Cartas de lectores III: padre del aula

Cartas de lectores III: padre del aula

24 Agosto 2021

Así se llamó a Sarmiento, quien huyó del país por sus ideas políticas, cruzó la cordillera de los Andes, que es cuando se le atribuye que escribiera una roca, en francés, el mensaje dirigido a Rosas, “bárbaro, las ideas no se matan“. Se exilió en Chile, país donde fundó el periódico Monitor de la Educación. Un ministro chileno interpretó que este nombre era pretencioso y que debía llamarse Monitor de la Educación Primaria. Sarmiento así le respondió: “señor: mi propósito es escribir para educar ministros, diputados, senadores y doctores, porque tanto que ustedes saben, no saben que ignoran todo sobre el asunto, que las escuelas no se mejoran en las escuelas, sino en la opinión de los que gobiernan y de los legisladores”. Aquí, entre los destinatarios de su periódico, no menciona a los maestros de educación primaria. Como autodidacta, creía que no cualquiera podía ser el maestro de la educación básica. Por eso contrató a docentes norteamericanas expertas en un sistema educativo que podría aplicarse aquí. La primera tarea de estas expertas fue la creación de escuelas normales nacionales de maestros. Una por provincia. Y en Tucumán se creó la Escuela Normal Nacional “Juan B. Alberdi” que formó, creo, a los mejores maestros tucumanos y del NOA. Funcionó hasta 1968 como tal y se cerró por un decreto del gobierno de turno. El 8 de julio de 1884 se promulgó la ley 1.420 de educación común, gratuita, obligatoria, gradual, al alcance de todos los niños, como medio para el acceso a contenidos mínimos que la ley estipuló, y como garantía de igualdad y equidad académica. Esta ley fue derogada por el peronismo en 2014, con excepción del artículo 8, por considerar que perdió vigencia al pasar las escuelas nacionales a la provincia. Se abrió así la puerta del caos, a la incertidumbre, a la ley de la oferta y la demanda en la formación de maestros tucumanos. Hoy sabemos que las mejores ofertas educativas están en manos de instituciones privadas, tanto para los distintos niveles educativos, como para la formación de maestros, en desmedro de la educación pública, que dejó de ser una institución para convertirse en centros de contención afectiva que brindan a pulmón los maestros, de contención alimentaria, con comedores atendidos por los docentes y personal de maestranza, direccionadas en su funcionamiento por gobernantes de turno -a los que hay que “cuidar la espalda“ y decir que todo está perfecto por riesgo de sanciones si no se pidió autorización para expresar lo contrario-, por los títulos y certificaciones falsos, con promociones automáticas, llegándose al extremo del cierre de las escuelas y cepo a la educación pública, por gobernantes y sindicatos alucinados, a los que les vendría perfecto el Monitor de la Educación de Sarmiento. Imaginemos a niños en situación de calle, lo de las villas, a los que ya son “soldaditos” de la droga, con el mejor celular, si analizar el origen de su posesión, con computadora regalada por el plan Conectar, con las clases virtuales donde no hay conectividad virtual, con escuelas cerradas por cepo a la presencialidad en las aulas y con una imitación de madera de un órgano masculino para educarlos, aunque no tenga el complemento del preservativo… En esta República Argentina, con constituciones, nacional y provincial, donde los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial son ciegos, sordos, muros, gobernados por DNU, cuando se trata de educación, de funcionarios que hablan con lenguaje inclusivo y se dirigen a los ciudadanos llamándolos sujetos y sujetas o cantando un raro himno nacional donde juegan con las terminaciones a, e, i, o, con la insistencia propia del lavado de cerebros, para naturalizar la tragedia educativa. Nos hace falta volver a Sarmiento, a Belgrano y a Alberdi y que los medio comunicación, los políticos en sus discursos de campaña, dediquen unos minutos para divulgar la visión de un país que estamos convirtiendo en un páramo, por culpa de los que elegimos para representarnos.

Elvira Arnedo


La Rioja 151


San Miguel de Tucumán

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