Vergüenza: un clásico de la Liga Tucumana

La final que no estaba aprobada por Seguridad Deportiva se jugó igual y terminó en un caos: la violencia volvió a dejar el fútbol en segundo plano.

DESESPERACIÓN. Una fanática es ayudada a cambiarse de tribuna. De la violencia no se salvó nadie en barrio El Bosque. DESESPERACIÓN. Una fanática es ayudada a cambiarse de tribuna. De la violencia no se salvó nadie en barrio El Bosque. LA GACETA / FOTOS DE ANTONIO FERRONI

Atado con alambre, como cada torneo y/o partido organizado por la Liga Tucumana. Lo que debía ser una fiesta, terminó siendo un escándalo. En una nueva final del Anual, al igual que en varios años anteriores, lo futbolístico quedó en segundo plano opacado por los incidentes. Sí; cosas que suceden casi todos los años y de las que nadie se hace cargo.

El partido no debía haberse jugado en la tarde del domingo porque Seguridad Deportiva le había bajado el pulgar. Los problemas entre la entidad madre del fútbol local y la Policía hacían que en la previa no hubiera garantías. Pero desde la Liga intentaron pisar fuerte, decidieron apostar un pleno que terminó saliendo extremadamente mal.

“La final la jugaremos con seguridad privada”, plantaron bandera en la mañana de ayer, tal vez, con una cuota de soberbia. Cerca de 80 personas tenían a cargo la seguridad de más de 8.000 espectadores, más las delegaciones de Unión del Norte y Bella Vista y la terna arbitral. Una locura, teniendo en cuenta que hace una semana para el partido San Martín-Tigre, por la Primera Nacional, el operativo policial contaba con más de 450 efectivos.

El partido nunca debió haber comenzado. Sin embargo decidieron imponer una final que venía cruzada desde un primer momento. No sólo se jugó; sino que la cosa terminó mal, muy mal.

Que Unión del Norte haya vencido a Bella Vista 4 a 2 por penales y haya logrado el primer título en Primera de su historia, a esta altura resulta anecdótico. Pero es así, como en tantas otras situaciones de partidos disputados por el principal torneo tucumano, lo policial termina imponiéndose por sobre lo deportivo. Los incidentes, los heridos y la vergüenza opacan lo que debería ser el único foco del análisis.

Pese a que Infantería de la Policía llegó al estadio de Central Norte, con efectivos, camionetas y caballos, no pudo hacer nada para evitar que el partido se jugara.

Los hinchas de Bella Vista fueron mayoría y desde muy temprano comenzaron a caldear el clima. Si la final pintaba para terminar mal por todo lo que había sucedido durante las últimas horas, el comportamiento de los fanáticos del “Gaucho” confirmaba cualquier tipo de presagio.

Primero, durante la primera mitad, comenzaron a pelearse entre sí y el partido debió ser detenido por un rato. En el entretiempo, generaron más inconvenientes; invadieron la tribuna de calle Marcos Paz, que había sido clausurada y comenzaron a a agredir a la parcialidad de Burruyacú.

En el complemento volvieron los inconvenientes entre sus hinchas y el juego otra vez se detuvo y cuando el “Cuervo” del norte logró el empate se vivieron momentos de máxima tensión. Sus fanáticos ya no sólo fueron hostigados, sino agredidos también. Pese a todo, el juego continuó.

En los penales, cuando se decretó el triunfo de Unión del Norte, los hinchas de Bella Vista arremetieron con furia. Invadieron la cancha, intentaron agredir a los jugadores campeones quienes no pudieron ni festejar y debieron salir corriendo para recluirse en el vestuario.

Hubo ladrillazos y piedras; muchas corridas, golpes, gases lacrimógenos, personas heridas y vehículos rotos en los alrededores del estadio.

No se salvó absolutamente nadie. El estadio era tierra de nadie (por no decir que estaba sitiado por los hinchas del “Gaucho”). En el vestuario del árbitro, los jueces e incluso varios periodistas tuvieron que esperar durante más de una hora para evitar cruzarse con los violentos; que a esa altura estaban totalmente fuera de sí y amenazaban con llevarse por delante lo que se les pusiera enfrente.

Una vergüenza inexplicable e inaudita. El partido no debía haberse jugado nunca, pero desde la Liga lo impusieron y la cosa se desbordó de la peor manera posible. Para colmo, con los incidentes consumados, nadie dio la cara ni se hizo cargo. Casi una costumbre, como los incidentes en cada juego de la Liga.

“Silenzio Stampa”: ningún dirigente de la Liga dio la cara

Locura total. Luego de los incidentes en el estadio de Central Norte, ni el presidente Darío Zamoratte ni ninguna autoridad de la Liga Tucumana brindó explicaciones de lo sucedido. El silencio fue total. El único que dio la cara fue el comisario José Jiménez, quien está a cargo de Seguridad Deportiva en la provincia. “Nosotros tratamos de custodiar a la gente de Unión del Norte; preservar la integridad física de ellos y de sus familiares”, explicó.

A pesar que desde ese órgano habían advertido que el partido no debía jugarse y que la Policía se hizo presente en las inmediaciones del estadio de Central Norte para tratar de evitar que se pusiera en juego, no hubo caso. Los inconvenientes estuvieron a la orden del día desde el primer minuto de juego y estallaron una vez que el “Cuervo” gritó campeón.

“Utilizamos balas de gomas para disuadir a la hinchas de Bella Vista. Sólo hubo un muchacho que se cayó en la corrida y fue revisado por los médicos”, aclaró Jiménez, sobre lo ocurrido sobre calle Marcos Paz y Juan José Paso.

José Suasnábar, vicepresidente a cargo de la presidencia del conjunto de Burruyacú casi no tuvo palabras para describir lo sucedido. “Es lamentable lo que pasó. Una cosa de locos, nunca pensé que todo terminaría así. Fue lamentable”, sentenció.

“Nosotros hicimos prevención externa del estadio. Una vez que terminó el partido, acompañamos la gente de Unión del Norte hasta la autopista para que pudieran regresar a Burruyacú”, dijo Jiménez pasadas las 21.30 de ayer y advirtió que ahora se hará una revisión de los hechos para tomar decisiones. “Vamos a elevar un informe al Comité de Seguridad con todo lo que sucedió en el estadio de Central Norte. Allí se decidirá qué pasará”, remató.

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