Pros y contras del work and travel - LA GACETA Tucumán

Pros y contras del work and travel

El programa de intercambio estudiantil es la opción más elegida por los tucumanos este verano. Se realiza una gran inversión en dólares pero el dinero se recupera durante los meses de trabajo. ¿Vale la pena?

14 Ene 2022 Por Nicolás Sánchez Picón
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Trabajar y viajar, ¿qué más puede pedir un joven? Conocer el mundo, realizar un intercambio cultural, aprender un idioma, y encima ganar en dólares: todo eso es posible con el programa Work and Travel, que se ofrece a personas de hasta 29 años. No es nueva la oferta, pero sí es novedoso que cada vez más tucumanos se animan a trabajar en el exterior durante el verano.

Para acceder es necesario contratar los servicios de alguna empresa que los brinde; pagando una suma en dólares (que ronda los 1.800), el interesado sabrá adónde irá, con qué trabajo y bajo qué régimen. Con esa información confirmada, se puede tramitar la visa para ese fin (no se incluye en el costo abonado; los pasajes tampoco). El destino más elegido es Estados Unidos, aunque se puede optar por Australia, Nueva Zelanda, Alemania, Países Bajos e incluso Rusia, entre otras tantas opciones (pero el régimen cambia a Working Holiday)

La oferta laboral es amplísima: podés trabajar de cajero, vendedor, mayordomo, cocinero, encargado de lavandería, ama de llaves, instructor de ski, guardavidas, y un largo etcétera, según el lugar y la prestación de servicios que haya. La elección del trabajo dependerá en gran medida del nivel de inglés que tengas. Ahora bien, ¿vale la pena hacerlo?

Antes que nada hay que decir que una porción de los viajantes lo hace con visa de turista, trabajando de manera “ilegal” durante el verano. Ahí es cuando se complica. En Estados Unidos el programa Work and Travel está aprobado y regulado por el Estado, y quienes viajan por empresa aplican a la visa J1, un visado de estudiantes para favorecer el intercambio cultural y laboral, durante unos pocos meses. Bajo ese régimen, hay muchos puntos positivos.

La pregunta del millón: ¿es rentable?

Nicolás Marquestó está desde hace poco más de un mes en Michigan. Cuenta que para ir se necesitan, más o menos, 4.000 dólares, entre el pago a la empresa, los costos del visado, los pasajes y dinero para estadía y comida las primeras semanas. “Yo el primer mes de trabajo gané aproximadamente U$S 3.000 netos, sin tener en cuenta housing (alojamiento) y otras cuestiones que hay que descontar”, explica. “La empresa te da varias opciones y uno empieza a elegir; decidí venir a este lugar porque era uno de los housing más económicos y el Estado no te quita tanto de impuestos”, comenta.

Al momento de elegir, Milagros Gallardo se inclinó también por la nieve. Este verano lo pasa en Lake Tahoe. “Elegí California porque me gusta mucho la nieve y esquiar, y porque ya conocía como era la movida acá”, dice a LA GACETA desde Norteamérica. “Sí es verdad que, por la situación de Argentina, es muy difícil ahorrar en dólares y hay que trabajar mucho para ahorrar la cantidad para venir, pero una vez que se logra ese esfuerzo, es muy rentable. Podés ahorrar lo que ganás acá para hacer otra experiencia o juntarla para seguir viajando, o usarla para cosas personales”

“A mí me pagaban bien; ni mucho ni poco. Mi alojamiento era muy barato porque vivíamos medio amontonados, pero conseguí otro trabajo y recuperé todo lo que invertí”, comenta Ailén Díaz, que en 2019 viajó a trabajar en Sarasota (Florida), y añade: “yo no tenía muchos gastos y no conocí mucho. No hice la parte del viaje para conocer con lo ahorrado; decidí volver a Argentina”. Con ese dinero que ahorró en su Work and Travel, regresó este 2022 de vacaciones a Estados Unidos.

