Cartas de lectores I: Las tres “I”

11 Ene 2022

Desde mi situación de vacunado con dos dosis, en la espera del refuerzo de la tercera, me permito reflexionar sobre la obligatoriedad, el pase sanitario y la necesidad de acciones estatales para completar la inmunidad colectiva. Está claro que hay personas que por razones religiosas, éticas, políticas o por lo que sea, han decidido no vacunarse. Es controvertido al menos el procurar llegar a ellos a través de medidas compulsivas de corte administrativo que se asemejan a la obligatoriedad legal, cuando las mismas pueden llegar a ocasionar consecuencias jurídicas no deseadas. Es claro que la obligatoriedad de la vacunación no fue dispuesta por ley para evitar la responsabilidad legal del Estado y los laboratorios por los efectos dañosos de una vacuna en fase de experimentación (recordemos lo dicho en debates públicos sobre la compra de vacunas Pfizer). La imposición de un “pase sanitario” a los no vacunados cuya carencia impediría el cumplimiento de otras obligaciones legales, como renovar la licencia de conducir, acceder a oficinas públicas ante el requerimiento o necesidad de las autoridades y ciudadanos, parece excesivo. Lo mismo el no permitir el ejercicio de derechos constitucionales, como impedir el acceso a bancos y/o cajas de seguridad bancarias para disponer de sus valores, puede traer consecuencias dañosas de las cuales también debería hacerse cargo el Estado, dada la “implícita” obligatoriedad de la vacunación a través de esas medidas. La Constitución nacional expresa en su articulado que “nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni privado de lo que ella no prohibe”; así que me parece que es claro que la obligatoriedad de la vacunación debe ser impuesta solo por ley y no por disposiciones administrativas y en caso de así hacerlo el Estado deberá responder por todas las consecuencias legales de dicha decisión. De no querer recorrer este camino escarpado creo que se puede llegar a mucha mas gente apelando a la responsabilidad individual, pero para ello es necesario “informar” mucho más, por todos los medios tecnológicos a los que accede la población, desde un simple folleto repartido en las playas hasta mensajes en las redes tecnológicas que usan los jóvenes. En segundo lugar “incentivos” positivos a los vacunados, pueden inducir las conductas deseadas, mas que las acciones punitivas. Descuentos con la credencial, sorteos de pequeños premios, bonificaciones en el transporte público o en comercios que adhieran a la propuesta, etc, pueden ayudar y mucho. Y en tercer lugar “intensificación”. Pues es notable en los últimos meses la reducción en el ritmo de vacunación, de testeos y de identificación de la población sin vacunar para llegar a la inmunidad de rebaño. Información, incentivos e intensificación me parecen que son las tres “i” de la hora, pero el debate siempre quedará abierto y puede haber propuestas mejores que sumen mayor eficacia y eficiencia a la acción estatal frente a la pandemia.  

Miguel Ángel Reguera

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