
El jueves tuvo su presentación oficial el curso de arbitraje para los jugadores de UPAL (”Un Pase a la Libertad”), el equipo de rugby que desde hace casi seis años funciona en el penal de Villa Urquiza. La iniciativa apunta a profundizar los conocimientos de los internos en los detalles técnicos y reglamentarios del rugby, y de esta manera promover su interés en este deporte, a través del cual se intenta transmitirles disciplina y valores de convivencia. Se trata además de una propuesta inédita a nivel país: si bien el rugby en contexto de encierro ya se viene implementando desde hace bastante en casi 70 instituciones carcelarias de Argentina, esta es la primera en la que los internos podrán formarse también como árbitros. No solo para aprender del juego y dirigir los partidos amistosos que UPAL disputa con los clubes que visitan el penal, sino con la posibilidad de sumarse al panel de referís de la Unión de Rugby de Tucumán a partir de recuperar su libertad.
Precisamente, el programa de rugby que lleva adelante semana a semana Patricio Perondi en el penal no se agota en darle a los reclusos una actividad que los motive y les permita canalizar la violencia a la que han estado acostumbrados desde siempre, sino que apunta a lograr una transformación que trascienda los muros de la prisión. Por caso, entre los jugadores de UPAL que ya cumplieron su condena, se cita el caso de un interno de Bolivia quien tras recuperar su libertad regresó a su país, se unió a un equipo de rugby y por sus condiciones pronto fue convocado al seleccionado nacional boliviano. A través del deporte, encontró un camino mejor. Perondi lo cuenta como uno de los grandes orgullos del programa, que actualmente nuclea a unos 60 internos de Villa Urquiza, incluyendo a varios de máxima seguridad. Allí se entrenan uno a la par del otro, sin distinción de condena ni de pabellón.
Como suele suceder, surgen reparos al respecto ante este tipo de iniciativas. Una buena parte de la sociedad opina que quienes están allí dentro no merecen más que encierro y castigo por los delitos que cometieron, y se confiesan escépticos ante la posibilidad de que se reformen. Sin embargo, los programas de rugby en contexto de encierro que se han implementado en diversos penales del país y del mundo han ayudado a disminuir drásticamente los índices de reincidencia. En ciertos lugares cayó del 60% al 4%, aseguran desde la Fundación Espartanos, que dirige el equipo de rugby de la Unidad 48 de máxima seguridad de Buenos Aires y que ha asesorado a muchas iniciativas similares en el país, como UPAL o “Los Infernales” de Salta. No solo eso: el rugby como herramienta de enseñanza de disciplina y valores ha ayudado en forma significativa a reducir el nivel de conflicto entre los propios internos.
“La gran mayoría de los que está acá adentro convivió desde siempre con la violencia y el delito. Es muy difícil salir de ese circuito, porque no conocen otra realidad. Eso es lo que nosotros tratamos de mostrarles: que hay otra forma de vivir. Para que el día de mañana, cuando recuperen la libertad, no vuelvan nunca más a este lugar”, explica Perondi, a quien los internos respetan y agradecen por haber transformado lo que era “una tribu” en un equipo.
Existe desde la URT la intención de algún día extender la enseñanza de rugby y el dictado del curso de arbitraje en la cárcel de mujeres de Banda del Río Salí, así como de formar un equipo de rugby conformado por guardiacárceles y empleados del servicio penitenciario, cuyo número actualmente ronda los 1.200 en Villa Urquiza.







