
¿Cuántas familias están dispuestas a levantar a sus hijos antes de las 6 para que ingresen a las 7 de la mañana a la escuela, con la inseguridad en las calles y el cambio que eso provocaría en las rutinas? ¿Qué sucedería con aquellos docentes que usan el horario de 12 a 13 para viajar de una unidad educativa a otra, pues con una jornada simple no les alcanza para vivir? ¿Quién se haría cargo de la seguridad jurídica, pues hay que modificar los contratos con las ART (aseguradoras de riesgo del trabajo)? Lo mismo con seguros y planes de emergencias médicas que los establecimientos tienen contratados para proteger a la comunidad educativa y que definen horarios y actividades específicas. Creo, por mi parte, que la alternativa más viable es que las escuelas abran los sábados, con docentes nombrados “ad hoc” y con el consentimiento de las familias. Esta modificación es un parche, jueguito para la tribuna, si las familias siguen viajando de vacaciones durante el período lectivo, o si los alumnos se van de viaje de egresados en cualquier fecha, o si se siguen perdiendo días por UPD (último primer día), UUD (último último día), UDV (último día de vacaciones de invierno) y todos los últimos días que se seguirán inventando. Consultar a las familias (encuestas escolares, un teléfono, mail o página específica para contestar), recibir el apoyo de los sindicatos -que no se negarían a que sus docentes trabajen y mejoren sus magros sueldos- son condiciones que deben acompañarse con reformas de fondo reglamentarias en sistemas de acreditación y promoción, y en el régimen de asistencia.
Miguel Ángel Reguera
miguelreguera@yahoo.com.ar







