La vida de meme en meme - LA GACETA Tucumán

La vida de meme en meme

18 Oct 2021 Por Pablo Hamada
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¿Qué tienen en común un meme de Ricardo Fort y el estudio de la genética? ¿Por qué un chiste sobre Julio Iglesias puede convertirse en un replicador de la dimensión cultural? Los memes nos invaden todos los días, llegan a nuestros ojos sin pedirlos, nos reímos con ellos y como entidades vivas se multiplican a la velocidad de un virus. Luego son noticia, pasatiempo y en casos excepcionales obras de gran valor. Los memes de la web se convirtieron en un signo de época, un compendio de interpretaciones de un mundo cada vez más complejo y tolerable, en un extremo, sólo a través de la parodia.

Nos hemos habituado al meme sin saberlo. Si se separan Wanda Nara e Icardi o Whatsapp se cae a nivel global y el deseo de ver memes se incrementa en nosotros como un instinto imposible de frenar. El meme es salvaje, nos domina y tiene sus propios códigos. Leer memes más complejos es casi como un don de los expertos. Nadie sabe quién hace los memes, simplemente están a la orden del día, del segundo.

¿Pero qué es realmente un meme, cuál es el minuto cero de esta forma de expresarnos y de interpretar nuestro tiempo? El origen de la palabra nada tiene que ver con las sátiras que reemplazaron las revistas de humor para correr los límites de la interpretación. Lo primero que podríamos decir es que los memes nacieron por fuera de Internet; es más, la idea tiene ya 45 años dando vuelta y tuvo su origen en un terreno académico para explicar la transmisión cultural. Primera clave: no todo meme es un meme de internet.

El término fue acuñado por el biólogo Richard Dawkins en 1976 en su libro “El Gen Egoísta”. Dawkins es un biólogo evolutivo que fue disruptivo en la escena científica cuando propuso la idea de que así como los genes se reproducen, mutan y están sometidos a procesos de selección, existen unidades culturales que también tienen el mismo comportamiento. El meme, según Dawkins, es una unidad de transmisión social que pasa de un cerebro a otro mediante cualquier forma de comunicación del humano y que siempre es susceptible de ser imitada. De esta forma, el científico pretendía explicar cómo fenómenos como el arte y la religión podían ser tan comunes en las sociedades humanas a pesar de no tener ningún sentido pragmático para la supervivencia.

La clave para explicar la evolución genética y los memes sociales según Dawkins está en la información. Así como los genes se replican en información alojada en nuestros cromosomas, los memes utilizan el habla, la escritura, los gestos humanos para reproducirse a lo largo del tiempo. El acto de comer no es un meme, pero sí lo es almorzar o cenar, compartir con alguien ese acto biológico con determinados rituales que llegaron a ser inexplicables.

Así como los genes, los memes tienen que luchar con otros memes para sobrevivir. Si antes nos lavábamos las manos antes de comer (otro meme), la pandemia vino a reforzar dicho acto por circunstancias externas al propio meme. Usar un barbijo es quizás un meme que con el tiempo quede extinto o bien se solidifique en nuestras costumbres. La complejidad de nuestros patrones culturales, su dinamismo y las circunstancias a las que son sometidos, dictarán la sentencia sobre otras tantas acciones que hoy consideramos cotidianas.

El meme de internet tiene algunas particularidades que sobreviven de su origen conceptual. Su capacidad de repetirse sin límites y su conexión con el entorno son algunas de las características determinantes. Un meme argentino quizás no sobreviviría un segundo en las redes sociales alemanas o coreanas. Sin embargo, el meme digital tiene un componente casi universal: el humor. Sin él, el meme no funciona, se extingue como un gen que no ha entendido su entorno y que en vez de propagarse se apagará hasta el olvido. El humor, la parodia, la ironía son los propulsores de un lenguaje que hemos naturalizado todos los días en las pantallas que habitan nuestros bolsillos, desayunos y horas de trabajo.

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, acuñó Karl Marx y al parecer, el meme nos ayuda a aliviar el peso de la existencia. Los genes biológicos de Fort y de Marx se extinguirán en algún momento, como los de todos nosotros.

Los memes en cambio seguirán evolucionando, mutando más allá de nuestra existencia. En ellos sobrevuela nuestra mirada satírica del mundo, pero también la utopía, el deseo, por más inútiles que sean.

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