La política mira de reojo la interna de ATEP

Parece una interna gremial con las características del siglo pasado, conflictiva, tensa, cruzada por intereses políticos, y hasta es posible que concluya en la Justicia. Nos referimos a ATEP, cuyo proceso electoral está siendo poco menos que curioso, y puede resultar escandaloso. El domingo pasado hubo elecciones para renovar la conducción del gremio docente y ganó la oposición aprovechando la fractura del oficialismo en varias listas. Hugo Brito, el candidato a secretario general que se impuso, pasó la semana exponiendo en los medios sus planes de gestión; sin embargo, el viernes, la junta electoral anuló los comicios y anunció que dará a conocer un nuevo cronograma.

El final más factible es la llegada a los tribunales para suspender el nuevo trámite electoral y para que se reconozca la legitimidad del triunfo de la lista “Dorada, Verde, Celeste y Naranja”. Tamaña expresión multicolor indica que, a diferencia del quiebre oficialista, la oposición terminó juntándose para la votación. También podría inmiscuirse el Ministerio de Trabajo de la Nación y resolver la crisis sindical, ya sea poniendo blanco sobre negro -dando la razón a una de las partes-, o bien, si todo se desmadra, llegando hasta intervenir a la organización de los maestros. Claro, es una alternativa extremista, y que no es usual.

Es que en menos de una semana, la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales pasó de ser noticia porque una agrupación interna puso fin a un largo periodo de conducción a manos de David Toledo, de 14 años, a llamar nuevamente la atención por la nulidad de la votación.

Además, por cuerda separada, la política provincial también metió la cola y estuvo observando con atención el proceso interno; ahora mira con expectativas el desenlace de este conflicto sindical. Porque hubo intereses contrapuestos en cuanto a respaldos y simpatías por alguna lista hasta en la propia Casa de Gobierno, donde el jaldismo celebró en silencio el resultado porque, colateralmente, implicaba una derrota que afectaba al ministro de Educación, a quien ven más próximo a Toledo.

Como se recordará, Jaldo tuvo cruces y una mirada crítica sobre la gestión de Lichtmajer durante su enfrentamiento con Manzur en el PJ, y que finalizó con la interpelación del ministro. Sobre este episodio puntual en la Legislatura difieren los análisis de Toledo y de Brito; mientras el primero sostuvo que el ministro respondió absolutamente todo -en un explícito aval a la presentación del colaborador de Manzur-, el segundo consideró que ese día Lichtmajer se burló de los docentes. ¿Miradas enfrentadas o intereses contrapuestos? Desde el jaldismo sonrieron por el triunfo opositor. Hasta un funcionario de la Casa de Gobierno -no precisamente del grupo del tranqueño- llamó por teléfono al ganador para felicitarlo por su victoria.

Estos contactos informales deben entenderse, más que nada, porque el Ejecutivo necesita un año electoral sin conflictos sindicales, ni protestas en la calle que dañen la imagen del oficialismo, menos viniendo de un gremio cuyos afiliados tienen un reconocido perfil de lucha gremial. Casualmente, hace unos días se conoció un informe que justifica las previsiones de las autoridades provinciales: revela que en Tucumán -desde 1983 a la fecha- los alumnos pierden en promedio 32 días de clase por año a raíz de las medidas de fuerza del sector docente.

Otro elemento a tener en cuenta en esta historia: durante la pelea de 2021 por el liderazgo en el justicialismo, antes de las primarias abiertas, Brito y una treintena de maestros se reunieron con el vicegobernador en la sede de la Legislatura. Ocurrió un 27 de julio y fue Jaldo quien difundió el encuentro por las redes sociales, remarcando que se entrevistó con representantes de la agrupación “Isauro Arancibia”, que encabezó el docente.

Como ocurrió en pleno enfrentamiento entre el gobernador y el vice, rápidamente se enmarcó esa reunión en el proceso interno del PJ, entendiéndose como si fuera un alineamiento político del grupo docente. No podía ser de otra manera pues ambos lados cuestionaban, por diferentes motivos, a Lichtmajer. Los unió el mismo adversario.

