Tucumán recibe a un ilusionista de nivel internacional - LA GACETA Tucumán

Tucumán recibe a un ilusionista de nivel internacional

06 Sep 2021 Por Manuel Riva
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PUBLICIDAD. El ilusionista enfundado en su inconfundible frac ante de presentarse en el escenario del teatro Alberdi.

La magia, el ilusionismo, el mentalismo, la prestidigitacion y todos aquellos trucos que desafían las leyes de la física o lo predecible como levitar o hacer desaparecer personas o cortar a una persona en dos partes siempre generaron y generar atractivo en el público. Estos espectáculos tuvieron aún más éxito entre las décadas finales del siglo XIX y principios del XX. Liberarse de cadenas y candados o escapar de cajas cerradas generaban gran expectativa y sorpresa. Quizás una de las mayores celebridades de entonces fuera Harry Houdini pero hubo otros menos famosos pero tan admirables como él. En esta ocasión vamos a recordar la actuación de un famoso escapista argentino que actuó en nuestra provincia en septiembre de 1931. Venía precedido de un reconocimiento y fama mundial. Tuvo presentaciones legendarias en escenarios de Europa, África y América. Su repertorio tenía una gran variedad de ilusiones y de los cuales presentó una elegida selección para el público que llenó las instalaciones del teatro Alberdi en su presentación debut. Según nuestro cronista, su presentación “justificó en un todo su habilidad en los juegos de escamoteo y prestidigitación, como así también en los de magia e ilusionismo, los que fueron presentados con ingeniosos aparatos, muy vistosos y de verdadero valor”. Durante varias jornadas, en algunas realizó hasta tres presentaciones, los tucumanos colmaron las butacas del teatro.

Ya es el momento de presentar a nuestro protagonista, que se hacía llamar “Profesor Alcalde”, el apellido no era de fantasía y su nombre era Manuel Gerónimo Alcalde. Durante las primeras presentaciones el público se sorprendía con sus actuaciones hasta que llegó su penúltimo espectáculo. En ella hizo una sorprendente confesión: “me complazco en comunicarles que están en presencia de un tucumano como ustedes, tucumano de pura cepa, bien criollo. Hace 19 años salí de Tucumán a recorrer el mundo; año tras año aumentaba mi nostalgia y debía soportar largos años antes de regresar”. Según relata Carlos Páez de la Torre (h) en “Un ilusionista tucumano”, Alcalde “narró que en todos los escenarios que se presentó, afirmó su condición de argentino y ´aquí en Tucumán debí callar, por unos días, que yo era tucumano, y lo hice por aquello de que, quizás por ser del terruño, se restaría posibles méritos a mi actuación”. Un estruendoso aplauso valoró la confesión del aquel hombre bajo y de poco más de 40 años. Además recordó ante nuestros periodistas que alrededor de 1910, ya con “un importante caudal de conocimiento y habilidades”, regresó a la provincia para presentarse en el desparecido teatro Belgrano. Tras ello regresó a Europa y a sus actuaciones sin volver a escucharse de él hasta 1931. Alcalde nació en San Miguel de Tucumán el 30 de septiembre de 1889 y “sus primeros años hasta 1900, ambuló por nuestras calles y nuestros colegios, en compañía de muchos comprovincianos aquerenciados al terruño a quienes ha encontrado y reconocido con el justificado regocijo después de tantos años de ausencia”. De acuerdo a la información del periódico La Hoja, de la localidad de Facundo Quiroga (Buenos Aires) “era hijo de un capitán del ejército español que vino con toda su familia para desempeñarse como administrador de un ingenio azucarero”. Según el propio ilusionista hacia 1903 trabajó con su hermano mayor, que instaló un comercio en Ranchillos, “quien era muy afecto a las ciencias ocultas y a la lectura de libros sobre el tema. Quiso la bruja madrina que uno de ellos llegara a manos del hermano menor y a escondidas, adquirió el conocimiento de los principios básicos y gozó del placer de ver los efectos de sus primeros experimentos reflejados en los asombrados ojos de sus compañeros de juego, de las viejas amigas de la casa y de alguna que otra muchacha en las cuales los primeros efectos de su poder hipnótico, haya sido probablemente un beso”. Al reconocerse como tucumano el mago destacó que cursó sus estudios el Colegio Sagrado Corazón y que “me encontré con mis compañeros de estudios; algunos de ellos siguen en Tucumán y otros, ya personalidades elevadas, han subido a la cumbre más alta”.

