Diciembre: políticas, economías y costumbres del mes de las fiestas y los conflictos sociales

En los últimos 20 años, cada década ha estado signada por diciembres traumáticos en términos sociales e institucionales. En el Gobierno aseguran haber tomado todos los recaudos para transitar el fin de año sin estallidos. Pero no dejan de cruzar los dedos.

05 Dic 2021 Por Álvaro José Aurane
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DICIEMBRE DE 2001. El helicóptero que se lleva a De la Rúa, tras la renuncia, simboliza el fracaso de la Alianza.

“En diciembre, leña y duerme”. El viejo adagio español, traído por los abuelos desde el Viejo Continente, da cuenta de las duras condiciones del invierno boreal: hay que seguir trabajando duro en el campo, pese al frío, así que sólo se puede descansar si hay buen fuego en el hogar.

En el más austral de los veranos, en cambio, “leña” y “diciembre” encarnan significaciones polarmente opuestas. Aquí, el último mes del año contiene, larvado, el temor al conflicto social. Tal vez sea su sino histórico: diciembre era el décimo mes del año en el antiguo calendario romano, como delata su nombre (“decem”, en latín, es “diez”), pero Numa Pompilio agregó, durante su reinado, enero y febrero al calendario que comenzaba en marzo. Así que diciembre, desde sus orígenes, dice una cosa pero implica otra. Su llegada significa el advenimiento de las Fiestas de Fin de Año y sus fuegos artificiales; pero su significante, la huella psíquica en el inconsciente colectivo, evoca estallidos sociales desmesurados. Y eso, con seguridad, se lo debemos a nuestra historia reciente.

Los últimos 20 años contienen diciembres traumáticos en cada década. En 2001, el fracaso estrepitoso de la Alianza que habían conformado la centenaria UCR y el fugaz Frepaso representó un quiebre sin precedentes en la Argentina: hubo quebranto económico del país, que del “corralito” pasó al “corralón” de los ahorros de los ciudadanos; quebranto del Estado de Derecho, con saqueos, declaración de Estado de Sitio y muertos en las calles; y una fractura institucional dantesca: en 11 días, tras la renuncia de Fernando de la Rúa, pasaron por la Presidencia de la Nación Ramón Puerta (entonces presidente provisional del Senado), Adolfo Rodríguez Saá (entonces gobernador de San Luis), Eduardo Camaño (entonces titular de la Cámara de Diputados) y, finalmente, Eduardo Duhalde. Todo ello entre el 21 de diciembre y el 1 de enero.

En el decenio siguiente, en el caluroso diciembre de 2013 volvería a arder más de medio país. Un reguero de huelgas policiales desató saqueos en 13 provinciales: la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) determinó que 1.800 comercios habían sido saqueados. Tucumán fue tierra de nadie durante tres días, durante los cuales los vecinos montaban barricadas en las calles y se armaban para resistir el pillaje que arrasaba con toda clase de negocios: desde supermercados hasta pinturerías. Una decena de muertos en las calles fue el saldo aquellos días de anarquía.

La mirada larga

¿Por qué en diciembre?

“Hay una idea generalizada de que el mes de diciembre es el de mayores gastos. Los mandatos sociales y culturales no se ponen en cuestión, las comidas, los regalos, los festejos no pueden faltar en las familias. Lamentablemente no todos los sectores sociales tienen acceso a las las tradiciones ni las ‘necesidades’ de estos consumos. Quienes están en la economía informal están aún más perjudicados al no percibir un salario complementario (aguinaldo), además del incremento de precios propios de la época”, describe la socióloga Roxana Laks.

“La protesta social se da durante todo el año, pero obviamente en el mes de los gastos, el incremento de los reclamos se pone en evidencia y con mayor énfasis en los sectores postergados”, subraya.

Precisamente, el economista Osvaldo Meloni advierte que a la “cultura” del subsidio estatal y del plan social que viene afianzándose en el país se suma una certeza palmaria: los beneficios que no se consigan durante este mes quedarán postergados hasta marzo. Sin embargo, una idea sobrevuela el análisis que el especialista ensaya en esta página: diciembre es un mes complicado, pero no lo van a hacer menos los meses venideros. (Ver “El estallido ya ocurrió”)

Como si no bastaran las razones materiales, hay una carga simbólica determinante. En la manera en que periodizamos el tiempo desde los orígenes de nuestra cultura latina, diciembre entraña, como todo final, la ilusión de un nuevo comienzo. Pero ese nuevo inicio no llega, advierte el filósofo Santiago Garmendia. De la mal enterrada promesa de un reinicio en el comienzo de cada año deviene el fantasma del caos cuando el año termina, metaforiza el pensador tucumano. (Ver “El fantasma de Diciembre”).

En el Gobierno provincial conocen perfectamente de ese espanto. Y afirman que han hecho todo cuanto les es posible para conjurarlo.

El plazo más inmediato

“Aquí tenemos todo calzado”, dice, tucumanamente, una de las fuentes más encumbradas de la Casa de Gobierno. La síntesis alcanza tres niveles.

Por un lado, el hecho de que el jefe de Gabinete de la Nación sea el gobernador en uso de licencia, Juan Manzur, determina que un estallido social en Tucumán tendría doble impacto fulminante: en la provincia, ahora a cargo de Osvaldo Jaldo, y en el país.

Por otra parte, en el Poder Ejecutivo provincial sostienen que las tareas de “contención” (vocablo de notable uso justicialista) social “están al día”. Léase, se han desplegado los programas de asistencia social para los sectores vulnerables y confían en que ello evitará desbordes.

Finalmente, el Gobierno materializará ascensos al personal policial por primera vez en dos años. A lo que se suma que, según afirman en el Palacio de Gobierno, se han cancelado deudas con el personal de seguridad, fundamentalmente en lo referido al pago de los “Servicios Adicionales”. Con lo cual, aseveran, tampoco hay posibilidades de que se reedite un escenario como el de hace ocho años.

Eso sí: reconocen que “están seguros” de haber tomado todos los recaudos en Tucumán. Pero no pueden dar fe del resto de los distritos. Entonces, en un punto, también cruzan los dedos, como amuleto para llegar a enero.

En el poder político, durante diciembre, por miedo a la leña, nadie duerme.

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