EN LA MISA. Monseñor José Antonio Díaz se dirigió a los fieles católicos.

Terminada Semana Santa con la Resurrección de Jesús el domingo, se abre ahora el Tiempo Pascual que se prolonga por 50 días y concluye en Pentecostés, el 5 de junio.
Durante este lapso, los católicos mantienen presentes los postulados bíblicos y realizan diversos actos de contrición y servicio, como la devoción de la Divina Misericordia el próximo domingo.
Para acompañar este proceso y, además, celebrar la Resurrección, el obispo de Concepción, monseñor José Antonio Díaz, compartió sus pensamientos con la grey católica tucumana.
“Hemos llegado al punto central de toda nuestra fe. Para esto nos hemos estado preparando durante la Cuaresma. Y durante todo el año estaremos actualizando el misterio Pascual. Esto nos llena de esperanza en medio de tantas dificultades que tenemos que afrontar en la vida cotidiana, en la vida social, en nuestro país y en el mundo”, sostuvo.
El prelado aseveró que “Jesús nos invita a levantar la mirada y a descubrir ese horizonte luminoso que Él nos muestra”. “El sepulcro esta vacío. Jesús ya no está allí. Él está caminando con nosotros, pero en cada hermano necesitamos descubrir al Jesús Vivo. Al que camina con nosotros, pero transforma la historia con nosotros”, añadió.
“Los invito a que hagamos la experiencia de una vida nueva, una vida luminosa, una vida llena de paz. A ser constructores de la Paz en medio de una situación de guerra. A ser constructores de armonía en medio de tantas divisiones. Que podamos nosotros como familia dar testimonio de que otro mundo es posible. Que esta Pascua sea para nosotros una oportunidad de renovarnos profundamente”, resaltó.
Ortodoxos
En tanto, los ortodoxos vivirán en estos días su Semana Mayor, desplazada siete días del calendario romano. En la Parroquia Asunción de María Santísima (Maipú 567) el 21 se conmemorará el Jueves Santo a las 20 con el oficio de la Pasión de Cristo y lectura de los 12 Evangelios y al día siguiente será el oficio del funeral de Jesús y canto de las lamentaciones, para continuar en los días sucesivos con diferentes propuestas religiosas.







