Los accidentes en un tránsito caótico

El fin de semana pasado, el accidente registrado en la avenida Perón, de Yerba Buena, generó conmoción en la sociedad. En cuestión de segundos, un choque les costó la vida a dos jóvenes que transitaban en moto. “Increíble” e “inexplicable” fueron dos palabras empleadas por quienes pasaban por la zona. Si el incidente podría haberse evitado lo revelará la investigación. Aunque hay muchos siniestros que son imprevisibles, los expertos coinciden en que la gran mayoría se puede prevenir.

En Tucumán los accidentes son la primera causa de muerte entre los menores de 35 años, hay miles de heridos cada año y numerosas personas quedan con discapacidades, a lo que se asocian millonarias pérdidas económicas. Por esto urge tomar nuevas medidas que ayuden a bajar la cantidad de siniestros.

Basta circular por calles, avenidas o rutas para darnos cuenta de que en Tucumán se maneja mal y sobran las infracciones: ciclistas y motociclistas pasan semáforos en rojo, automovilistas aprietan demasiado el acelerador o no dan señales de las maniobras; muchos miran el celular mientras conducen, otros transitan sin cinturón o casco. Son solo algunos de los peligrosos comportamientos que traen aparejadas trágicas consecuencias.

Los especialistas coinciden en un punto: después de dos años de restricciones por la pandemia, los conductores están más ansiosos, más agresivos y respetan menos las normas de tránsito. Las consecuencias, afirman, irán en contra de la baja en la cantidad de siniestros mortales, un logro alcanzado en los últimos dos años de pandemia.

Las estadísticas elaboradas y difundidas por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) muestran que los accidentes han disminuido en 2020 y en 2021. Seguramente esto ha ocurrido como consecuencia de las restricciones en el marco de la crisis sanitaria.

Antes de decretarse el aislamiento social y preventivo por la pandemia, a lo largo de 2019 se registraron 283 siniestros fatales en la provincia. Un año después bajaron a 208 (27% menos) y en 2021 fueron 214 (casi un 24% menos). Pese a estas bajas, Tucumán mantuvo el cuarto puesto entre las provincias con más accidentes y víctimas mortales.

Que los accidentes mortales se hayan reducido es, sin dudas, un dato que debe servirnos para repensar algunas prácticas relacionadas con la seguridad y la educación vial.

Para empezar, debemos reflexionar como sociedad: movernos en espacios comunes presupone el respeto a las normas de convivencia. Cuando lo que está en juego son las vidas, las picardías y los egoísmos no pueden tener lugar.

Asimismo, corresponde a las autoridades poner en vigencia una legislación de tránsito más rigurosa y adoptar nuevas formas de control. Desde hace más de 12 años está aprobado en nuestro país -pero nunca se implementó- el scoring, o carnet por puntos, un sistema que en muchas partes del mundo ayudó a bajar las tasas de accidentes.

El año pasado, la Secretaría de Transporte provincial anunció que pondría radares para medir la velocidad y detectores de luces bajas encendidas en rutas, entre otras medidas que tampoco se desarrollaron. Las campañas de educación vial, por otra parte, son insuficientes. Debemos tomar conciencia de que las reglamentaciones no son una forma de autoritarismo. Por el contrario, son medidas que salvan vidas.

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