50 años de una ciudad que aún adeuda un homenaje

Por Manuel Roberto Valeros - Abogado - Ex diputado provincial.

22 Enero 2022

En su edición del 8 de enero de 1972, LA GACETA publica en su página 5 el título: “Bella Vista Tiene Jerarquía de Ciudad desde Ayer”. En efecto, el 7 de enero, el gobernador de facto, Oscar Emilio Sarrulle, presidió en Bella Vista el acto que puso en vigencia la Ley N° 3.399, que dispuso la Municipalización. Lo acompañaron sus ministros de Gobierno, Alfredo Linares; de Economía, Juan Ramón Diosque; y de Bienestar Social, Miguel Ángel Torres. En la oportunidad se dictó el decreto de puesta en vigencia de la ley promulgada en 1966.

“Se cumple una vieja aspiración (…). Se llega con 6 años de retraso a concretarse este acto de estricta justicia. Yo le encarezco, señor Trimarco, toda la diligencia posible, pues usted tendrá todo el apoyo del gobierno provincial para que pueda darle a Bella Vista lo que ella se merece”, manifestó Sarrulle. Hacía referencia a Francisco Trimarco, quien hasta entonces se desempeñaba como comisionado rural y que en esa ceremonia fue puesto en funciones como interventor de la nueva municipalidad. Sarrulle también dio por iniciada la construcción del edificio municipal, para lo cual la ley destinaba $ 2 millones.

Conozco la historia de la municipalización de Bella Vista porque fui, humildemente, uno de sus protagonistas. Resulté electo diputado provincial el 7 de junio de 1963 y el primer proyecto de ley que presenté en la Cámara de Diputados fue, precisamente, este: tuvo entrada en la sesión del 07 de octubre de 1963. La Cámara de Diputados aprobó el proyecto el 22 de abril de 1965 y el Senado lo sancionó el 1 de marzo de 1966. El gobernador Lázaro Barbieri lo promulgó como Ley 3.999 el 08 de marzo de 1966.

Tras la consagración de la norma se iniciaron los preparativos para ponerla en vigencia. La fecha elegida era el aniversario del fallecimiento del General San Martín, el 17 de agosto, para lo cual se organizó una gran celebración de carácter institucional, social, educativo, cultural y deportivos. Pero todo fue abruptamente interrumpido el 28 de junio de 1966 al producirse el golpe de Estado que derrocó al presidente Arturo Illia, a los gobernadores, intendentes y poderes legislativos de todo el país. Como agravante, el 22 de agosto de 1966 el presidente de facto Juan Carlos Onganía dictó el decreto 16.926 disponiendo la intervención y cierre del Ingenio Bella Vista y de seis ingenios más.

Si bien el ingenio Bella Vista continuó funcionando bajo intervención, a cargo de un comandante de la Gendarmería Macional y con un destacamento dentro del Ingenio, su actividad entró en un periodo de inestabilidad que en 1968 terminó con un vaciamiento de empresa. Ello dio lugar a la formación de la “Comisión Pro Defensa” que encaró una larga lucha para evitar el cierre de la fábrica. Las zafras de 1969 y 1970 las realizó la Caja Popular de Ahorros con un convenio celebrado con la Cooperativa de Producción Bella Vista Limitada, que nucleaba a la totalidad de los obreros del ingenio. En 1971, el ingenio pasó a ser administrado por Conasa y en noviembre de ese año la “Comisión Pro Defensa” solicitó al gobernador de facto la puesta en vigencia de la Ley 3.399 de Municipalización.

Trimarco, el Interventor municipal, era un dirigente de larga actuación política, gremial y deportiva de Bella Vista. Las primeras elecciones municipales se realizaron el 11 de marzo de 1973, cuando elegido como primer intendente constitucional Carlos Corbalán. Al primer Concejo Deliberante lo integraron Matias Romano, Dolores de Bravo, Rolando Gonzalez, Luis García , Antonio Pérez Camaño, Marino Medina, Hugo Vidal, Raúl Corbalán, Dardo Gacetu y Carlos Medina. El viernes 24 de mayo de 1974 el gobernador Amado Juri inauguró el nuevo edificio construido con los fondos que la ley de municipalización destinó para su construcción.

La municipalización significó para Bella Vista un notable progreso ya que en los 87 años previos, en los que fue Comisión de Higiene y Fomento (1904-1950) y Comuna Rural (1950 – 1971), solamente cumplió con los servicios básicos imprescindibles, sin contar con recursos técnicos ni culturales para su progreso. Ni siquiera tenía su propia sede propia: funcionaba en un edificio alquilado, en la esquina de las calles Alberdi (hoy Avenida Fernando Riera) y Avellaneda.

Hoy, ninguna calle ni paseo público recuerda al primer interventor municipal Francisco Trimarco. Es una deuda que debe enmendar el Concejo Deliberante.

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