No bajar la guardia sanitaria en espectáculos masivos

LA  GACETA
Por LA GACETA 31 Enero 2022

Una despedida a pura acción para enero, de alguna manera un preludio para un febrero con agendas recargadas es lo que está en curso en el deporte tucumano. Lejos quedaron aquellos tiempos en los que la actividad se tomaba vacaciones en estos meses. La mayoría acomodó sus calendarios de acuerdo a cronogramas nacionales e internacionales, pero también se ha tomado en cuenta que este es un año mundialista, con todo lo que eso significa. En medio de esta vorágine de actividades, vale hacer reflexiones, no tanto en lo referido a los espectáculos propiamente dichos, sino al comportamiento del público, en tiempos de pandemia, algo que nunca está demás remarcar.

Un caso es lo sucedido en el Seven de Tafí del Valle. Su concreción estuvo acompañada de un concepto especial de burbujas, separadas una de otra para evitar aglomeraciones. Se vieron callejones más amplios para el tránsito, más espacios, pero también una actividad poco comprometida de los espectadores: escasos barbijos, sin demasiado respeto a la distancia social y cierta desatención a las normativas sanitarias, que los organizadores ejecutaron a pedido del Comité Operativo de Emergencia.

También se está jugando el segundo tour de la Liga Nacional de voleibol en Villa Luján. Aquí también imperan medidas especiales, por tratarse de un torneo en un lugar cerrado. Sin embargo, es menor el porcentaje de espectadores -que ingresan gratis- que tomaron los recaudos sanitarios del caso.

Lo mismo se puede aplicar para los partidos de básquet que se están disputando en la provincia por la Liga Argentina y por el Federal Amateur. Párrafo aparte para lo visto hace algunos días en la cancha de Bella Vista, club que disputó el Federal Amateur de fútbol: allí, directamente, pareciera que la pandemia se declaró por terminada, a juzgar por las imágenes que se vieron de las tribunas.

Las crónicas periodísticas siguen hablando de cantidades de contagiados, de fallecidos, de centros de testeos trabajando al límite, de porcentajes altos de camas de hospitales y sanatorios ocupadas. Sin embargo, lo que se notó en estos espectáculos masivos es una desatención a todo esto. En definitiva, una temeraria manera de llevar adelante lo que nos está pasando.

El voley y el básquet van a seguir jugándose en los próximos días; comienza un torneo de tenis internacional en Lawn Tennis; está muy cerca el debut de Atlético en la Copa de la Liga Profesional y de San Martín en la Primera Nacional. Esto es sólo una parte de la programación deportiva que se viene. Cabe preguntarse: ¿seguiremos con una actitud desaprensiva con respecto a controles, respeto a normativas y cumplimiento de protocolos?

Se conoce el esfuerzo que hace la autoridad sanitaria por bajar líneas en el manejo de la pandemia. Se sabe del sufrimiento, el dolor y las complicaciones que la covid-19 causó en la población. Se entiende que a casi dos años desde que el coronavirus llegó a la Argentina haya un nivel de hartazgo, de cansancio acerca del cumplimiento de normativas, comprensión e interpretación de la enfermedad.

Ahora, y como una extensión al comportamiento en este caso de los espectadores: quienes deben hacer cumplir las normas, ¿por qué no lo hacen? Se han escuchado testimonios de personas que dijeron que fueron a ver partidos y nadie les pidió la certificación de vacunación ni si portaba los elementos básicos para evitar contagios.

Queda claro que bajar la guardia siempre resulta algo inadmisible. Sobre todo en espectáculos deportivos, por su masividad y por su proyección como vidrieras de comportamiento social. Lo que nos sucede nos sucede a todos. De nada valen las excusas cuando se pide respeto y compromiso. De mucho sirve entender que vivimos en comunidad y que cada acción que generamos produce una reacción. La forma en la que nos cuidamos también habla por nosotros.

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