Los talibanes enfrentan a un enemigo más sangriento - LA GACETA Tucumán

Los talibanes enfrentan a un enemigo más sangriento

El grupo radicalizado que se apoderó de Afganistán moviliza tropas para combatir al Estado Islámico Khorasan, en el este

26 Nov 2021
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PATRULLAS EN KABUL. El nuevo gobierno talibán que tomó el poder en Afganistán intenta dejar de ser un grupo insurgente y convertirse en un gobierno regular, con estricto control de la seguridad y la economía del país. REUTERS

KABUL, Afganistán.- Los combatientes del Talibán, que no pudieron ser doblegados en 20 años de invasión estadounidense y europea, enfrentan ahora un enemigo poderoso y feroz, al que no pueden acusar de complicidad con las potencias occidentales. Se trata de el brazo afgano de Estado Islámico, ISIS-K (en inglés), o Daesh, el acrónimo con tono despectivo que se usa en árabe para referirse a ellos.

Daesh, que promueve el combate contra Occidente y la creación de un califato islámico mundial, es una amenaza no sólo porque disputa el poder en varias provincias al grupo que tomó el poder en Kabul, el 15 de agosto.

Es una amenaza porque pone en duda la capacidad de los talibanes para controlar el terrorismo en el país, lo cual es una condición para que las potencias de occidente se mantengan al margen de los asuntos afganos.

Miles de combatientes fueron enviados por el gobierno talibán al este del país para hacer frente a los constantes atentados en las provincias en los que el grupo islámico les disputa el poder.

Las técnicas de intimidación que usan los talibanes para evitar que la población se una al ISIS-K son estremecedoras, según periodistas de medios internacionales. Una de ellas es colgar cadáveres de rivales para aleccionar al resto de la población.

Según un artículo publicado por el diario estadounidense “The Washington Post”, en la provincia de Nangahar se desplegaron, en un mes, más de 1.300 combatientes, con el objetivo de aprehender a sospechosos de pertenecer al ISIS-K, y aumentar la presencia del gobierno talibán.

Cientos de personas fueron arrestadas durante los operativos nocturnos, y muchos de ellos han desaparecido o aparecido muertos, según residentes de la ciudad de Jalalabad y de acuerdo al relato que hacen los propios talibanes.

“La lucha es difícil, y a veces brutal, pero tenemos que erradicar a Daesh no sólo por Afganistán, sino por todo el mundo, dijo Qari Nurullah Fateh, un combatiente talibán del grupo de inteligencia en Jalalabad. “Si alguien no se rinde, lo matamos”, dijo.

Los violentos intentos talibanes por controlar a la población están logrando hacer una efectiva propaganda a Estado Islámico, que recluta a cada vez más jóvenes con un llamado a rebelarse y resistir, según el diario estadounidense. Desde la toma de Kabul, Daesh se ha fortalecido, se ha vuelto más activo y ha expandido su presencia en casi todas las provincias afganas, según estimaciones de las Naciones Unidas. Algunos residentes de Jalalabad describen los operativos de los talibanes como más brutales que los de las tropas estadounidenses y sus aliados afganos.

En Nangahar temen que la cacería contra Daesh genere mayor descontento en la población y un mayor grado de afiliación al grupo islámico.

Estado Islámico dio los primeros golpes en Jalalabad, capital de Nangahar, poco después de la toma del poder, en agosto. Los líderes talibanes respondieron brutalmente. Asesinaron a los sospechosos de colaborar con ISIS-K y colgaron los cuerpos sobre las calles principales y más transitadas de la ciudad.

“Fue una lección de que esto es lo que pasa si te unes a Daesh. Queríamos mostrarles las consecuencias. Yo mismo colgué dos de los cuerpos”, confirmó Fateh. Estomó que otros combatientes talibanes colgaron unos 40 cuerpos más. Docenas de sospechosos de colaborar con Daesh fueron decapitados, “de acuerdo con la Ley Islámica” y con aprobación del gobierno talibán local.

Desde ese momento, la violencia se incrementó, según agentes de salud del lugar. Los líderes comunitarios y los residentes de la zona advierten que estas respuestas sólo potenciarán el descontento y ayudarán al ISIS-K a reclutar más jóvenes, y que será “el comienzo de una era brutal”.

