Auguran un futuro promisorio de generación de energía y de empleo

Tres especialistas en el tema azucarero predicen, sobre la base de la experiencia y de la historia, cómo seguirá la industria en los próximos años.

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Más allá de que la industria azucarera no puede escapar a las incertidumbres de la situación económica del país y del mundo, ni tampoco de las tendencias en los mercados -como bien señala el ingeniero Jorge Feijóo-, las perspectivas de la actividad se presentan favorables.

Feijóo, actual presidente del Centro Azucarero Argentino, ex titular del Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán (IDEP) y ex ministro de Desarrollo Productivo de la Provincia, basa su optimismo en los mejores precios del azúcar en el mundo, la tendencia a una progresiva sustitución de los combustibles fósiles por biocombustibles -entre ellos el bioetanol de caña de azúcar- y el amplio desarrollo que tiene por delante la cogeneración de energía.

Por su parte, el director del INTA Famaillá, ingeniero Roberto Sopena, afirma que la industria puede tener un futuro promisorio y seguir siendo una generadora de empleo, pero advierte la necesidad de producir bajo normas que aseguren su respeto al medio ambiente y la eficiencia en sus procesos, además de responder al marco legal que la encuadra.

A su vez, el legislador Paulo Ternavasio (JxC), miembro de la comisión de Economía y Producción de la Legislatura, afirmó: “el futuro de los ingenios tiene que estar orientado a la generación de energía con los biocombustibles. La industria azucarera está yendo al alcohol, a la generación de energía con biomasa, con bagazo; este es un momento ideal para impulsarla a la producción de etanol”.

Feijóo vaticina que se irá destinando cada vez más azúcar a la producción de bioetanol. “A medida que la demanda de bioetanol fue creciendo, también lo hizo la capacidad industrial instalada para producirlo, con lo que fue posible que el sector destine cada vez más azúcar a su producción -explicó-. El año pasado fueron más de 550.000 toneladas”.

Sopena aclara que la matriz de producción actual determina que el alcohol es un derivado de la producción de azúcar, ya que la mayor cantidad de alcohol destilado se deriva de la melaza y no del jugo directo. “Se podrá comparar qué se produce más -si azúcar o alcohol- cuando se divida el destino de la caña que se muele, cuánto se deriva de jugo a la destilación de alcohol y cuánto se deriva a la producción directa de azúcar”, detalló.

Creación de empleo

Ternavasio destacó que la industria va a mantener su característica de ser generadora y multiplicadora de trabajo. “A su alrededor hay muchas empresas satélites, como los talleres metalmecánicos, que dan empleo a técnicos y operarios, que requieren ingenieros químicos, mecánicos, etcétera”, puntualizó.

Pero Sopena advierte que a 10 años de vigencia de la ley sobre biocombustible no hay evidencias de que se haya creado más empleo directo. “Sí hubo más inversiones en destilerías, aumento de la capacidad de molienda de los ingenios y por ende más empleos indirectos o del circuito de proveedores”, resaltó. Y es optimista teniendo en cuenta lo ocurrido en Brasil y la expansión alcoholera que tuvo entre 2003 y 2010. “En ese país no sólo se incrementó el área cultivada en un 150%, sino que también se instalaron muchas nuevas fábricas (ingenios más destilerías)”, comentó.

Feijóo no duda de que habrá más empleo. “El bioetanol es indispensable para la sostenibilidad económica de la estructura de empleo actual del sector y demanda inversiones (consecuentemente, empleo) tanto en campo como en industria”, subrayó. Y dio los siguientes datos: “la superficie cañera de Tucumán creció un 28% entre 2008 y 2019 (de 217.000 a 278.000 hectáreas) y la industria instaló nuevas destilerías y deshidratadoras de alcohol”.

Tecnología

De cara a lo que viene, Sopena considera que al menos un tercio de los ingenios de la provincia necesitan mejoras sustanciales para incrementar la eficiencia y asegurar rentabilidad con sustentabilidad ambiental. “No todos están calificando o certificando con normas ambientales y compatibles con la producción”, advirtió.

Feijóo resaltó que los ingenios realizan continuamente la necesaria reconversión de equipos y tecnología en busca de competitividad y eficiencia en los procesos. “Un ejemplo de ello ha sido la importante reducción del consumo de gas por la industria azucarera en los últimos 10 o 15 años, resultado de inversiones de magnitud”, consignó.

Ternavasio considera que es urgente encontrarle una solución al tema de la contaminación por vinaza. En cuanto a tecnificación, dijo que el campo está avanzando y resaltó: “en la industria hay gente muy capaz para desarrollar tecnología propia. Faltaría apoyo financiero del Estado para que se puedan acomodar las fábricas y aggiornarse a los nuevos tiempos”.

Concentración

Sobre si en el futuro habrá más concentración de la producción azucarera, Sopena afirmó: “es difícil predecir este aspecto en el corto-mediano plazo, pero los 200 años de historia azucarera así lo confirmaron. Desde el cierre de ingenios en 1966-67 no se abrieron nuevas fábricas. Las mismas que había aumentaron capacidad de molienda, pero no se abrieron otras”.

Al respecto, Feijóo respondió: “la producción azucarera empieza en el campo, y la realidad tucumana acredita que la producción de caña está en manos de más de 6.000 cañeros independientes, de toda escala, que comercializan su caña por el sistema de maquila. Esto introduce un mecanismo muy abierto de oferta de azúcar en el mercado. Esta característica es el núcleo que explica la relevancia socioeconómica de la actividad sucroalcoholera en el Noroeste Argentino”.

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