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Pasado el sorteo, la locura mundialista aflojará algunos meses. Qatar, si le quedaban dudas, experimentó ya qué es estar en el centro del mundo. Lo sabía. Por eso apostó duro para quedarse con la Copa 2022 de la FIFA. Pasó el FBI. La nueva FIFA, Estados Unidos y sus vecinos del Golfo petrolero presionaron y llegaron inclusive a un boicot exigiéndole que compartiera la fiesta. Qatar dijo no. Se plantó. “Lo ganamos en votación en 2010, resistimos al FIFAGate y el Mundial es nuestro”. Fueron aisladas las voces que esta semana recordaron que Qatar compró esa sede (¿no habían hecho otros lo mismo antes?) y que su régimen autocrático no respeta los derechos humanos. Ya está. El mundo seguirá posando sus ojos en Qatar. Y Qatar deberá cuidarse para no complicar el plan. Pero el sorteo del viernes pasado confirmó que nada detendrá su Mundial. Y que será un Mundial distinto a cualquier otro.

La primera Copa en el mundo árabe será distinta no sólo porque se jugará en noviembre-diciembre y porque los estadios están casi todos juntos. Lo será también porque será la última de los dos grandes monstruos del fútbol de estos tiempos. Todo bien con Cristiano Ronaldo, pero nos importa el nuestro. “Leo” Messi. “No podemos dejar de ser favoritos si tenemos al mejor del mundo”, dijo el “Dibu” Martínez. Messi tal vez siga haciendo cosas que otros no pueden hacer. Pero no es exactamente hoy el mejor del mundo. El mejor que tal vez debió ser reconocido en la última temporada, el polaco Robert Lewandowski, será justamente rival en la primera fase, según lo estableció el sorteo del viernes. Y quien hoy sí aparece como el jugador más desequilibrante del mundo, el francés Kylian Mbappé, podría ser rival en octavos si algo falla en los cálculos de la primera rueda. Porque Argentina debería terminar primera en su grupo. Y Francia también. Y así evitarse en octavos, como no pudo ser en Rusia 2018, Mundial olvidable para el corazón albiceleste.

Está claro. Los partidos hay que jugarlos y el fútbol, por suerte, sigue ofreciendo sorpresas. Pero Argentina casi no podría haber tenido un debut más accesible que el de Arabia Saudita. Es cierto que es vecino de Qatar, a 80 kilómetros en la frontera, y que tendrá mayoría en el estadio Lusail. Es cierto que domina en la región y ha hecho allí una defensa y un arco casi inexpugnable. Y es cierto que Al Hilal, el equipo de Ramón Díaz, base de la selección, le ofreció batalla a Liverpool en el último Mundial de Clubes. Pero todos los especialistas coinciden en que si Argentina le impone su ritmo y rigor físico debería luego imponer también la mayor jerarquía individual de sus jugadores. Distinto podría ser si en cambio la Selección deja jugar al rival. Arabia sabe con la pelota (vieja influencia brasileña) y, entonado, puede provocar problemas.

México es una historia aparte. Nos ha complicado en Mundiales anteriores y siempre pasó de primera fase. Pero le está faltando desequilibrio individual. Y será una de las selecciones que tal vez más sufrirá el período de nueve meses que faltan para el comienzo del Mundial. Porque el “Tata” Martino (su DT argentino), si bien apoyado por Federación y jugadores, sufre dura resistencia de prensa y colegas (es extranjero y muchos miran con simpatía que un mexicano ocupe el puesto). Y la presión crece a medida que la salud del “Tata” aparece complicada por el desprendimiento de retina que obligó a operaciones y a faltar en partidos importantes. Y, lo más importante, claro, la selección tiene un juego irregular, especialmente en los últimos partidos.

Así las cosas, veo a Polonia como el rival más duro. Clave, según cómo se llegue, para ganarle en el último duelo del grupo y asegurar así el primer puesto que evitaría luego a Francia en octavos (siempre y cuando Mbappé y los suyos cumplan su deber y terminen primeros). El DT brasileño Tite dijo tras el sorteo que si a nosotros sudamericanos nos está faltando jugar contra europeos para medir poderío real, pues bien, lo mismo le sucede a Europa. Le falta medirse contra Sudamérica. El problema, omitido por Tite, es que Europa domina los Mundiales desde hace veinte años. Ha dominado inclusive semifinales. Es decir, los que debemos medir mejor si esa superioridad persiste somos nosotros, no ellos. Es cierto que Brasil y Argentina, líderes de la región, parecen llegar a este Mundial mucho mejor que al de Rusia. Querríamos que el Mundial comience ya.

La ceremonia del viernes en Doha, de organización impecable, nos confirmó algo: que Diego Maradona seguirá bajo el recuerdo eterno del fútbol. Apareció en los videos más que Messi. Reflejo de que a “Leo” los Mundiales le han costado. La conquista de la Copa América de Brasil alivió una mochila que ya era demasiado pesada. Pero tiene 34 años. Tiene más edad. Pero también está más liviano. El que luce sólido es el equipo. Eso es lo que más debería importarnos. Fortalecer esa solidez. Importarnos más que Arabia, México, Polonia y los que, eventualmente, sigan a partir de allí.

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