

Muy buena e ilustrativa la columna de Roberto Delgado (“Entre la sed y la inundación”, 20/03) referida a problemas mundiales –poco conocidos- sobre inundaciones y hundimientos de territorios por un lado y extracción del agua potable con perforaciones por otro, pero todo ello con una interesante comparación en relación a lo que sucede en esta provincia. Tucumán padece desde hace algunas décadas problema de inundaciones en el sur del territorio y por otro lado sufre con falta de agua (o baja presión) en los alrededores de la ciudad capital. A esto me interesa referirme y viene a mi memoria, cuando en 1958-59, funcionarios técnicos que acompañaban a ese gran gobernador que fue Celestino Gelsi, le advirtieron que -por el crecimiento demográfico- gran parte de la ciudad no iba a tener agua potable, pues la viejísima toma sobre el río Vipos ya era insuficiente para abastecer a toda la capital. Con el ímpetu que lo caracterizaba, más su rápida comprensión del problema, lo hicieron mover cielo y tierra para construir el dique El Cadillal, cosa que logró, y así la ciudad tuvo un gran alivio durante décadas. Pero el crecimiento poblacional no se detuvo y ahora nos encontramos con algo parecido, aunque mitigado en parte por la enorme cantidad de pozos perforados en los alrededores de la ciudad, cuya cifra es de 460 pozos según la columna de Delgado. Es decir, un tipo de solución que no repara en el costo que significa extraer un metro cúbico de agua con bombas accionadas por energía eléctrica, con el agravante si se corta la energía, no sale agua (SAT vs EDET). ¿A qué viene todo esto? A recordar que hace unos 20 años (creo fue en el 2002) asistí a la presentación del proyecto sobre el dique Potrero de las Tablas, en el río Lules, cuando el conocido profesional autor del mismo (y con maqueta incluida) explicó detalladamente los pormenores del mismo y enfatizando que podía abastecer de agua a San Miguel de Tucumán y a Lules, e incluso alcanzaba para sumar hectáreas de regadío al corazón del área cañera. Es decir, algo bastante parecido a lo mencionado en El Cadillal, pues este también permitió extender bastante el riego en el área cañera del Dpto. Cruz Alta y además asegurar el suministro de agua a los 4 ingenios de la zona. Como vemos, situaciones casi similares para lograr una solución de fondo. Lamentablemente desde aquella fecha, no volví a escuchar nada, no leer nada sobre el proyecto del dique Potrero de las Tablas. Desconozco dónde fue a parar el mismo ni tampoco aparecieron objeciones. Tal vez sea necesario rescatar al mismo y comprobar la certeza de los objetivos como fue concebido. Pensar en forma razonable y con sentido común como lo hizo Gelsi en su momento, no estaría mal, pues no era un experto en cuestiones hidroenergéticas. La iniciativa del dique que comento ahora me pareció buena, pero no entiendo el misterio posterior. En síntesis, los funcionarios del área hídrica deberían plantearse tres cosas: a) interesa o no la obra, b) es viable o no y c) beneficiaría a la población o no.
Franco Augusto Fogliata
peperinomax@hotmail.com