La historia siempre se repite

Al margen de los intereses políticos en pugna, el hecho significativo de los comicios de los docentes fue la victoria de la oposición sobre el oficialismo, tras 14 años de gestión de Toledo, pero cuya ascendencia en la organización va un poco más atrás en el tiempo, si es que se considera que ingresó a ATEP acompañando como adjunto a César Américo Zelarayán, allá por 1989.

Aunque debe se aguardar cómo se resuelve finalmente la interna, si es por la vía gremial -con nuevas elecciones- o la judicial; hay que detenerse un momento en la forma en que ganó aquella oposición de los ochenta, ya que es exactamente la misma con la que triunfó la lista multicolor de Brito.

Es que el oficialismo se fragmentó en ambas oportunidades facilitando las victorias opositoras. En 1989, los que conducían ATEP desde el 83, el peronista Héctor Raúl Núñez y el democristiano Lauro Herrera, fueron en listas separadas y el tercero en discordia, el radical Zelarayán, terminó imponiéndose y desplazándolos del sindicato. Vaya una rareza: los votos sumados de las nóminas de los dos ex socios superaban al adversario que los derrotó. Casualmente es lo mismo que ocurrió el domingo pasado, ya que los votos de las listas en las que se dividió el oficialismo (Toledo, Luis Zelarayán -sería sobrino del “profe”- y Marcelo Véliz) superaban ampliamente los que consiguió el peronista Brito. Este quiso hacer carrera política, presentándose como candidato a comisionado rural en San Pablo, pero no le fue bien en la incursión.

A la hora de ver los nombres y sus simpatías partidarias en ATEP, la política hace de las suyas, ya que Zelarayán, por ejemplo, es concejal en Concepción, cargo al que llegó por Vamos Tucumán, ingresando como el edil número 12, tras aplicarse el sistema D’Hont. Hasta se comentó durante el proceso electoral que el aspirante a la conducción del sindicato docente contaba con el respaldo explícito del diputado nacional radical Roberto Sánchez.

Manzuristas por un lado, jaldistas por el otro, radicales en su propia salsa; un combo que evidencia cuán importante es la interna de ATEP, y cuánta implicancia tiene que gane uno u otro.

La anulación de la elección, si bien fundamentada por la junta electoral, no parece tan contundente como para justificar que todo vuelva a fojas cero; aunque eso puede quedar en manos de la cartera laboral o de la Justicia, si es que finalmente la oposición victoriosa resuelve acudir mañana a los tribunales. Por de pronto, el organismo fiscalizador frenó la proclamación y la asunción de los electos y mañana daría a conocer un nuevo calendario electoral. Esto es lo que provocó disturbios el viernes a la noche en la sede gremial de San Lorenzo al 400, donde los opositores chocaron con la Policía cuando intentaban hacer su descargo ante la junta electoral cuestionando la anulación. La impugnación sobre la que se basó la junta fue presentada por la lista que salió cuarta, y que reunió un poco más de 700 sufragios.

Otro hecho que vincula la elección de ATEP del 83 con la de 2022 es la presencia de un apellido: Arancibia. Italia Arancibia integró la lista que encabezaba Núñez aquel año como adjunta, y ahora en la lista de Brito aparece como congresal jubilada. Se dice que la familia Arancibia autorizó a Brito a usar el nombre de “Isauro Arancibia” para identificar la agrupación interna. Isauro Arancibia supo liderar ATEP y el 24 de marzo de 1976, él y su hermano Arturo René fueron asesinados en la sede del gremio. “Arancibia era un dirigente que vivía pura y exclusivamente para el gremio. Él vivía allí, tenía una habitación donde dormía muy humildemente. Había una cama, una mesa de luz, libros, revistas y diarios por todos lados”, supo recordar el periodista Tulio Dardo Barcala. Brito, por este hecho histórico, refiere que como agrupación docente han dialogado con diferentes expresiones políticas, menos con el bussismo.

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