Carlos Soria Fontán: no hay edad para escalar

A los 82 años, es uno de los alpinistas más reconocidos del mundo. Sólo le faltan subir dos montañas para completar los 14 “ochomiles”.

EXPEDICIÓN. Soria (a la derecha) con alpinistas de la Asociación Argentina de Montaña. EXPEDICIÓN. Soria (a la derecha) con alpinistas de la Asociación Argentina de Montaña.

Si no te lo cuenta, ni te enterás. Tiene 82 años y es el único alpinista del mundo en haber coronado 10 montañas de más de 8.000 metros después de cumplir 60 años. Vital, sencillo, fresco y alegre: así es como se puede resumir a Carlos Soria Fontán, ícono del montañismo, que visitó nuestra provincia gracias a la Asociación Argentina de Montaña (AAM), para realizar una expedición al Nevado Ojos del Salado, en la Cordillera de los Andes. ¿El objetivo? acondicionarse para escalar el monte Dhaulagiri, en el Himalaya.

Carlos persigue una increíble meta: lograr su “ochomil”, es decir, conseguir escalar las 14 montañas más altas del mundo. Y va muy bien: ya ha ascendido 12; en la primavera boreal de 2022 visitará el Himalaya, y luego sólo le faltará subir el Shisha Pangma, en China. Con esto quiere dejar un mensaje: “se pueden hacer cosas interesantes a pesar de una edad avanzada”.

- ¿Cómo surgió su pasión?

- No tengo idea. Desde niño, y sin tener una presión de mis padres, a mí me gustaba la naturaleza; me gustaba estar más en el campo que en la ciudad. A los 14 años ya trabajaba y, en unas vacaciones, con un amigo decidimos irnos 15 días a la Sierra de Guadarrama (entre Madrid y Segovia) y allí empezó todo: conocí aquellas montañas y me pareció que eso era mi vida. A partir de ahí, he compartido mis cosas, mi trabajo y mi familia con la montaña. Sigue siendo hoy, la montaña, lo más importante de mi vida.

- ¿Cuándo se dio cuenta de que era algo más que un hobbie?

- Todo empieza como un hobbie, como una pequeña aventura de juventud. Según vas cumpliendo años, te vas dando cuenta de que no es solamente una aventura, sino que forma parte de tu manera de ser, de querer vivir. Al hobbie lo compartía con mi trabajo y me di cuenta muy pronto de que aquello tenía que ver con mi felicidad.

- ¿Alguna vez pensó llegar a esta edad con tantos récords?

- De joven no pensaba en nada de eso; pensaba en lo que estaba haciendo y en lo bonita que era la vida. Según he ido cumpliendo años me ha parecido que es una maravilla cumplirlos, y además he vivido cosas tan distintas... Cuando yo era niño España estaba en la posguerra, y he vivido situaciones totalmente distintas al mundo de ahora, que no tiene nada que ver con el de mi niñez y mi adolescencia.

- Su objetivo más grande es subir las 14 ochomiles. ¿Por qué una meta tan grande?

- Cuando era relativamente joven y hasta que me volví mayor, lo que mas me interesaba era hacer escalada y montaña de dificultad. Con los años, el terminar lo de los 14 ochomiles me hacia mucha ilusión, por varias razones: primero porque es muy bonito hacerlo. Al fin y al cabo, ya he subido las 14 montañas mas altas de la tierra, y he estado a más de 8.000 metros, pero todavía me falta subir a la cumbre principal en dos. Y en segundo lugar, porque me hace mucha ilusión sentir que mando un mensaje a mucha gente de que se pueden hacer cosas interesantes a pesar de tener una edad avanzada, siempre que tengas la cabeza en su sitio y no hagas tonterías, pero vamos, que se puede, y se debe. La vida no acaba cuando uno tiene la jubilación, que parece que ya está obligado a ser inactivo; a mi me parece que hay que seguir activo, en la montaña o lo que sea, siempre que puedas... Vives más intensamente que si te quedas mirando la televisión.

EN TUCUMÁN. Carlos Soria, por las calles de nuestra provincia. EN TUCUMÁN. Carlos Soria, por las calles de nuestra provincia.

- Usted fue de los primeros españoles en subir un ochomil.

- Pero no estaba buscando eso, sino subir montañas, y tuve la oportunidad de ir a un ochomil muy pronto, en 1973. Era la primera vez que íbamos españoles a una montaña de 8.000 metros (Manaslu, en Nepal). En aquel momento era una cosa fuera de lo normal. En aquella época, no me interesaban como hoy las montañas de 8.000 metros. Sólo me interesaba escalar, subir montañas, viajar a sitios que no conocía. Ahora me interesan porque tengo este proyecto, que me gustaría intentar terminar antes de hacerme mayor, sobre todo subir al Dhaulagiri, en mayo.

- Y eso es lo que lo trajo a nuestro país, la aclimatación para esa montaña...

