Fábulas sobre el origen de dos zambas populares - LA GACETA Tucumán

Fábulas sobre el origen de dos zambas populares

El poeta salteño Leopoldo “Teuco” Castilla da por tierra con las historias de “Pastor de nubes” y “La pomeña”, cuyas letras escribió su padre Manuel.

26 Oct 2021 Por Roberto Espinosa
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AL AIRE DA SU TERNURA. La zamba de Manuel Castilla y el Cuchi Leguizamón hicieron famosa a Eulogia Tapia.

Una travesura fraterna los lleva al río Lavayén. En una de sus orillas ha hecho su querencia un chileno. Mientras este hace el asado, el enduendado dúo conversa primero con la esposa de ese hachero que llora nostalgia por su tierra. Se acerca Maturana. “Con la tierra no caben dos amores, se puede querer a dos tierras, pero cada una a su tiempo, no hay que armar entreveros, si no, va a sufrir mucho”, le dice Barbudo, quien de tanto en tanto siluetea unas anotaciones en un papel. De regreso, al bajar del auto, Manuel Castilla le da a su cofrade un papelito: “tomá, ya l’ hai hecho a la letra”. “Esa picardía me hacía Manuel. Yo había conocido ya al personaje, me daba entonces la letra y por supuesto, la música salía sola”, cuenta Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

Muchas canciones se inspiraron en personajes reales. Maturana, Juan Panadero, La Pomeña (Eulogia Tapia), la Navidad de Juanito Laguna, Cantora de Yala (Santa Leoncia de Farfán), El Fiero Arias, Zamba de Lozano (la Niña Yolanda)… son algunas piezas que el Cuchi y el Barbudo sacaron del horno de su fecunda producción.

A veces, el nacimiento de una canción padece de diferencias, sobre todo, cuando los destinatarios están vivos. A veces la fábula se hace realidad, diría un abuelo. En 1967, Pastor de nubes, zamba de Manuel Castilla con música del salteño Fernando Portal obtiene el primer premio en el III Festival Odol de la Canción-Canal 13 y conquista la popularidad rápidamente.

Ese que canta es Barboza, pastorcito tastileño. Apenas se lo divisa, cuando llovizna en el cerro. Cada cardón de la falda se le parece por dentro, un poco por las espinas, pero más por el silencio...

Hace unas semanas, en una amable crónica, “El Chola” Leopoldo Barboza (84 años) le contó al periodista Antonio Gaspar (diario El Tribuno, de Salta, 10/10/21) los supuestos entretelones de la zamba y se adjudicó ser el inspirador de la letra. Pastor y coplero que vive en Santa Rosa de Tastil, relató que Castilla había llegado en tren para visitar al telegrafista del pueblo. “Era uno de apellido Raspa, era su cuñado… El poeta vino por dos días y una tormenta en Diego de Almagro provocó un derrumbe en el puente 20. Vinieron los del Ferrocarril y dictaminaron que el servicio se suspendía por un mes. Al final fueron 28 días... comenzamos a charlar… yo salía de trabajar de enfermero y me juntaba con el poeta. Primero se tomó todo el vino del pueblo, no duraron las provisiones de tinto. Un día llegó a la Enfermería a pedirme alcohol para hacer yerbiao… Castilla volvió al tiempo con la novedad de que la zamba había ganado. Me había traído una caja con todas cosas ricas para comer y con recuerdos. Volvimos a tomar vino, y festejamos. A partir de ahí vinieron muchos famosos”, cuenta Barboza en la crónica del diario salteño.

AL AIRE DA SU TERNURA. La zamba de Manuel Castilla y el Cuchi Leguizamón hicieron famosa a Eulogia Tapia.

Mirando pasar las nubes, encima ‘el cerro me quedo, y de golpe me parece que soy yo el que se está yendo. La florcita amarilla de tu sombrero, pastora dámela en Pascua, que es tiempo de andar queriendo…

También tiene recuerdos sobre el gran duende salteño: “un año vino el Cuchi Leguizamón con un colectivo lleno de maestras jubiladas rosarinas. Les había dicho que me conocía y se coló en la delegación y en realidad, nunca lo había visto. Sabía quién era, pero no lo conocía. Llegó con una damajuana dispuesto a macharme y que le cuente historias. Seguro, el Barbudo le recomendó eso. Se ponía la damajuana en el hombro y cargaba los dos vasos mano a mano. No le fue bien, el que se encurdó fue él. Las maestras lo tuvieron que subir al colectivo y se lo llevaron mamao”, comenta El Chola.

Mentor de una importante obra poética, Leopoldo “El Teuco” Castilla, hijo de Manuel, se indigna con estas historias. “Me contó mi padre que en Santa Rosa de Tastil, un enfermero de apellido Barboza se había adjudicado ser el pastor que menciona la zamba Pastor de nubes, cuando en realidad el pastor era un niño -de allí lo de ‘pastorcito’ como refiere la letra- y posiblemente, era un sobrino del enfermero Barboza. Al parecer la inminencia de la visita de turistas que van a esa localidad ha incrementado la aviesa imaginación de este señor con falsedades de este estilo, como que mi padre tomaba yerbeado con alcohol, como que estuvo Gustavo Leguizamón en las circunstancias que este señor menciona, describiéndolo, además, en un estado lamentable. La canción suele extender su leyenda y eso es inevitable. Salvo cuando otros móviles no tan inocentes la falsifican”, le dice el Teuco a LA GACETA.

Eulogia Tapia, en La Poma, al aire da su ternura, si pasa sobre la arena y va pisando la luna. El trigo que va cortando madura por su cintura, mirando flores de alfalfa sus ojos negros se azulan...

La protagonista de La Pomeña reveló hace tiempo la circunstancia que habría sido el punto de partida para la famosa zamba del Barbudo y el Cuchi. Pastora y coplera de La Poma, Eulogia Tapia narró que tenía apenas 18 años cuando participó en un boliche en un contrapunto de coplas con el poeta Manuel Castilla, quien no solo perdió, sino que al día siguiente, el vate fue a su rancho, sediento de revancha, y fue nuevamente derrotado: “yo estaba con mi padre sembrando, entre la alfalfa, como dice el tema. También estaba el sauce, que está como llorando. Todo eso vieron ellos. Y cuando hablan de ‘porque te roban, Eulogia, carnavaleando’ era porque me habían robado una chiva... ‘Su hija es excelente cantora, le haremos una zambita’, le dijo Castilla a mi padre”.

El Teuco poeta se ocupa de dar por tierra con esta historia repetida en tantas oportunidades que ha sido tomada como cierta. “Hechos que no ocurrieron como la difundida payada de coplas en la que, según afirma Eulogia Tapia, le ganó a mi padre. Y esa payada no existió nunca y puedo dar fe porque yo estuve presente en esas circunstancias y en toda la estadía de mi padre en La Poma. Aunque en este caso la señora Tapia -a quien se la nombra en la zamba La Pomeña- tiene todo el derecho de inventar que tuvo una payada con Manuel J. Castilla, ya que este poeta con la misma impune imaginación la hizo pisar la luna, según cuenta la letra de la canción”, afirma Leopoldo Castilla.

Viene en un caballo blanco, la caja en sus manos tiembla. Y cuando se hunde, en la noche, es una dalia morena. El sauce de tu casa te está llorando, porque te roban, Eulogia, carnavaleando.

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