El golpe en Afganistán y el ataque de los talibanes a las cárceles, tuvo un efecto inesperado, el de liberar a cientos de prisioneros de Estado Islámico.

Ahora, el grupo terrorista enemigo de los talibanes realiza atentados casi a diario en Jalalabad, capital de la escarpada e inaccesible provincia de Nangahar. Esa zona no pudo ser conquistada ni por las unidades de élite de Estados Unidos, y que es una ruta privilegiada para el contrabando de combatientes y de armas entre Afganistán y Pakistán. (Reuters-Especial)

Una purga para lavar la imagen

Los talibanes han formado una comisión para purgar a las “personas con mal carácter” de sus filas para proteger la reputación de Afganistán. El subjefe de los talibanes y ministro del Interior afgano, Sirajuddin Haqqani, dijo: “Hemos sabido que entraron personas de mal carácter en las filas y han estado causando mala reputación al Emirato Islámico (Afganistán) y sirviendo a sus intereses creados”. “Es nuestro humilde deseo que haya un pequeño número de personas, pero deben ser puras y sinceras para que este movimiento no se dañe”, dijo en el audio, cuya autenticidad fue confirmada por funcionarios talibanes.

Reportes en redes sociales mostraron que personas que se identificaron como talibanes perpetraron ataques contra civiles y ex miembros de las fuerzas de seguridad del gobierno derrocado desde agosto, pese a que se anunció una amnistía general.

Funcionarios talibanes niegan haber aprobado estos actos.
Haqqani también es el jefe de la Red Haqqani, que perpetró algunos de los ataques más brutales en los 20 años que dura ya la insurgencia. (Reuters)

El pedido de  las mujeres

Las mujeres afganas están pidiendo a la comunidad internacional que apoye sus derechos ante la constante represión de los talibanes y que presione a los gobernantes de cada país para que demanden al nuevo gobierno de Afganistán para que no las “borren” de la sociedad y las conviertan en prisioneras.

En la campaña que lanzó Amnistía Internacional, como parte de los “16 Días de Activismo contra la Violencia de Género”, comparte la historia de 16 afganas que, en los últimos 20 años, superaron barreras para participar en la vida del país a través del derecho, la política, la universidad y la comunicación.

Desde la toma de Kabul, el 15 de agosto, los talibanes han sometido a mujeres y niñas a fuertes restricciones. Aparte de las que trabajan en salud y de otros casos aislados, el resto tiene prohibido volver a sus puestos de trabajo y salir sin un mahram (tutor varón). Desde el 20 de septiembre, no se permite ir a la escuela a las niñas de más de 12 años, mientras que la segregación en las universidades restringe la presencia de mujeres en la enseñanza superior. (Especial)

Sin actrices  en la televisión

El gobierno talibán difundió esta semana una serie de restricciones a los medios de comunicación afganos, entre las que se incluye la prohibición de programas de televisión en los que participen actrices y la orden de que las presentadoras de noticias lleven el “hiyab islámico”,  sin definir qué significa eso.

El Ministerio de Virtudes y Vicios de Afganistán estableció nueve normas, centradas en la prohibición de cualquier medio de comunicación que contravenga los “valores islámicos o afganos”. Aunque la mayoría de las mujeres de Afganistán llevan pañuelos en la cabeza en público, las declaraciones de los talibanes que las mujeres deben llevar “hiyab islámico” preocupan porque el término es vago y podría interpretarse de forma conservadora, es decir que pueden ser obligadas a usar burka, la prenda que las cubre de pies a cabeza.
“La desaparición de cualquier espacio para la disidencia y el empeoramiento de las restricciones para las mujeres en los medios de comunicación y las artes es devastador”, dijo Patricia Gossman, directora para Asia de Human Rights Watch. (Reuters)

Refugio para la niña de ojos verdes: Italia recibió a la mujer cuya imagen hizo famosa National Geographic

El gobierno de Italia concedió refugio a Sharbat Gula, la “niña afgana” cuya foto de 1985 fue un símbolo de la desesperación de los refugiados dentro de su propio país. Su llegada forma parte de un programa más amplio para evacuar e integrar a ciudadanos afganos.

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