
Mientras solucionábamos los problemas del mundo, con mi vecino Jorge quemábamos guano de caballo, eucalipto y pasto seco, para, al menos, marear y espantar a las bandadas de zancudos, inmunes a los repelentes e insecticidas. El espiral parece ser su oxígeno o combustible; estos pichones de vampiros nos chupan la sangre sin piedad, peor que los impuestos que pagamos para que al menos una vez nos fumiguen y no se los gasten en campañas políticas. Una de estas campañas se parece al grito de batalla imaginario de los insectos maléficos que, afilando sus flechas e impregnándolas con virus del dengue, la covid y otras pestes, salen a atacar no solo ya de noche sino a toda hora, al son de ese tétrico y terrible zumbido, cual suave melodía de un violín maquiavélico...”Somos muchos, un montón, estamos más unidos que nunca”. No piensen que lo que se escucha en las casas son aplausos; los ¡Pla pla! son chancletazos o chirlos, que repartimos para todos lados. Vayan sabiendo que somos pocos y ya nos conocemos; muchos son los zancudos. ¡Fumiguen!
Francisco Amable Díaz
Pedro G. Sal 1.180 B° 20 de Junio
San Miguel de Tucumán







