Qué bien estábamos cuando estábamos mal

Qué bien estábamos cuando estábamos mal, compañeros. Y de eso hace 10 días, nomás. Todo era más claro. Los manzuristas ocupaban mayoritariamente los cargos ejecutivos (comunales, municipales y provinciales) y los jaldistas ocupaban mayoritariamente las bancas legislativas. Institucionalmente, nadie vivía en paz (ciudadanamente, el resto de los tucumanos, tampoco), pero al menos no había dudas de que “el otro” era el “enemigo político”. Los manzuristas no tenían ni un empleado parlamentario, y los jaldistas no tenían ni un contratado en las delegaciones rurales. Cómo dicen el refrán: “Cada chancho donde su rancho”.

El matrimonio gubernamental había estallado, pero los hijos políticos sabían con qué “cónyuge” se había ido cada quien. Así que entre el otoño del desencanto y el invierno del descontento, los días trascurrían con una “nueva normalidad”, que no tenía que ver tanto con la pandemia de coronavirus, sino más bien con la epidemia de traiciones.

Funcionarios locales y nacionales auspiciados por el gobernador se cruzaban de vereda. Legisladores y hasta intendentes que recuperaron el cargo gracias al aval del tranqueño, salían a enfrentarlo. El PJ tiene Día de la Lealtad porque en las otras 364 jornadas hay permiso para acuchillar. “El que avisa no traiciona”, dice la licencia de apuñalamiento.

Así que todos tenían un norte: desgastar al “socio” de ayer. Y en contra de lo que advirtió Juan Manuel de Rosas (tan añorado por el cristinismo) en sus “Instrucciones para los encargados de estancias”, decidieron “cortar la paja de las alas de los ranchos para prender el fuego”.

Horno intenso

Primero vino el mazazo y se partió el bloque. Después fue el turno de la guadaña, no sólo con los empleados parlamentarios y comunales, sino también con los miembros de la mesa de conducción de la Cámara y con los funcionarios “a tiro” de decreto de la Casa de Gobierno.

Luego decidieron tirarse “con de todo” en la campaña electoral, porque resolvieron batirse a duelo en las urnas. Jaldo pedía la renuncia de los ministros de Seguridad y de Educación y a este último le corrieron traslado de una veintena de pedidos de juicio político. Sostuvieron, persignándose sobre la Constitución, que debían ser destituidos porque eran inútiles o porque habían incurrido en la mar de irregularidades. O por ambas cosas.

Los manzuristas respondieron que el vicegobernador estaba presuntamente incurso en incumplimiento de deberes de funcionario público y abuso de autoridad. En el primer caso, por dejar sin empleados a un tercio de los legisladores. En el segundo, por alterar la composición de la comisión de Juicio Político sin respetar la proporcionalidad de los bloques, reservándose los dos tercios. Esos argumentos fueron expuestos en sendos recursos de amparo. Qué tranquilidad de espíritu la de aquellos días… Todos gritándose de todo en todas partes. En los medios, en las redes sociales, en los afiches y en las paredes. El que vociferaba más fuerte y profería la declaración más hiriente, ganaba. Porque en rigor, los que perdían eran Manzur y Jaldo. Manzur veía obturado su futuro político en un cargo ejecutivo de primer nivel. El único camino era habilitar más reelecciones y para eso había que reformar la Constitución, cosa que el jaldismo impedía. El “vice”, a su vez, también hacía girones su sueño de calzarse los atributos del poder: el gobernador, desde 1999 hasta nuestros días, es “el gran elector”. Sin la bendición del actual mandatario provincial era una quimera intentar alcanzar el sillón de Lucas Córdoba. Y el manzurismo no paraba de maldecirlo.

