Las prácticas deportivas ilegales y el “hablar sin saber”

10 Octubre 2021

Parodiar una de las tantas prácticas argentinas irresponsables era el objeto del sketch “Hablemos sin saber”, del programa de televisión Sin Codificar. En él, se hablaba de cualquier tema de manera grotesca, pretendiendo erigirse en un especialista del asunto en cuestión. Qué cerca de eso se está en el automovilismo y en el motociclismo del norte, en puntos fundamentales para esas actividades. Una de ellas es la  revisión médica obligatoria por tratarse -vale decirlo porque no todos parecen entenderlo-, de una práctica deportiva de riesgo. Otra es lo referido a los seguros que deben regir en las actividades, peligrosas por el uso de un vehículo, por las velocidades que se alcanzan y por las maniobras que se realizan, entre otras cosas. Resulta que en el afán de “ahorrarse” los montos de lo que se debe pagar para contar con una licencia, hay competidores que prefieren ir a correr a sitios donde no se la piden. Por extensión, esos lugares no están regidos por las normativas de la Comisión Deportiva Automovilística del Automóvil Club Argentino, la autoridad nacional. Es decir, por el afán de correr, se mira para otro lado ante una realidad: en una carrera pueden suceder accidentes. Y cuando esto ocurre, ¿quién se hace cargo?

Además de asistir a estas carreras (a las que algunos consideran “cuadreras”), esos grupos alimentan monstruos: son competencias viciadas de ilegalidad. Aún más, el alimento lo reciben de parte de autoridades políticas de pueblos y ciudades donde se presentan, las que avalan estas actividades con el argumento temerario de darle un entretenimiento a la gente y “ayudar” al deporte y a los deportistas. Al mismo tiempo, con esta tesitura, los que van a correr a estos sitios terminan haciéndole un vacío a aquellas plazas que se rigen por las normativas vigentes. Y abren interminables juicios de valor en redes sociales, con palabras que en su mayoría demuestran que aquello de “hablar sin saber” ya no es apenas una postura, sino un peligroso juego que resta posibilidades a cualquier práctica deportiva responsable.

El panorama es preocupante, se agrava año a año. Y asusta que cada vez son menos los que buscan torcer el rumbo.

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