Motociclistas, inconducta vial y violencia - LA GACETA Tucumán

Motociclistas, inconducta vial y violencia

18 Oct 2021

El terrible incidente de tránsito en avenida Perón y las Rosas, donde un motociclista pateó salvajemente en la cabeza a un peatón luego de una discusión por reclamos por infracciones, pone en el tapete varias cuestiones vinculada con nuestra incultura vial y el agravamiento de los problemas.

La primera es la falta de medidas conducentes para frenar la marea de percances de tránsito que traen aparejadas las motocicletas, fenómeno que ha ido creciendo a pasos agigantados, a tal punto que ya es el principal vehículo protagonista de los accidentes y generador de situaciones de conflicto permanente en cualquier parte de la provincia, ya sea las calles de las urbes, las rutas o los caminos vecinales del interior. Los motociclistas circulan en zig zag, se cruzan sin hacer señales, suelen no usar casco y parecieran sentir que no les corresponde obedecer las luces de los semáforos. Basta con ubicarse en cualquier cruce de avenidas para presenciar en pocos minutos que la conducta de cruzar con luz roja es ya la regla y no la excepción. En el campo, donde la moto es un vehículo de primera necesidad -por la falta de transporte público necesario y suficiente- no hay prácticamente autoridad para hacer cumplir aunque sea mínimamente las normas básicas, como el uso de casco o que no circulen más de dos personas por vehículo. Las consecuencias están a la vista: por un lado, la mayor proporción de accidentados en los hospitales es de motociclistas y por otro lado han proliferado en los pueblos antes tranquilos las estrellas pintadas en el asfalto, marcas de tragedias en accidentes.

Por otra parte, el secuestro de motocicletas es constante y se transformó en una de las principales tareas de los agentes de tránsito municipal y también de la Policía Vial, no sólo por infracciones sino también por problemas de papeles. Esto ha dado lugar a muchos incidentes desproporcionadas de los conductores de autos y de motos -en enero hubo una pelea con inspectores y en julio un agente municipal fue desmayado de una trompada por el padre de un conductor que circulaba en vehículo sin patente- y también a episodios singulares, que mostraron que no sólo se trata de conductas de personas con vehículos pequeños o de trabajo, sino también personas pudientes. Es recordada la persecución y secuestro de una moto BMW del hijo de ex legislador y hace poco un jugador de fútbol fue noticia por circular en una Harley-Davidson sin patente y sin seguro.

Precisamente el incidente de Perón y Las Rosas se originó por el intento del motociclista de esquivar un control, lo cual dio lugar al incidente con el peatón.

Acá entra otro de los problemas de nuestro tránsito, que es la reacción violenta, llamada “furia del camino”, que aparentemente se ha exacerbado durante la pandemia, que ha sido notada ya por los estudiosos del problema vial. No hace mucho se suscitó el incidente entre un juez y un motociclista, motivo por el cual el magistrado -que ha acordado reparar el daño al otro conductor- está siendo sometido a juicio político.

Convendría que se observe estos fenómenos como parte de problemas estructurales en nuestra cultura vial, que requiere educación intensa y acciones claras para cambiar las cosas, habida cuenta de que la mera persecución, el secuestro y las multas no son suficientes. Se trata de otra epidemia que padecemos y deberíamos atenderla en su adecuada dimensión.

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