Antes de las PASO, Jaldo acusaba a Manzur de someter “al letargo” a la provincia y su escudero Javier Morof trinaba con que el gobernador se dedicaba “a esconder la porquería” de sus ministros. Después, las urnas. El manzurismo logró 290.000 votos contra 180.000 del jaldismo. Pero el cuarto kirchnerismo perdió por goleada en el contexto nacional: 17 distritos con resultados adversos, y 2 millones de sufragios de diferencia con Juntos por el Cambio. Así que la Vicepresidenta mandó una carta de recomendación para que Manzur fuera jefe de Gabinete, el Presidente aceptó y los manzuristas le dijeron a Jaldo: “andate”. El legislador Gerónimo Vargas Aignasse aseveró que el vicegobernador no tenía “legitimidad política” tras la derrota. El intendente de Las Talitas, Carlos Nájar, le pidió que aceptara un cargo nacional y se fuera. Su par taficeño, Javier Noguera, le espetó que carecía de “autoridad” para suceder al gobernador. “No vamos a gobernar con Jaldo”, le disparó.

Pero Manzur asumió en la Jefatura de Gabinete y Jaldo en la Gobernación. Es decir, el gobernador y el vicegobernador, finalmente, ganaron. Y detrás de cada cual, los que perdieron son legión. Uno y otro llegan a sus cargos tan anhelados no con “un muerto”, sino con un cementerio en el placard. Necesitan un ropero como el de las aventuras de Narnia…

Picado fino

Ahora ya nada es claro, compañeros…

Se ve bastante borroso el presente, donde no hay revancha para nadie. Por eso si se armara una línea interna en el PJ que se llamara “Los defraudados”, monopolizarían el Consejo y el Congreso del PJ tucumano. Jaldo, que ahora tiene los atributos para echar a los ministros a los que cuestionó, los ratificó en sus cargos. Los legisladores manzuristas, que desde el escrutinio están con el cuchillo entre los dientes para hacer tronar el escarmiento contra los jaldistas, ahora volverán a compartir el bloque, con el jaldista Roque Tobías Álvarez como titular. A la vez, hay leales del “vice” que fueron bajados de rango, como Regino Amado, que debió cederle su lugar en la Presidencia Subrogante de la Cámara a Sergio Mansilla. Juan Antonio Ruiz Olivares, en esos movimientos, terminó eyectado de la mesa de autoridades legislativas.

Pero el problema no es tragar esos grandes “sapos” provinciales, porque son varios los comensales y a cada uno, en definitiva, le toca una porción. El asunto es cuando haya que discutir “la chiquita”. El territorio. Y entonces el mañana, más que borroso, se pone oscuro. Y esa oscuridad tiene fecha y hora: 14 de noviembre, de 8 a 18. Es decir, la elección general. La receta para cocinar un “Desaguisado peronista a la tucumana” tiene cinco ingredientes, que son los cuatro candidatos a diputados titulares y la primera suplente. 1° Rossana Chahla. 2° Agustín “Tin” Fernández (ex intendente de Aguilares, enemistado con los Mansilla). 3° Elia Fernández de Mansilla (actual jefa municipal de Aguilares). 4° Alejandro Melo. 1° Suplente: Gladys Medina (el intendente de Banda del Río Salí, Darío Monteros, está casado con ella).

Si los resultados de las PASO se repitieran dentro de 51 días, dos diputados corresponderían al oficialismo (Chahla y “Tin” Fernández). Y dos a Juntos por el Cambio (Roberto Sánchez y Paula Omodeo). Pero Omodeo alcanza el cuarto escaño para la Cámara Baja sólo por 6.000 votos. Es decir, el Frente de Todos puede intentar dar pelea por esa banca. Pero, ¿lo hará?

Si el oficialismo consagrara tres diputados, la tercera parlamentaria nacional sería la intendenta de Aguilares. Luego, o ella asume la banca y deja su gestión municipal (una de las más exitosas en materia electoral y de obra pública); o renuncia a ser diputada. En este último caso, por Ley de Paridad de Género, tiene que asumir la banca la actual diputada Gladys Medina, más jaldista que la mayoría de los tranqueños.

