
En la noche año nuevo, por más que la hicimos pasar mientras duraba la desconsiderada “diversión” con cohetes de algunas personas, Frida, nuestra perra hizo destrozos en nuestra casa, presa del pánico, antes y después de esto. También se lastimó la cara al pasar desesperadamente por unas rejas. Más allá de las campañas que desalientan la venta de los peligrosos cohetes y piden su reemplazo por fuegos lumínicos, yo me pregunto qué hacen las autoridades al respecto para detener este flagelo que daña, como es sabido y demostrado, a niños con autismo y a mascotas. Se ve a diario que se controla a quien maneja alcoholizado. Yo, como muchos damnificados, exijo que se tomen medidas pertinentes, ya que la libertad de unos termina donde comienza la de los demás ¿O por qué son animales no cuentan? Contamos para defenderlos, en todo caso, los dueños de perros, que queremos su bienestar sin molestias en esta convivencia. Ojalá que el progreso mental, propio de la evolución de un nuevo pensamiento prevalezca ante los intereses económicos y la inveterada y salvaje costumbre de los cohetes.
Juanjo Genisans Marcolongo







