

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras Él oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y vino un voz del cielo: - “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto” (Lucas 3,15-16.21-22)
1- La vida es un reto permanente para el que quiere tomársela en serio. Una cosa es dejar pasar los días y otra vivirlos. El hombre hace fructífera su existencia cuando afronta el afán de cada día.
Hay hombres que entienden su vida como una apuesta en beneficio de los demás y pueden encontrarse en el camino con quienes han hecho lo mismo que ellos.
Jesús, al comienzo de su vida pública, tiene delante el proyecto salvador del Padre y le va a costar la vida. Pero esa es precisamente la razón de su vivir: “Dar la vida en rescate por muchos”. Cada cristiano bautizado sigue la misión de Cristo en la historia. El bautismo que nos hizo miembros de la Iglesia Católica nos impele a una misión como la de Jesús.
2- El Bautismo nos inició en la vida cristiana. Fue un verdadero nacimiento a la vida sobrenatural. El resultado de esta nueva vida es cierta divinización del hombre y la capacidad de producir frutos sobrenaturales. El bautizado renace a una nueva vida, a la vida de Dios, por eso es su hijo. “Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Cfr. Rom 8, 14-17). Demos muchas gracias a nuestro Padre Dios que ha querido dones tan inconmensurables, tan fuera de toda medida, para cada uno de nosotros. ¡Qué gran bien nos puede hacer el considerar frecuentemente estas realidades!.
En la Iglesia nadie es un cristiano aislado. A partir del Bautismo, el cristiano forma parte de un pueblo, la Iglesia se le presenta como la verdadera familia de los hijos de Dios. Y el Bautismo es la puerta por donde se entra a la Iglesia, y se recibe el llamado a la santidad. Cada uno en su propio estado y condición. Otra verdad íntimamente unida a esta condición de miembro de la Iglesia es la del carácter sacramental, un cierto signo espiritual e indeleble impreso en el alma. Es como el resello de posesión de Cristo sobre el alma de los bautizados. Con estas consideraciones comprendemos bien el deseo de la Iglesia de que los niños reciban pronto estos dones de Dios. Desde siempre ha urgido a los padres para que bauticen a sus hijos cuanto antes. Hemos de agradecer a nuestros padres que, quizá a los pocos días de nacer, nos llevaran a recibir este santo sacramento.
3- El Bautismo implica Misión evangelizadora en el mundo y el hoy de la historia que nos toca vivir. Cuando miramos la sociedad no podemos verla sino como campo fructífero de servicio, donde cada cristiano puede aportar lo mejor de sí para el servicio de Dios y de la humanidad. Jesús nos convoca a una Misión evangelizadora y con perspectivas universales. De cada uno de las bautizados depende mucho lo que pueda mejorar el mundo.