- Sí. Aunque no la pudimos terminar. Fuimos haciendo la expedición (al volcán Ojos del Nevado, el más alto de la Tierra), pero el clima nos impidió hacer muchas cosas. Nos dimos cuenta de que no iba a poder ser, de que no íbamos a poder llegar al campo base porque había mucha nieve; igualmente, tuvimos a Ulises (Kusnezov, de la AAM) un chaval joven, que se ocupó de nuestra aclimatación y lo ha hecho maravillosamente. Ha sido una salida fantástica y me encantó.

- O sea que seguimos en camino al Dhaulagiri. ¿Qué lo impulsa a seguir?

- Lo que hace que continúes es que verdaderamente estás haciendo lo que te gusta; porque a ti verdaderamente lo que te gusta es eso, además de otras cosas. Yo tengo la suerte de que mi familia me acompaña en lo que hago, desde siempre, incluso ahora cuando he venido a Argentina han venido mi mujer y mi hija conmigo. Mi esposa ya no escala, pero mi hija me ha acompañado en la expedición.

- ¿Cómo hace para mantenerse activo?

- Disimular. Me duele todo, como es lógico. Tengo una prótesis en la rodilla, me duele la planta de los pies porque los he usado mucho y con botas muy duras me lo paso mal, pero me adapto, y trato de cuidarme. Aquí me he pasado un poco con el dulce de leche, pero, vamos, es que no había mas remedio, es lógico, pero por lo demás, procuro controlarme con esas cosas y tener una alimentación buena.

Ulises Kusnezov fue el joven encargado de guiar y organizar la travesía que trajo a Soria a Argentina. Ya escaló los 10 picos más altos del continente americano y los 10 volcanes más altos del mundo, pero hacer alpinismo con Soria es otra cosa, admite. “Es un aprendizaje constante. Todo lo que dice, da en la tecla. Tiene una forma de pensar que es un ejemplo; Carlos prioriza siempre la seguridad, con esa enseñanza de que no vale la pena morir por la montaña. Eso y su capacidad para estar motivado y entrenar a esta edad son cosas increíbles”, asegura. Ulises comenta que la venida del deportista a Tucumán se dio por la gestión de Ruben Goñi, miembro de la Asociación Argentina de Montaña (AAM), que invitó al español a la provincia en repetidas ocasiones. Con la excusa de la expedición al volcán Ojos del Salado (que todavía le quedaba pendiente a Soria), se armó su viaje. “Y así preparamos la expedición. Se la arma como a cualquier otra, pero uno no quiere dejar ningún detalle librado al azar. Creo que fue la expedición que más me estresó -dice Kusnezov-; pero es un sueño realidad que venga una figura así. Todos tenemos ídolos, pero uno no siempre llega a conocerlos, y en nuestro caso ha sido posible”, afirma.

- ¿Los años pesan?

- No cabe duda. Yo he procurado no coger mucho volumen, en ese tipo de peso -ríe-, pero en otras cosas sí. Las rodillas han funcionado mucho tiempo y se resienten... Pesan los años, pero también tiene sus ventajas; hay que vivirlos como son. Lo que no puedes es hacer el ridículo, tener 80 años y querer parecer un chaval de 30, este otro momento de tu vida, pero interesante también.

- ¿Cómo es su rutina?

- Entreno normalmente todos los días. No todos los días la misma cantidad; algunos días salgo a la montaña y otros entreno en casa. Descanso, duermo un poco de siesta después de comer, que me va muy bien, y procuro por la noche dormir las suficientes horas. Si no descansas, el entrenamiento se convierte en todo lo contrario: acumular cansancio. Hay que tener un control entre el cansancio y el entrenamiento.

- ¿Cuál es la clave para vivir así?

- Que hagas lo que te guste de verdad, y el cuidarte y mantenerte; tener la cabeza en su sitio para programarte cosas que entren dentro de tu forma física y tu momento actual, y que sigas disfrutando. Si llega un momento en el que no lo estás disfrutando, no merece la pena.

- Aún disfruta, por lo visto. Le quedan dos ochomiles todavía...

- Bueno, me queda mucha vida. Cuando haga esas dos montañas haría otras más bajas; tengo muchas ganas de volver a Pakistán a hacer una montaña más baja. Me gusta también seguir yendo a las montañas que iba de niño... Realmente no me hace falta nada, quiero intentar terminar este proyecto de los ochomiles, pero si no le acabo tampoco me voy a quedar frustrado. Mi vida ha sido muy intensa, y lo sigue siendo. Y estoy encantado de ella.

- Entonces...

- Lo hago por amor a las montañas. Hago esto por cumplir un objetivo que me parece que es accesible, que todavía lo puedo hacer. Sé que voy a tener muchas dificultades, porque hoy en día conseguir patrocinio es casi imposible, pero yo quiero ir. Y cuando quiero ir, voy.

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