Adolescencia: cinco errores que nos impiden empatizar con nuestros hijos

"Ningún adolescente se forma de una día para el otro. Todo lo que les enseñamos desde chiquitos, son antecedentes de lo que vendrá luego", explica una especialista.

ADOLESCENCIA.  Un período en el que no es fácil sintonizar con nuestros hijos. ARCHIVO LA GACETA ADOLESCENCIA. Un período en el que no es fácil sintonizar con nuestros hijos. ARCHIVO LA GACETA
Soledad Nucci
Por Soledad Nucci 18 Marzo 2022

Vemos una de foto de él o ella, a sus tres años, y no podemos evitar sentir el nudo en la garganta. ¿En qué momento creció? ¿Dónde quedó aquel o aquella bebé? ¿Cómo hacemos para seguir dándole un montón de besos? ¿Por qué prefiere la soledad de su cuarto? ¿Por qué vive de malhumor? ¿Por qué nos contesta a todo lo que le decimos? La adolescencia es -harto sabido- la etapa más desafiante de la crianza. A menudo, madres y padres se sienten desconcertados. "Debemos aceptar que nuestro hijo haya crecido casi sin darnos cuenta. Y que necesite volar sin nuestra mano", dice, con absoluta simpleza, la psicóloga Mariana Mencarini, especialista en niños y adolescentes.

"Si recién a los 15 años queremos empezar a poner limitaciones, será muy difícil que sean cumplidas".

Aunque aún es madre de dos infantes, su experiencia profesional en ese rango de edad le da autoridad para mencionar, durante una charla con este diario, cinco errores comunes que nos impiden conectar con nuestros hijos. El primero es esperar que mantengan el control de sus emociones. Luego, menciona otras equivocaciones: querer que piensen o actúen como nosotros; no entender su necesidad de independencia; creer que la mejor manera de aprender es castigándolos y suponer que no necesitan muestras de cariño.

- ¿Los adolescentes saben identificar sus sentimientos, ponerlos en palabras y administrarlos?

- Nunca podemos esperar que sean capaces de controlar sus emociones. Las emociones no se controlan. Sí debemos intentar que puedan identificar qué es lo que sienten y actuar en consecuencia. En este escenario, el ambiente familiar debe permitir que aparezcan las diferentes emociones sin que sean censuradas. Eso se logra con mucho diálogo. Los adultos tenemos que estar muy atentos a lo que decimos, lo que juzgamos y lo que permitimos. Ese será el lugar de inicio en el que ellos puedan expresarse, sin sentir que algo de lo que digan se les pueda volver en contra.

- ¿Cómo hacemos para estar a su lado si parece que quieren estar siempre solos?

- Nuestros hijos siempre nos necesitan. Ni pegados ni encima. Simplemente, cerca. Aunque nos digan todo lo contrario, los adultos somos sus pilares. Y esto no se logra de un día para el otro. Sólo a través de los años van desarrollando en nosotros figuras de confianza. Y la referencia más importante serán nuestras actitudes y conductas; por encima de lo que digamos o prediquemos. Si ellos ven una conducta que se contradice con nuestro discurso, la palabra pierde valor. Por ejemplo, si yo toda mi vida avisé cuando salía y a dónde iba, me va a resultar natural pedirle lo mismo a ellos.

- A veces, es difícil soltarlos. ¿Cómo debe ser ese proceso?

 Adolescencia: cinco errores que nos impiden empatizar con nuestros hijos

- Traer un ser humano al mundo es, en primer lugar, entender que es un ser individual, con pensamientos, actitudes y emociones diferentes a las nuestras. Por ende, su comportamiento es esperable que sea en, muchos aspectos, diferente. Los padres les regalamos unas alas con muchas plumas. Y ellos irán eligiendo las plumas que prefieran, las más fuertes y las mejores a sus ojos, para emprender su propio vuelo. Nuestro rol de papás consiste en aceptar ese vuelo, aunque manteniéndonos firmes para que siempre tengan un punto de regreso. Como cuando empiezan a querer bajarse del auto una cuadra antes de llegar: ellos tienen que poder girar la cabeza y comprobar que estamos ahí, mirando a que entren. Lo mismo sucede cuando van a bailar y vuelven de madrugada o usan el auto por primera vez.  

- ¿Es importante potenciar su autonomía?

- Durante la adolescencia se van dando pequeños pasos, donde ambas partes van negociando y acordando. A veces, con enojos. Pero es así. Y no olvidemos que los permisos son progresivos. Y que esos permisos serán cada vez mayores en la medida que exista un vínculo de confianza. Hay que dejarlos que decidan y que se equivoquen. Eso irá desarrollando un pensamiento crítico y un criterio para evaluar situaciones y resolverlas.

- ¿Los castigos son para el mundo de los pequeños? ¿Cómo se pone límites en esta etapa?

- Los límites tienen que estar presentes en todas las etapas de la vida. Desde el bebé que empieza a caminar y no se le permite poner los dedos en el enchufe al adolescente que se lleva todas las materias porque no quiere estudiar. Si recién a los 15 años queremos empezar a poner limitaciones, será muy difícil que sean cumplidas. Deben ir incorporándose a través del tiempo para que nuestros hijos puedan comprobar que esos límites se vuelven mas laxos en la medida en que van creciendo y van demostrando que se puede confiar en ellos. Entonces, uno negocia los permisos.

En definitiva, si reconocemos que para ellos es muy complicado hacerse mayor en una sociedad llena de incertidumbres, que acaba de salir de una pandemia y ha entrado a una guerra y en la que la crisis climática se presenta como un desafío para las nuevas generaciones, quizás podamos ser más comprensivos, firmes y empáticos. "No hay una receta única. Cada familia actúa de acuerdo a sus posibilidades. Pero ningún adolescente se forma de una día para el otro. Los adultos tenemos que entender que todo lo que les enseñamos desde chiquitos, como poner la mesa, dejar el teléfono cuando se come o a lavarse los dientes, son antecedentes de lo que vendrá luego. Esos hábitos y ese orden que les fuimos incorporando serán los sucesores de las conductas que adoptarán en situaciones más complejas, donde nosotros ya no estemos", cierra Mencarini.



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