Acorralados por la realidad

01 Dic 2021 Por Marcelo Aguaysol

Las presiones cambiarias no se disiparán en el último mes del año. Por el contrario, la fiebre por el dólar seguirá latente mientras el Gobierno nacional no muestre señales claras de que hará los deberes que se precisan en este momento para corregir los desequilibrios económicos. El Plan Económico Plurianual está tan verde como el dólar. Se espera que el presidente Alberto Fernández lo envíe al Congreso en los próximos 10 días, lo que también puede constituir una señal hacia el Fondo Monetario Internacional (FMI). Nadie arriesga a definir qué está dispuesta a hacer la Casa Rosada para mostrar un cambio de conducta fiscal interna y reconstruir la reputación internacional en el mercado global. La Argentina hace tiempo dejó de ser sujeto de crédito. Este año ha perdido su rol de mercado emergente y pasó directamente a dos categorías menos en la consideración internacional de los inversores. Ahora es considerado en la categoría “standalone”, es decir que está fuera de todos los flujos inversores. ¿Cómo apostar a un repunte sostenido de la economía si el mercado global sigue desconfiando de un país de alta riqueza natural, pero con políticas que no hacen más que profundizar los controles de capitales? Esa ha sido precisamente la advertencia que la banca Morgan Stanley ha hecho sobre la Argentina al momento de bajarle estrepitosamente la nota. En casi medio año de aquella reclasificación, la situación ha empeorado y hoy no hay dólares a la vista que puedan reforzar las escuálidas reservas internacionales del Banco Central. Otra vez el Gobierno reza para que el campo liquide sus divisas. Y le vaya bien.

De acuerdo con los cálculos privados, el agro le puede aportar unos U$S 3.600 millones si el Gobierno tiene una política más amistosa con los hombres del campo. La Rosada ha dado claras muestras de que su postura radicalizada no le ha servido para generar los consensos suficientes para revertir la desconfianza. ¿Será tal vez el momento para cambiar de política y acercarse más a aquellos sectores con poder de decisión económica? No es ideología, sino sentido común.

La señora desconfianza

El riesgo país sigue subiendo y supera los 1.905 puntos básicos. En lo que va del año ese indicador ya ha crecido en torno de un 40%, mientras el Banco Central sigue haciendo esfuerzos para sostener el tipo de cambio y para que las devaluaciones de la moneda nacional sean las más bajas posibles. La situación sigue siendo preocupante. La autoridad monetaria debió ayer vender U$S 80 millones y la sangría de divisas no se detiene. Sólo durante noviembre, la autoridad monetaria cedió U$S 800 millones.

Sin confianza se alimentan todo tipo de rumores en el mercado. Como el que inundó los celulares este fin de semana que indicaba que, tras el cepo al turismo en el exterior, el Gobierno nacional iba contra los depósitos en dólares de los argentinos. En realidad, desde mañana, las entidades financieras deberán venderle al BCRA sus tenencias en dólares. Con esta medida, el Central podría acceder a cerca de U$S 800 millones -al cambio oficial de $100,68-, con el fin de incrementar sus reservas líquidas.

Desde que Miguel Ángel Pesce asumió como presidente del Banco Central, en diciembre de 2019, ese organismo perdió U$S 7.572 millones en reservas netas, mientras que las brutas cayeron en U$S 1.679 millones, según los cálculos del equipo de economía de la Fundación Libertad y Progreso. Como agravante, esto se dio en un contexto en el que los precios de las commodities se encontraban en los niveles más altos de los últimos 10 años. Ahora el Gobierno vuelve a prenderle velas al campo para que liquide divisas.

Al arrancar la semana, el Central tuvo que salir a desmentir una pesificación de depósitos en dólares o un corralito, algo que los argentinos ya padecieron cuando se desató la crisis económica, financiera y social a fines de 2001. Por las dudas, ayer nuevamente salió a garantizar que no se tocarán los depósitos privados.

Las turbulencias cambiarias continuarán en la medida que el Gobierno no encuentre un camino para reconstruir su reputación financiera. Un paso hacia esa normalidad sería el diseño de un programa económico que no sólo les garantice a los organismos internacionales la capacidad de repago de las obligaciones, sino también que les permita a los agentes económicos vislumbrar lo que se espera que la Argentina realice en el corto y en el mediano plazo.

Otro aspecto fundamental es terminar con los dobles discursos. No es momento de encontrarle dueño a la lapicera, sino de cargar las tintas para que los actores que responden a una misma gestión se pongan a trabajar coordinadamente en busca de una salida para un país que se está acostumbrando a vivir de crisis en crisis. Está claro que el Frente de Todos o el Partido Justicialista, según como quiera mirarse al oficialismo, tiene una capacidad de supervivencia política e institucional que otros sectores de la política no han tenido en la misma situación de zozobra económica y financiera. El momento del país requiere un esfuerzo colectivo para encontrar las soluciones que demanda una realidad que acorrala a los gobernantes.

La Argentina necesita imperiosamente salir del círculo vicioso de la falta de resolución de conflictos. Y esto no se logra sacando los pies del plato, sino diseñando políticas que vislumbren una luz al final del túnel.

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