ideológicas de los integrantes de los frentes electorales, porque la apuesta a armar coaliciones electorales sólo para ganar a cualquier costo será observada con desconfianza por el ciudadano que debe ir a votar para elegir quién le puede cambiar la vida para mejor.

Y las dos últimas experiencias, la de Cambiemos en 2015, por cómo terminó, y la de 2019, porque anda a los tumbos, no son buenos antecedentes como para insistir en sufragar por fórmulas circunstanciales que a lo largo de la gestión exponen que no hay una misma mirada interna sobre cómo desarrollar el gobierno, provocando crisis en el poder con efecto en la gobernabilidad. De 2015 a 2019, el radicalismo no tuvo peso porque el macrismo no le dio espacio en la mesa de las decisiones, quedando relegado a un segundo plano. Como lo refirió irónicamente un correligionario capitalino: pareció que se incorporaron a Juntos por el Cargo.

La Convención de La Plata dio un paso distinto a la de Gualeguaychú -que entrampó a la UCR-, para tratar de evitar que se repita esa experiencia electoral, y para que el partido de Alem e Yrigoyen lidere la coalición e imponga un candidato a presidente en 2023.

En el artículo 3 del documento que se elaboró en La Plata se establece que se intentará ampliar la coalición con otras expresiones políticas, nacionales y provinciales, y remarca algo fundamental de cara a los tiempos que se vienen: los partidos a incorporarse deberán tener coincidencias programáticas con el plan de gobierno de la coalición. Algo así como decir M&M marginados, Macri y Milei fuera del radar.

Candidatos a presidente en el radicalismo, como en el PRO, hay varios: Morales, Cornejo y Facundo Manes, quien resultó el gran ganador del plenario radical al imponer a su hermano, Gastón Manes (foto), como presidente de la Convención. Si bien los principales dirigentes consensuaron la integración de la mesa, el hecho de que la encabece su hermano, para Manes es una inmejorable carta de presentación -y consolidación- para justificar sus aspiraciones presidenciales. Es un político antigrieta, que identifica a la división de los argentinos como uno de las causas del fracaso y la postergación del país. En esa dirección parece que tira líneas a la zona mediterránea, a cordobeses peronistas como Schiaretti.

Además, algunos vieron en una de las fotos en las que apareció Manes con la senadora santafesina Losada una posible fórmula radical. Falta mucho, lo concreto es que la UCR parece que pretende enmendar el error de Gualeguaychú o por lo menos anticipar que va a negociar los espacios desde otra posición de fuerza.

En el PRO deben estar tomando nota de la resolución radical, porque no es que se hayan pintado la cara para salir a dar pelea interna y amenazar con romper la alianza opositora, sino que han resuelto jugar otro rol, más digno, y con otro marco de referencia: uno programático. Asoma un tiempo en el que para superar los desencuentros internos y, por consiguiente, los fracasos de gestión, se deberá apuntar a los rasgos políticos comunes e ideológicos que se esconden detrás de la frase de “coincidencias programáticas”. En ese sentido, poco tiene el radicalismo de común con el PRO y menos con el libertario. Lo dejó claro el viernes.

¿Cómo puede repercutir esta situación en Tucumán? De hecho que, cuando se definan las precandidaturas presidenciales, habrá reacomodamientos que no sólo influirán en la vida partidaria de la UCR sino en Juntos por el Cambio.

A la Convención nacional acudieron varios dirigentes radicales tucumanos, cada uno con su corazoncito, aunque coincidieron con la decisión final de consolidar la presidencia de Gastón Manes. Sin embargo, José Cano está con el jujeño Morales, Moisés García -hijo de Ariel García-, fue con un mandato boina blanca de apostar por los hermanos Manes, con lo que anticipa por donde se volcará este grupo cuando avance el proceso electoral en Juntos.

Silvia Elías de Pérez estaría más del lado de Morales, aunque en su espacio no muchos coincidirían ya que algunos simpatizan con Manes.

¿Aspirará la UCR local a liderar la coalición en Tucumán, tal como se comunicó a nivel nacional? En el plano nacional el debate también es de fondo porque avanza sobre cuestiones ideológicas y programáticas -por más que le pongan apellido a quien no quieren ni cerca-, mientras que en Tucumán la pelea, por el momento, se circunscribe a dos nombres: el radical Roberto Sánchez y el peronista del PJS Germán Alfaro.

Ambos están lanzados en la carrera por la gobernación y, hasta ahora, hay coincidencia en ese espacio opositor en cuanto a que ambos deberían integrar la fórmula gubernamental; restaría resolver la ubicación. De los dos, fue el intendente capitalino el que desafió al otro a hablar sobre qué visión tiene sobre la provincia que quiere. De esta manera, Alfaro pone en el tapete algo que la UCR a nivel nacional expone: la necesidad de priorizar las cuestiones programáticas, o visiones de gobierno; algo clave a la hora de presentarse como opción de poder y de cambio en Tucumán. Recuérdese que el jefe municipal alguna vez cuestionó, en ese sentido, al diputado nacional radical, al decir que “no habla” respecto de lo que piensa sobre Tucumán.

A nivel nacional, además, parece que las fuerzas políticas tratarán de dejar de lado el hecho de juntarse sólo con objetivos electorales para privilegiar la propuesta conjunta, común, y responder a la mirada crítica de la sociedad sobre estas fórmulas de ocasión -y hasta oportunistas- destinadas a fomentar la grieta para obtener un resultado sin pensar en lo que viene después de acceder al poder.

¿Nació el temor de que el votante se detenga a observar con ojo crítico y analítico más allá de los nombres y de las ganas de oponerse al otro sólo por oponerse, y que prefiera ahondar en lo que se le proponga para asegurar el bienestar general? Fomentar la grieta sin propuestas viene siendo un negocio, un modo de hacer política que les redituó a las dos grandes coaliciones nacionales, tanto a Cambiemos en su momento como luego al Frente de Todos.

Hubo radicales que se taparon las narices respecto de Macri y pudo más su rechazo al peronismo para respaldarlo. En el justicialismo se juntaron los extremos a instancias de una fórmula armada y propiciada por Cristina, que puso al frente del binomio a un peronista moderado, del perfil que más prefería entonces la ciudadanía. Y lo votaron. Ayer, justamente, Alberto dijo que el día que se dividieron, Macri les ganó.

Hoy esa alquimia electoral está generando crisis internas en la gestión de gobierno por el choque de intereses y visiones sobre lo que hay que hacer y como. Una pulseada que favorece el optimismo electoral de la oposición. Lo de Cristina al elegir a Alberto Fernández se asemeja a lo que deslizó alguna vez Carlos Menem: si decía lo que iba a hacer no me votaban. Lo de la vicepresidenta fue por allí: si no me ocultaba no me votaban.

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