Conviene no usar la pandemia en función electoral - LA GACETA Tucumán

Conviene no usar la pandemia en función electoral

25 Sep 2021

Las redes sociales funcionan como burbujas en las que cada persona se vincula con aquellas con las que comparte afinidades de cualquier tipo: sociales, ideológicas, etc. Debido en gran medida a la polarización a la que está sometida nuestra sociedad, no suele ser habitual que dos personas que se ubican políticamente a cada lado de la grieta estén vinculadas en una red a menos que compartan una amistad que vaya más allá de lo virtual, lazos familiares o laborales. Por estas horas, esas cajas de resonancia (por llamar de algún modo a Facebook, Twitter y Whatsapp, principalmente) reflejan memes, chistes y chicanas políticas vinculadas con la decisión del Gobierno nacional de flexibilizar, al menos en el discurso, gran cantidad de actividades debido a que se redujo significativamente el riesgo de contagio de coronavirus (en los hechos, algunas de esas actividades ya funcionaban con normalidad). Así, muchos de los que cuestionan al Gobierno nacional ahora desaprueban las flexibilizaciones (a pesar de que en el pasado fueron críticos con las restricciones) y quienes apoyan la gestión de Alberto Fernández defienden la liberación de actividades (aunque hace algunas semanas apoyaban los cierres con vehemencia).

Entre las medidas que se anunciaron el martes, en el debut del gobernador tucumano en uso de licencia Juan Manzur como jefe de Gabinete de la Nación, figuran: el fin de la obligatoriedad del uso del barbijo al aire libre y cuando se circula de manera individual; aforo del 100% en actividades económicas, industriales, comerciales, de servicios, religiosas, culturales, deportivas, recreativas y sociales; autorización de viajes de jubilados y egresados; eventos masivos de más de 1.000 personas; autorización de apertura de discotecas con aforo del 50% para personas con el esquema completo de vacunación; apertura de salones de fiestas, bailes o actividades similares para personas con el esquema completo de vacunación; apertura gradual de las fronteras; se elimina el aislamiento para las personas que vengan del extranjero por cuestiones laborales; se autoriza desde el 1 de octubre el fin del aislamiento obligatorio a los extranjeros que llegan desde países limítrofes; se incrementa de manera progresiva el cupo de personas que lleguen desde el exterior y, desde el 1 de noviembre se abren las fronteras a todos los extranjeros.

Sin dudas, estos anuncios generan la sensación de que la pandemia, va quedando atrás, pero también despiertan enojo en un sector importante de la sociedad. El motivo es que, hasta hace algunas semanas, destacados funcionarios del Gobierno defendían las restricciones con vehemencia. Sin embargo, tras la derrota electoral que sufrió el oficialismo nacional en gran parte del país, parece que la situación epidemiológica se ha transformado de manera radical, ya que con los cambios en el Gabinete también llegaron las flexibilizaciones.

Es entendible el enojo. Seguramente los sienten muchas de aquellas personas que no pudieron despedir a sus seres que queridos; aquellos que perdieron el trabajo debido al parate que implicó la cuarenten; los propietarios y empleados de los alrededor de 90.000 comercios que cerraron en todo el país, según datos de la CAME; las familias que cayeron en la pobreza a causa de la crisis económica que generaron las restricciones y que hoy integran ese 42% de la población argentina que no puede pagar la canasta básica. Posiblemente también molesta a aquellos que cumplieron a rajatabla con las medidas dispuestas por el Gobierno, pero que vieron cómo muchos políticos, entre ellos, el mismísimo Presidente, las incumplían.

Creemos que siempre que haya más libertad será mejor y que todas las acciones estatales deben estar orientadas a eliminar las barreras que aún subsisten en la sociedad acompañadas de una vacunación rápida y constante. Pero se debe ser muy cuidadoso en evitar que se use el anhelo de millones de argentinos por llegar al fin de la pandemia como una prenda electoral.

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