La muerte también da risa

Por Leonardo Batisda Aguilar - Licenciado en Etnohistoria.

30 Octubre 2021

“¿Con qué he de irme? / ¿Nada dejaré en pos de mí sobre la Tierra? / ¿Cómo ha de actuar mi corazón?/¿Acaso en vano venimos a vivir,/ a brotar sobre la Tierra?/ Dejemos al menos flores/ Dejemos al menos cantos”, menciona en una de sus poesías el rey de Texcoco, Nezahualcoyotl, una de las principales voces de la sabiduría náhuatl. En tiempos más actuales, después de la simbiosis con el catolicismo, las expresiones culturales alrededor de la muerte continuaron en los altares de muertos. Pero además, como señala Octavio Paz, para quienes viven en México la muerte puede ser indiferente debido a que la vida misma lo es, y siempre que hay oportunidad, surgen la burla y el humor. Por eso puede dar pie a expresiones artísticas como las de José Guadalupe Posadas, quien a principios del siglo XX creó “La Catrina”, esa dama de alta sociedad que sólo es un esqueleto, y que dictó la estética de la celebración de los muertos. Una visión cultural que puede creer en poblados como Comalá, dentro de la atmósfera rulfiana, con la muerte y la vida en un mismo espacio geográfico donde puede habitar Pedro Páramo. O que personajes como Macario, surgido de la pluma de un alemán avecindado en México, puedan dialogar directamente con la muerte. En la idiosincrasia mexicana, con sus múltiples variantes, de cualquier situación emergen la risa y la reflexión a través del humor. Por eso cada año se recuerdan los ancestros con sus fotografías y se les cocinan sus platillos favoritos. Si son menores de edad, los degustarán el 1 de noviembre; si son mayores, el 2. Y habrá bullicio, se contarán anécdotas de su vida, se les dedicarán oraciones... pero sobre todo, se volverá a sentir su presencia para continuar riendo, al menos, un día al año.

Comentarios