Sal y pimienta al gusto

Ahora vamos con los condimentos del desaguisado. ¿Van a trabajar a destajo los manzuristas para darle dos diputados a Jaldo y sólo uno al gobernador? ¿Mansilla se levantará todos los días al alba junto con su esposa para trabajar por “Tin” Fernández y, además, para que ella enfrente el dilema de renunciar a la intendencia de Aguilares o darle a Jaldo un escaño más para su espacio? Noguera, que debió enfrentar a Álvarez y a dos ex intendentes (Javier Pucharras y Alejandro Martínez), jugándose su futuro político, ¿dejará la vida en la campaña para empoderar al vicegobernador que le reprochó supuestas conductas privadas?

Los Campos, que en Alberdi ganaron apenas por 400 votos, ¿no ven las horas de dejarlo todo por el jaldismo, que casi los deja “patos rengos”? Francisco “Pancho” Serra, que debió batallar contra Amado y Ruiz Olivares, ¿no descansará hasta darles un triunfo trascendente a quienes quisieron propinarle una derrota definitiva? Los mellizos Orellana recorrerán todo el oeste para que el jaldismo, que convirtió a Famaillá en la única intendencia manzurista perdidosa, pueda ir victorioso a la Nación, ¿no es cierto?

De paso, Darío Monteros, que salvó la ropa por una veintena de votos en su ciudad, y su vecino Aldo Salomón, derrotado en Alderetes, no ven las horas de que el manzurismo, en senadores, saque la misma cantidad de votos que el jaldismo en diputados, para que nadie diga que Jaldo es el mejor candidato del peronismo tucumano, ¿verdad?

El propio Jaldo, que el fin de semana dudó por un instante en arrojar el celular a un aljibe de Trancas para dejar de recibir ofrecimientos y aprietes desde la Casa Rosada, se va a privar de la oportunidad de decirle a la Nación que él obtiene mejores resultados que Manzur. Y para no herir susceptibilidades, preferirá mantener el “2 a 2” con la oposición en Diputados, antes que conseguir otra banca y ganarle “2 a 1” al manzurismo, ¿o no?

Se sirve por separado

El propio Sergio Mansilla, entrevistado por el periodista Federico van Mameren en “Panorama Tucumano”, expuso la “grieta” del oficialismo. Reconoció que en Aguilares, con “Tin”, “nos peleamos a muerte. (…) Las cosas se deberán recomponer. Pero sabemos que en la territorial estamos por caminos diferentes”.

Sostuvo que la de las PASO “no ha sido una interna cualquiera. Ha sido la más dura de los últimos tiempos. Más que la de José Alperovich contra Fernando Juri (en 2007). Mucho más agresiva de ambos lados”. Por ello, confirmó, Manzur “el lunes a las 8 tenía sus dudas” acerca de si asumía como jefe de Gabinete. “Si la situación del peronismo hubiera sido otra, a Manzur lo deberíamos haber llevado en andas al aeropuerto para que se vaya, porque era un premio. Pero con la situación interna que teníamos, había incertidumbre de los dos lados”, sintetizó.

Más aún, cuando se le preguntó quién iba a ser el jefe de campaña, el ahora presidente subrogante de la Legislatura respondió que Manzur vendrá a Tucumán a hacer proselitismo.

Ahí, adentro del PJ tucumano, está todo roto. Los heridos se cuentan por tendales. Y la unidad es un sueño eterno. Tampoco es para preocuparse. Eso de que: “Los muchachos peronistas / todos unidos triunfaremos” estaba bastante sobrevaluado. Después de lo que pasó el 12 de septiembre, es un “mito” político a revisar. Porque en la Nación, el peronismo fue unido a las urnas y se comió una paliza histórica. Aquí estaba todo fracturado, y el Frente de Todos logró la mitad de los votos... Qué bien estábamos cuando estábamos mal, compañeros.

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