Lo positivo

“Es una forma de independizarnos temporalmente -dice Ailén-; vivís de lo que ganás, tenés que administrar la plata, buscar la forma más eficiente de hacer algo o economizar.... Es como que uno crece, sin darse cuenta, y todo el tiempo conocés gente nueva, que te hace pensar diferente”.

“No es tan caro como parece. Vos podés vivir una semana gastando entre 15 y 20 dólares en comida, aunque si te pasa como a mí, que trabajo en un café, podés comer de lo que queda en el día”, dice Nicolás. “Al principio yo era como el emoji ese con los ojos de dólares -ríe-, porque, como la mayoría, en lo único que pensás es en la plata, pero cuando llegás y ves que la pasás bien, que conocés gente de otros países y de otras culturas, que aprendés un montón de cosas, dejás de pensar en lo económico”, añade, y resalta: “no es tan difícil acceder; yo tuve la suerte de que mis papás me prestaran dinero, pero si te lo proponés podés trabajar para juntar el dinero y vivir esta experiencia que es increíble y única”.

“Es una experiencia súper divertida y enriquecedora; conocés gente de muchos países y eso te nutre culturalmente un montón; trabajás con un montón de latinos y gente nativa y eso está muy copado, porque te ayuda a mejorar el ingles”, resume Milagros.

Lo negativo

Aunque las redes sociales se llenan de fotos de los tucumanos en el extranjero pasándola “bomba”, también hay un lado b. Ailén, por ejemplo, cuenta que en su caso -y en el de todos sus compañeros argentinos- fue la nostalgia. “Extrañábamos muchísimo a nuestras familias y amigos, a la distancia se sentía. Fue rarísimo porque nos pegó a todos esa sensibilidad en la misma época, entonces estábamos apoyándonos como podíamos”, recuerda.

“Hay muchos contrastes; la cultura norteamericana es muy distinta a la de los países latinoamericanos; desde ya porque se nota la calidez que hay entre los latinos y ellos por ahí son más fríos. Además, las formas de trabajo: ellos son muy metódicos, tienen todo muy estipulado, con muchas normas, reglas y procesos, y al menos en mi experiencia, trabajando en Argentina, no era así”, cuenta Milagros.

“Lo negativo, en mi caso, es que no podemos manejarnos por nuestros propios medios. Siempre hay alguien que se encarga de llevarnos adónde necesitemos ir; tampoco tuve muchas experiencias extralaborales, sólo fui una vez al bowling. Mis amigos, que están en Colorado y con otro empleador, las están pasando regio, pero eso también implica salir y perder horas de trabajo. Otra cosa que tampoco me parece muy positiva es el frío. Me hubiese encantado vivir la misma experiencia en la playa, como otros amigos que están trabajando de salvavidas, pero ellos ganan muy poco”, dice Nicolás.

¿Qué pasa con el trabajo? ¿Recibo ayuda?

Uno de los puntos a tener en cuenta al sumergirte en una experiencia de estas características hoy es la covid-19. Si bien no es un freno (hay que seguir cuidándonos, aquí y allí), es necesario considerar la posibilidad de contagio durante la estadía. Y eso fue lo que le pasó a Nicolás Marquestó, tucumano y tiktoker (@nicomarquesto), viviendo en Michigan. “Yo no tenía miedo de contagiarme; no fue ningún impedimento para venir, porque no sabíamos que iba a pasar esto, de tener más de un millón de contagios en un día (en Estados Unidos) y la aparición de la nueva variante -explica-. Lo primero que hicieron desde la empresa fue hacernos un autotest a todos. Di positivo y me aislaron en una habitación que era hermosa; estuve tres días con fiebre, pero por suerte todo muy bien, y muy cómodo. Nos traían todas las comidas, snacks, frutas, todo el tiempo”. Al estar contagiados y no poder cumplir con la totalidad de las horas semanales (40), es el Estado quien aporta un porcentaje de dinero para que los empleados puedan cobrar igualmente su sueldo y suplir las horas no trabajadas por el aislamiento.

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