ESTO VA EMPEORANDO”. Los vecinos de San Cayetano viven en constante temor debido a que los hechos de violencia han aumentado en la zona. la gaceta / fotos de diego araoz
Con cuatro homicidios en lo que va de diciembre, el cuadrante de San Cayetano cierra el año de la forma más trágica posible. Ese sector de la ciudad había sido blindado con el programa Cuadrante de Patrullas, sin embargo, los vecinos sostienen que a pesar de la mayor presencia policial continúan sufriendo la inseguridad y presenciando pleitos familiares y de jóvenes en las calles de los barrios Alejandro Heredia, Toledo, 20 de Junio, Bienestar y San Cayetano.
Violencia
El 5 de diciembre Lisandro Bravo (20) y Nahuel Brito (19) caminaban por Fleming y Eugenio Méndez cuando un hombre salió de su casa y comenzó a efectuar tiros contra los jóvenes. Los proyectiles le causaron la muerte a Bravo. Por este hecho fue detenido Andrés Quiroga, quien mantenía una disputa vecinal con la familia de Brito, el sobreviviente.
Un día después se desató una pelea durante un after que se desarrollaba en la esquina de avenida Democracia y pasaje Díaz Vélez (barrio Alejandro Heredia). Dos bandas resolvieron el conflicto a los tiros y, producto de la balacera, murió Ricardo Barreto (42) y otros tres hombres fueron hospitalizados.
La semana pasada hubo dos hechos. El 20 de diciembre Daniel Arturo Álvarez fue acribillado de siete disparos en la puerta de su casa, en Brigido Terán al 2.900. La Policía detuvo a Braian Condorí y a Gustavo Figueroa por el hecho. Se cree que junto a un tercer cómplice, los acusados habrían actuado en venganza por otro crimen ocurrido en agosto en Villa Angelina.
El último crimen fue el de Lucas Eduardo Navarro (16), quien murió de cuatro puñaladas cuando empezó una pelea con el esposo de su prima. Guillermo Roberto Amaya (38) quedó detenido por el hecho ocurrido en Díaz Vélez al 1.800. La calle quedó convulsionada tras la muerte del adolescente. Una muchedumbre intentó quemar la vivienda de los suegros de Amaya, donde había intentado refugiarse hasta que los efectivos de la comisaría 4a lo aprehendieron. Al día siguiente, personal de la comisaría intervino nuevamente porque un grupo de personas había irrumpido a robar y hacer destrozos. Dos jóvenes fueron arrestados por ese hecho.
“Dentro de todo este sector había mejorado, pero de repente se dan estas cosas violentas y recordás porque le dicen zona roja. Hace poco mataron a un chico en la esquina de la comisaría (el caso de Bravo)”, explicó Belén Rojas, una comerciante de San Cayetano que manifestó su preocupación por los últimos casos. “Esto va empeorando, dos muertos esta semana. Aquí hay mucho consumo, y la abstinencia de droga pone violentos a varios”, advirtió Ramón González, un vecino de 55 años que -como en viejas épocas- esperaba encontrarse con su pareja en la plaza del barrio.
La comerciante María Paredes habló sobre la violencia y precisó: “vemos peleas de borrachos, peleas por enemistades familiares y vecinales. Por ahí quizás son personas de los barrios de atrás a esta zona, pero se encuentran en la comisaría y estallan los combates”. También le atribuyó a la droga algunos de estos problemas: “en la zona del canal corre mucha droga. Esos chicos adictos son los que salen a robar luego por estos barrios o a pelearse”.
ZONA ROJA. La Policía admite que el lugar “es bravo” para cubrir.
Asaltos
“Siempre roban. La Policía muchas veces los agarra a los ladrones, pero después quedan libres porque son menores de edad o porque hay víctimas que no hacen la denuncia o bien dejan de seguir la causa”, indicó Rojas. La joven, que trabaja para una cadena conocida en la provincia, le contó a LA GACETA que había pedido el cambio de sucursal porque ya le tocó sufrir los asaltos en carne propia más de una vez. “Recuerdo un caso polémico. Un día le robaron al director de la escuela Lola Mora cuando salían de clases. Los vecinos ya los conocen a los ladrones, suelen ser los mismos. Algunos pusieron cercas electrificadas en las casas -que están prohibidas- para que dejen de subirse a los techos”, agregó.
Julieta Gómez recordó que hace 20 días quisieron asaltarla cuando caminaba junto a una amiga. “Nos seguían en una Honda Biz, al final nos salvamos porque entramos a una casa, pero el miedo que te queda te arruina”, sintetizó.
“Se ven más policías haciendo recorridos, pero los ladrones son descarados. Hace unos días destrozaron una verdulería y se llevaron balanzas y otros elementos. A la escuela también ‘la tienen de hijo’, entran de noche y se llevan lo que encuentran”, detalló González. “La mayoría son adictos, chicos de entre 15 y 20 años”, añadió.
“En las paradas siempre fue feo. Más de una vez me asaltaron. Ahora por suerte de vez en cuando suelo ver un policía en mi cuadra, antes eso no existía aquí. Sin embargo los asaltos siguen”, manifestó Susana, que esperaba un colectivo de la línea 8 para ir al centro.
Ambiente hostil
“Objetivamente podríamos decir que es uno de los cuadrantes más difíciles de cubrir. Es una jurisdicción con muchas zonas rojas”, explicó un efectivo de la seccional 4a. “Los policías que vamos rotando de comisaría en comisaría sabemos que hay sectores más bravos. Para poner en números, en una guardia de 72 horas aquí venimos teniendo al menos un hecho grave por turno”, precisó la fuente, que agregó que sin el programa Cuadrante de Patrullas era aún más difícil la prevención de delitos.
El juez Eduardo González, que entendió en causa por el crimen de Navarro, también hizo una consideración sobre lo que le contaban las partes sobre el hecho. “Quedará determinar si se trató de un homicidio simple o de una legítima defensa. Ambas teorías presentadas son creíbles hasta aquí. Lo que sí me ha quedado claro en esta primera audiencia es que venían existiendo niveles previos de violencia entre Navarro y Amaya. Creo que esto tiene que ver con vivir dentro de un contexto hostil, en una cuadra donde sufrían la violencia y los problemas de adicciones”, analizó. En ese sentido, le pidió a los familiares de la víctima que llevaran paz al barrio para que no haya un caso de -la mal llamada- justicia por mano propia ni de venganza contra terceros. “Ahora tenemos una familia que pasará Navidad en duelo, con un integrante menos, y otra familia que tendrá a un integrante detenido y que no sabe si se reunirá, ni donde, por miedo”, concluyó.








