Los problemas “capitales” de Alberto y los paños fríos que intenta poner Manzur

Los “paper” van y vienen. Llegan al Palacio de Hacienda, pasan por la Jefatura de Gabinete y llegan al despacho presidencial. El Fondo de la cuestión pasa por lo Monetario y tiene un alcance Internacional. Todas las miradas y la atención de la Casa Rosada están puestas en el acuerdo. El “deadline” es en 15 días. Si no se puede, 2022 arrancará cuesta arriba, con un presupuesto cuestionado no sólo por la política, sino también por los agentes económicos que, además, esperan que, de una vez por todas, el Gobierno nacional presente el Programa Económico Plurianual que aún no aparece.

Manzur se queda en Buenos Aires. La licencia como gobernador es por tiempo indefinido. Alberto Fernández se apoya en el sanitarista tucumano. Nada se hace sin que el jefe de Gabinete lo sepa. Manzur se apoya en Martín Guzmán (Economía) y en Eduardo “Wado” de Pedro (Interior). Al primero lo visitó en Estados Unidos antes de que se convirtiera en ministro. El segundo es prácticamente una estampilla del jefe de Gabinete. Sus contactos con el kirchnerista son anteriores a la integración del equipo que comanda Alberto Fernández. No hay conflictos de intereses políticos. El paso del Presidente por Tucumán desnudó gestos de cómo se mueve el poder político de la Rosada. Manzur se sienta siempre al lado del Presidente. “No dudé ni un segundo” en aceptar el cargo de jefe de Gabinete de la Nación, le dijo el licenciado gobernador en la carpa que se montó en el Gimnasio Municipal de Monteros, el martes pasado, cuando esa ciudad fue capital alterna de la Argentina. Y fue un poco más allá en su demostración de lealtad. “Los ideales suyos son los que siempre me guiaron”, aduló.

Reflotar las reuniones de gabinete fuera de Balcarce 50 o de la Quinta de Olivos no es casual. Alberto Fernández no sólo quiere correr el eje de la Capital Federal al norte argentino. Ayer insistió con esa idea ante el Consejo Económico y Social, a cuyos integrantes los sumó al debate por esta cuestión. “Si lo hiciéramos, no solo generaríamos otro polo de desarrollo donde Argentina lo necesita, sino que nos obligaría a repensar el Área Metropolitana de Buenos Aires para superar esta concentración macrocefálica. Nos debemos una reflexión profunda sobre sus divisiones institucionales, su mejor organización y distribución de competencias”, manifestó en su mensaje. Los rostros de varios referentes del sector privado y del sindicalismo no fueron de los mejores. La idea no sólo pone en riesgo el traslado físico de las decisiones políticas, sino también del poder económico y del gremial. No es un detalle menor. “Se trata de asumir este desafío histórico sin generar más gastos, ni más burocracia. Solo buscamos superar esta perspectiva excesivamente centralista y aislacionista que hoy existe en nuestra Argentina”, trató de explicar el mandatario nacional.

En realidad, con esta iniciativa, el presidente de la Nación está tratando de correr el eje de la discusión nacional hacia una cuestión que puede esperar, para no discutir qué hará el Gobierno con los compromisos que deberá asumir ante el FMI y sus consecuentes costos políticos. En ese proceso se inscribe el nuevo rol de Manzur en el gabinete nacional: poner paños fríos al empresariado y al sindicalismo. La ansiedad carcome a la dirigencia. La Argentina sólo despierta desconfianza porque la política no sabe, no quiere o no puede llegar a un consenso. Manzur tiene abierto el teléfono para convocar a las partes. “Cuando decimos que tenemos la voluntad y la decisión política de avanzar en un acuerdo de entendimiento con el FMI, también planteamos que esa instancia no puede impedir el crecimiento de la Argentina”, le transmitió ayer a los diplomáticos de la Unión Europea (UE). Manzur volvió a ser el Manzur que se conoció en su primera etapa de gestión como gobernador: silencioso, calculador, de declaraciones breves y con las palabras medidas. Pero, fuera de las marquesinas, mantiene encuentros con todos los sectores para explicar cómo será el acuerdo con el FMI.

Mientras no haya entendimiento con el organismo, el Gobierno seguirá escondiendo la pelota, ya sea con los problemas “capitales” de Alberto de trasladar el poder al interior o con la idea de rediseñar la Corte Suprema de Justicia.

Comentarios