MISA DE EXEQUIAS. El arzobispo de Tucumán, junto a sacerdotes y familiares, preside la misa en la Catedral. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL

La gruta es un lugar de peregrinación de muchos pidiendo salud y fortaleza; lugar de consuelo y esperanza para los desalentados; lugar de conversión y de abrazo con la misericordia de Dios a través de la Virgen María; lugar de encuentro fraterno y eclesial comprometido para ser más fraternos, servidores, misericordiosos y misioneros.
Este año se cumplen 125 años de la Diócesis de Tucumán, 65 años de haber sido elevada a Arquidiócesis.
Queremos caminar juntos como Pueblo de Dios en Tucumán; valorando con memoria agradecida a los que nos precedieron; aportando, hoy, desde las distintas vocaciones y servicios: familias, catequistas, ministros de la Comunión, de la caridad, de la Evangelización, consagrados, sacerdotes, obispos; escuchando a los hermanos y discerniendo la voluntad de Dios para la misión evangelizadora, siendo Iglesia sinodal.
A María, Madre de ternura y misericordia, la reconocemos como modelo ejemplar de Iglesia: comunidad creyente, dócil al Espíritu Santo, a la escucha de los hermanos y de la voluntad de Dios; encarnando a Jesucristo y dándolo a luz, en el testimonio cotidiano de una vida más evangélica; acrecentando la fraternidad, compartiendo la vida, saliendo al encuentro de los más alejados y sufrientes…
Caminando juntos con entusiasmo, aún en medio de sufrimientos, con la convicción que María nos acompaña hasta el encuentro definitivo con el Señor.
Que Dios bendiga nuestra Iglesia en Tucumán y siga haciéndola fecunda con nuevas vocaciones, le agradecemos por el presbiterado de Maximiliano.
Que la Virgen, Nuestra Madre, nos proteja, especialmente a los enfermos, a los que los cuidan y a nuestra Iglesia diocesana.






