INDISPENSABLE. La Honda 110 de Miguel Galván le permite viajar a Concepción a diario para trabajar. LA GACETA / RODOLFO CASEN
Miguel Galván, de 42 años, tiene una moto Honda de cilindrada 110 que acusa el ajetreo del tiempo y del maltrecho camino que recorre todos los días. El hombre es de la localidad de Santa Cruz (Simoca), ubicada a unos 12 kilómetros al noreste de Concepción, por la ruta 328. Desde ese pueblo va a “La Perla del Sur” a diario para vender pan casero, cacho y empanadillas. Carga un enorme canasto con el que no siempre regresa a casa vacío. Llueva o truene, Miguel se levanta a las cinco de la mañana para partir a cumplir con su tarea de vendedor. Todos los días se lo ve infaltable en la esquina de San Martín y Colón.
“Con este trabajo saco para comer y darle a mi hijo para que vaya a estudiar en Villa Quinteros. Es un riesgo diario tremendo. En tres ocasiones me intentaron asaltar y zafé de suerte. También es un peligro el mal estado del camino. El comisionado comunal me había prometido un trabajo, pero nunca cumplió”, contó el vendedor. Galván afirma que su moto es un medio de transporte vital para poder ganarse la vida. Sin ella no podría trasladar su mercadería hasta el punto de venta.
Así revela su preocupación por el deterioro del rodado: “pierde aceite y las ruedas me zigzaguean. No me alcanza para los arreglos. Ojalá lo pueda hacer pronto, antes de que me deje a pie”. Tanto para Miguel como para miles de familias de Concepción y localidades aledañas, la motocicleta se constituye en el medio de transporte más económico y es utilizada con múltiples fines. El déficit de transporte público la hace esencial en varios pueblos e incluso en la misma Concepción. De las más de 5.000 motos que se estima que circulan a diario por el municipio sureño, más del 60% son usadas por la gente para trasladarse a su lugar de trabajo, hacer diligencias y compras, ir a estudiar y transportar a los hijos pequeños a clases. Del total que nutren las calles de la ciudad, un 20% de rodados proviene de poblaciones aledañas como Gastona, Santa Cruz, Arcadia, Villa Trinidad, Alto Verde o Alpachiri. Así Concepción se transforma en un caos difícil de controlar.
“Mi moto me permite ir a mi lugar de trabajo y además llevar a los chicos a la escuela. Es económica y me saca de apuro. Si tuviera que pagar colectivo o taxi no me alcanzaría el sueldo para hacerlo”, confesó Maira Juárez, del barrio La Terminal. Mientras que más del 60% la utilizan con fines indispensables, también un importante porcentaje de jóvenes y menores se incorporan a la legión de los que apelan a ellas para salir de diversión los fines de semana. Otros para delinquir. La locura estalla en las noches. Es la otra cara que muestra la explosiva proliferación de motos.
El tránsito complicado
Según el director de Tránsito del municipio de Concepción, Alejandro Cazorla, si bien el movimiento de autos ha sido desplazado desde el microcentro a través de la instrumentación del estacionamiento inteligente, ahora enfrenta la tarea de organizar el intenso movimiento de motocicletas. “Se estacionan en cualquier lugar. Por comodidad o temor a robos lo hacen frente a las farmacias, los bancos y otras dependencias públicas. De ahí que nos proponemos ampliar los espacios reservados para esos rodados”, explicó. Dijo que frente a esta realidad, la labor de los agentes de tránsito se hace abrumadora y con incidentes frecuentes. “La gente se resiste a respetar las normas de tránsito vigentes e incluso cuando se actúa hay quienes salen en defensa del infractor”, añadió. Cazorla adelantó que en razón de la elevada inconducta que revelan los motociclistas “se hace clara la necesidad de acentuar las campañas de educación”. “Vamos a trabajar con los chicos de las escuelas a fin de que los de grados avanzados se constituyan en auxiliares y a la vez promotores del respeto a las normas de tránsito”, apuntó. Al mismo tiempo el municipio prevé habilitar una pista de prueba para aspirantes a obtener el carnet de manejo. En el municipio, por día, se gestionan alrededor de 60 licencias. Aunque el carnet también se otorga a los menores de 17 años con permiso de los padres, no son pocos los adolescentes e incluso niños que salen en motos y cuatriciclos a las calles. “Los papás generalmente se excusan diciendo que salieron por un descuido de ellos” dijo Cazorla. El galpón de la Dirección de Tránsito acumula unas 800 motos secuestradas por distintas infracciones. No las retiran por falta de papeles u otros motivos.
El repunte permanente del uso de esos rodados, con el riesgo que representa la falta de apego a las reglas de circulación, se refleja en las estadísticas de accidentados que registra el Hospital Regional “Miguel Belascuain”. Como claro ejemplo de la incidencia que tienen en la labor de las guardias de emergencia, basta revelar que de los 126 pacientes traumatizados que fueron atendidos durante enero, siete fueron automovilistas, otra cifra similar ciclistas y 104 motociclistas.








