VESTIMENTA. Su tío materno le obsequió las remeras que utilizó durante los cuatro días de competencia en el Cenard.

El talento es como una semilla: por sí sola no vale nada. Necesita de factores externos para florecer, y uno de ellos es la oportunidad de descubrirlo. El pequeño Lautaro Rojas la encontró yendo a contramano de la gran mayoría de los niños de hoy: renegando de los jueguitos del celular de su papá, quien para mantenerlo entretenido le regaló un tablero de damas, juego que a él le gustaba de niño. Curiosamente, a Lautaro lo cautivó más “el otro juego”, el que venía al reverso del tablero: el ajedrez. “Lauty” no tardó en mostrar condiciones naturales para el juego ciencia, y en solo tres años pasó de aprender las reglas a consagrarse subcampeón argentino Sub 10 en el Nacional que se llevó a cabo en el Cenard, en Buenos Aires.
“El maestro internacional FIDE Carlos Burgos nos felicitó por la performance de ‘Lauty’. Hacía muchos años que Tucumán no tenía un logro así”, exclamó con orgullo Roxana Garro, mamá de Lautaro.
Acompañado por su padre, Franco Rojas, “Lauty” disputó nueve partidas, de las cuales ganó siete, empató una y perdió una. Con ello, quedó en el segundo lugar de su categoría.
“Las partidas fueron muy difíciles. Tenía que pensar mucho, porque son largas y gana el que comete menos errores. Yo aproveché los errores de mis rivales para hacer mis jugadas. Y así pude conseguir un trofeo y una medalla. Además pude conocer Buenos Aires, es muy lindo, me impresionaron los edificios”, contó el joven ajedrecista, que representó al Club 64.
A principios de año, en una entrevista con LG Deportiva, Roxana contaba que buscaban apoyo económico para que “León” pudiera viajar a otras provincias a competir. En ocasiones, lo acompañaba solo uno de los padres o ambos esperaban en la terminal para volver el mismo día a fin de ahorrar en hospedaje. En esta oportunidad, para viajar al Nacional, contaron con el apoyo de la Caja Popular para los gastos de traslado, hospedaje, inscripción y comida. “Yo lo fui siguiendo desde Tucumán, por medio de una página que mostraba los resultados en vivo y con lo que me contaba mi esposo. Encima él tampoco se podía acercar a él, ni siquiera ver el tablero, ya que por regla lo tiene que ver desde la tribuna. Yo no daba más de los nervios, porque encima las partidas duran dos horas. Creo que me comí todas las uñas”, cuenta Roxana, que guarda una prolija colección de los diplomas que su hijo ha ido cosechando a lo largo de estos tres años desde que conoció el mundo de los caballos, los peones, las torres y los alfiles.
A diferencia de su madre, que lo vive a flor de piel, “Lauty” procesa todo con mucha tranquilidad. Y tiene muy en claro adónde quiere llegar: “mi deseo para 2022 es seguir aprendiendo y avanzando en el ajedrez, y que mis papás tengan salud para acompañarme. Quiero progresar para algún día ser maestro FIDE”.