LA CAJA ENIGMÁTICA. Alcalde ingresando al cajón del que escapaba rápidamente y era su mayor espectáculo.

Al llegar a los 18 años Alcalde presenció la actuación de una gran ilusionista de origen panameño, el Gran Raymon y descubrió que era ese mundo el que lo fascinaba. Se incorporó a la troupe de Raymon dejó nuestra provincia y recorrió el mundo. Tras un tiempo decide independizarse se instala en Londres donde había academias y fábricas de aparatos con lo que desarrolla un espectáculo de gran calidad que le abre los escenarios europeos. En París conoce Berta con quien se casa y luego nace su hija en Madrid, que luego comenzó a actuar con su padre. De su paso por Londres destaca que “a su llegada el cónsul argentino, a quien fue recomendado, admirado del carácter aventurero de un tucumano, le ofreció su ayuda y solventó sus primeras necesidades”. En poco tiempo sus habilidades rindieron sus frutos y réditos económicos. Las grandes familias londinenses cayeron rendidas ante sorprendentes actuaciones.

PROPAGANDA. Cartel en francés para sus actuaciones en Francia.

Al igual que los públicos de las grandes ciudades europeas como Paris, Londres, Madrid, Roma, Viena, Berlín y de la famosa ciudad marroquí de Casablanca, los espectadores tucumanos sucumbieron ante los extraordinarios números de Alcalde. Entre ellos se destacaban, “El trono del misterio” (aparición, transformación y reaparición de personas a la vista del público), “De la sombra a la realidad” (ilusionismo con figuras), “Una mujer viva cortada en pedazos” (ilusión donde el Profesor hacía pedazos a su ayudante) y como cierre tenía “La caja enigmática” que nuestro diario presentó como “sorprendente acto de sugestión con el cual el profesor Alcalde espera conquistar por entero el público de nuestra ciudad”. La caja era un sólido cajón de madera cuyas tablas estaban clavadas y rodeada con una jaula de flejes de acero, entrecruzados y unidos con remaches de metal. Pese a todos los recaudos el ilusionista se libraba de su encierro y aparecía entre el público o en el escenario según el dramatismo de la ocasión.

Podemos decir que los tucumanos nunca más volvieron a escuchar el nombre Profesor Alcalde debido a que los años y el físico lo fueron cambiando obligándolo a dejar atrás el frac. Para algunos habría vuelto a Europa y seguido su carrera fulgurante. Pero de acuerdo al relato del periodista Carlos Rodrigo quien reconstruyó su historia, Alcalde se volvió el mago Chan y comenzó a usar un kimono y a recorrer los caminos y pueblos de nuestro país con sus actuaciones. Quizás el final de su historia tenga algo de mágico o irónico, ya que murió de en el escenario durante una actuación en el teatro de la Sociedad Española de la localidad de Facundo Quiroga, en el partido bonaerense de 9 de Juliio. El relato de esa parte de su vida será parte de otra historia que relataremos a su debido tiempo y que pudo reconstruirse gracias al trabajo de periodista de Quiroga, donde está enterrado. Para muchos estudiosos del mundo de la magia argentina, Alcalde es considerado el mayor exponente de las artes mágicas e ilusionistas de nuestro país que alcanzó renombre internacional.

El Profesor Alcalde actuó en Europa, África y América. Lleno total en el teatro Alberdi. Magia increíble.

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