Cartas de lectores III: día de las personas sin hogar

29 Nov 2021

El 28 de noviembre se conmemora el “día mundial de las personas sin hogar”. ¿Quién no tiene o no tuvo un conocido en situación de calle en su vida? ¿Qué sabe o supo de sus capacidades, su forma de ser y su forma de hacer las cosas? ¿Qué sabe de las causas que lo llevaron a vivir en tal situación? Para los pocos que sufrieron esta desgracia y la superaron, cargar en la mochila de su historia personal este recuerdo, es tan tormentoso como halagador. El daño sufrido hasta esos momentos, quizás le deje secuelas para siempre. Pero el hecho de haber superado este trance, será motivo de honra, porque habrá logrado superarse a sí mismo en un momento de extrema vulnerabilidad en su existencia. Si bien lo sufrido deja su huella marcada a fuego con el tiempo como testigo, juez y verdugo, también el mismo actuará como restaurador de las heridas latentes y promotor del olvido. Una de las tantas preguntas que debemos hacernos socialmente es: quienes conocimos a alguien en esta situación, ¿hicimos algo por él o ella, o sólo nos limitamos a sentirles compasión, cuando no lástima? Conozco el caso de un hombre que perdió todo: familia, hogar, amigos, espacio físico (porque vivía en el norte y hoy lo hace en el sur) y hoy es un exitoso empresario en Buenos Aires. Mentiría si contara su historia porque no la conozco lo suficiente. Quien conocía todo en detalles, era uno de mis hermanos ya fallecido, porque era su amigo íntimo. ¿Por qué traigo a la memoria el caso de este hombre? Porque creo que por más sufrimiento o injusticia que viva el ser humano, es posible siempre empezar de nuevo. O intentarlo, al menos. Pero necesita una mano que lo ayude a levantarse. Y esto no es invento mío, es evangélico. La parábola del buen samaritano, es una enseñanza para poner en práctica hasta el final de los tiempos. No debe la indiferencia vencernos en estos casos. Debemos identificarnos con el necesitado y tenderle la mano que necesita sin sentir vergüenza. La vergüenza tiene que aparecer en nuestras malas acciones, y debería ser un freno. Levantar al herido, curarle sus heridas y llevarlo a un centro de rehabilitación no es ni será jamás motivo de vergüenza..

Daniel E. Chavez


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