
Controlando los asuetos que se otorgan a la actividad escolar, que se reimplantó con gran entusiasmo al aflojar la pandemia, podemos observar que se está tratando el tema con bastante laxitud, más bien inadecuada a las amargas reflexiones provocadas por su obligada suspensión. El celo en recuperar el tiempo perdido brilla por su ausencia, tanto en autoridades como en docentes. Promesas e intenciones por doquier, pero sin una seria planificación extraordinaria en búsqueda de la recuperación del tiempo perdido. Pruebas al canto: los días feriados previstos para un año normal se siguen respetando, aún aquellos de poca o nada magnitud creativa, patriótica o religiosa. La visita a los difuntos queridos puede hacerse los fines de semana, como tantas otras recordaciones. ¿Para qué perder una jornada completa, si un par de horas es suficiente para cumplir con tal o cual ritual? Ya hemos perdido casi dos años a causa de esta abrumante relajación, a sabiendas de los perjuicios que nos acarrearía. ¿No está siendo ya hora de levantarse y retomar con energía la carrera propuesta de progreso y bienestar que merecemos, aún en medio de tantas angustias y necesidades, con un desafiante “¡Allá vamos!”?
Darío Albornoz
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