El final de la “era Merkel” - LA GACETA Tucumán

El final de la “era Merkel”

Se despide del gobierno alemán la mujer más poderosa del mundo.

26 Sep 2021
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Angela Dorothea Merkel, científica, sobria y poderosa, con una carrera política tan larga como desigual su legado, guiado por el pragmatismo y la obsesión por la estabilidad, se retirará como canciller de Alemania, luego de 16 años en el poder.

Los comicios de hoy serán los primeros en más de tres décadas en los que ella no se presenta a ningún cargo electivo. Los alemanes consagran los diputados que deberán elegir canciller para 2021-2025 y, por primera vez desde 2005, Merkel no disputará ese cargo.

A partir de la elección de los 709 diputados del Bundestag -el órgano federal supremo legislativo- se abre un período de negociación para la elección de la persona que estará al frente del Gobierno.

El argentino Franco Delle Donne, doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin, declaró para un medio germano que la ausencia de la canciller será una novedad y causará “una cierta nostalgia por el fin de una era”. Desde hace más de 15 años, “cada vez que (los alemanes) fueron a votar, siempre sabían que iba a ganar Merkel, la única duda era con quien iba a gobernar”, afirmó.

Merkel llegó en 1990 (el año de la reunificación alemana tras la caída del Muro de Berlín el año anterior) a ser diputada del Bundestag, la cámara baja del Parlamento alemán, como representante de una región al norte de Alemania, que limita con el mar Báltico. Entre 2000 y 2018 fue presidenta de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU por sus siglas en alemán), cargo que ejerció al mismo tiempo que el de canciller, para el que fue elegida en 2005. Ahora, su partido, la Democracia Cristiana, enfrenta una posible derrota electoral frente al candidato del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), cuyo candidato, Olaf Scholz, tiene el 25% de intención de voto. Con esos números, es muy posible que necesite el apoyo de otros partidos para formar gobierno.

El candidato del partido de Merkel, Armin Laschet, que se presenta en coalición entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), llega con el 20% de intención de voto, lo que preanuncia una derrota para la superpoderosa canciller.

El gasto público

Hay una generación que creció con Merkel en el poder y no conoce otro gobernante. Esos jóvenes la juzgan de manera implacable porque no hizo lo suficiente para enfrentar la debacle medioambiental. “Lenta y nada progresista frente al cambio climático”; “prometió reducir emisiones cuando seguimos quemando carbón”, “aún somos uno de los países más atrasados en materia de energías renovables”, son algunos de los cuestionamientos.

En su haber, quedan la estabilidad política, la fortaleza del euro frente a varias caídas, y el haber gestionado satisfactoriamente la política durante la pandemia, una crisis que se llevó puestos a numerosos gobernantes en el mundo. Tres cuartas partes de los alemanes se dicen satisfechos de su acción al frente del país, según los sondeos, aunque haya marchas contra el confinamiento y gente que se opone a la vacunación obligatoria contra la covid-19. De hecho, el jueves, en uno de sus últimos actos de campaña para acompañar a Laschet, recibió abucheos y gritos que le imputan ser una “dictadura” por las restricciones derivadas de la pandemia.

Ella dijo que fue el mayor desafío que enfrentó el país desde la Segunda Guerra Mundial y que el confinamiento, que le recordó su vida en la ex República Democrática de Alemania, constituyó, “una de las decisiones más difíciles” en sus 16 años en el poder.

Durante este tiempo, fue una ferviente defensora de la austeridad europea. Luego de la crisis financiera de 2008, en la que hubo estallidos sociales como los de Grecia, propulsó el aumento del gasto y la mutualización de la deuda, lo único, según ella, que podía salvar el proyecto europeo.

La apuesta política más osada la realizó en el otoño de 2015, cuando decidió abrir las puertas a centenares de miles de solicitantes de asilo sirios e iraquíes, a pesar de tener la opinión pública en contra. Alemania se convirtió así en el país europeo que mayor cantidad de refugiados recibió en los últimos años.

Las elecciones

Más de 60 millones de alemanes están convocados a votar este 26 de septiembre en las elecciones generales, que suponen además el fin de 16 años de “era Merkel”.

Los sondeos más recientes (además de pronosticar el triunfo del SPD mediante Scholz, actual vicecanciller y ministro de Finanzas, por delante del conservador Laschet, apoyado por Angela) advierten que hay que prestarle mucha atención a una tercera fuerza.

La candidata verde, Annalena Baerbock, se presenta como la postulante del “cambio real”. Su partido está presente en 11 de los 16 gobiernos regionales y lidera la coalición en el estado federado de Baden-Württemberg.

Ninguno de los partidos se plantea una coalición con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Esa agrupación política es actualmente el principal partido en la oposición, a la vez que representa una verdadera preocupación para toda Europa por sus posiciones extremas contra los inmigrantes y contra el Islam.

La economía

Cuando asumió, Merkel recibió un país con crecimiento débil y alrededor de 5 millones de desempleados (11,6%). Deja el poder con un crecimiento a mejor ritmo y con un desempleo reducido a menos de la mitad (5,6%). Esto se debe en parte, también, a las reformas impulsadas y al ajuste implantados por su predecesor Gerhard Schroder.

Durante su mandato, Alemania pasó a ser la primera economía de Europa y la cuarta a nivel mundial gracias a una disciplina presupuestaria rigurosa y al desarrollo del modelo exportador -es la tercera potencia mundial por detrás de China y Estados Unidos- que le permite acumular desde hace años superávit comercial.

Pero, pese a estos años de bonanza, se quedó corta en la inversión en infraestructuras. Deja además un mercado laboral desigual: hay más empleados pobres, proliferan los trabajos de medio tiempo -un 18% del total de trabajadores- y sigue existiendo un fuerte contraste entre el oeste y el este del país -la antigua República Democrática Alemana-, marginado aún del impulso económico del resto del país.

Un estudio reciente de la Fundación Bertelsmann pidió al Gobierno alemán abolir estos trabajos part-time por los que se cobra un máximo de 450 euros y que, al no cotizar a la Seguridad Social, no dan derecho a prestaciones por desempleo. Según el estudio, 870.000 personas que tenían este tipo de empleo lo perdieron durante la crisis del coronavirus y quedaron completamente desprotegidas

Pero esto no ha desgastado la popularidad de Merkel, que nunca bajó del 50%.

Según un sondeo publicado por la cadena pública ARD, ella sigue siendo la política mejor valorada del país con una aprobación del 66%, es decir, 42 puntos porcentuales más que el candidato de su partido, Laschet, y 18 más que el favorito a sucederle, el socialdemócrata Scholz. (Télam)

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