DIEGO TIPPING. “El mundo no habla un lenguaje humanitario”, dijo. twitters @DiegoTipping
Se contabilizan más de 500 días desde que comenzó uno de los desafíos más importantes de la historia argentina: superar la pandemia. Desafío que involucra de lleno a una organización como la Cruz Roja, no sólo en la Argentina, sino en todo el mundo. LA GACETA habló con Diego Tipping, presidente de la organización en el país, que analizó la crisis que se vive hace más de un año. Diego destacó la importancia de la vacunación de todas las personas del planeta y para eso considera fundamental la suspensión de patentes de las vacunas.
- ¿Qué se hizo en estos 500 días de pandemia en la Argentina?
- Cuando comenzamos a ver que esto tomaba dimensión en todo el mundo propusimos un plan de acción y pusimos a disposición toda la capacidad instalada que tiene una organización internacional como la nuestra, todos los procedimientos logísticos, nuestra red territorial de más de 160.000 oficinas en el mundo para ayudar a los argentinos que estaban en el interior y poder revincularlos con sus familias y necesidades. A su vez fuimos un nexo entre el sector privado y el público. Hicimos dos campañas solidarias que se transformaron en las más importantes de la historia argentina, que son “Argentina nos necesita” y “Unidos por Argentina”, que recaudaron cerca de $ 1.000 millones. Con eso trajimos 30 aviones con tecnología de alta complejidad que hacía falta para la ampliación de camas de terapia intensiva, y elementos de protección profesional para los médicos. Trajimos más de 17.000 termómetros, participamos del armado y preparación del parque sanitario de Tecnópolis. Cuando vimos que la pandemia empezó a tener impacto social empezamos un plan de asistencia alimentaria de emergencia en mas de 45 ciudades y una estrategia de salida de esta asistencia alimentaria vinculada a una reinserción laboral de estas personas.
- ¿Qué fue lo malo y lo bueno?
- Creo que lo positivo, sobre todo lo vimos al principio, fue esa sensación de que estando unidos y teniendo un norte común las cosas fueron mucho más sencillas. Lo dificultoso que vemos hoy es que teniendo un horizonte de salida, que es la vacuna, estamos con una problemática a nivel global. Que no hubo una correcta estrategia sanitaria global. Una pandemia es por definición algo transfronterizo y no hubo un liderazgo global para el actuar local. Hoy estamos a nueve u ocho meses desde que empezó la vacunación y el planeta sólo a producido 30 de cada 100 vacunas que necesita. De estas 30 de cada 100, el 80% está distribuido entre los 10 países más poderosos. Con este ritmo se va a tardar dos años en vacunar a toda la población.
- Dos años más, ¿vamos a los 1.000 días?
Esa es la realidad del mundo y la Argentina no escapa a esa realidad. Nos dejamos llevar por lo que pasa en 10 o 15 países poderosos, pero los otros 190 países del mundo no lo están en la misma situación de vacunación. En Centroamérica, África y países de Asia es muy difícil. Y si no hay un acuerdo global para acelerar estos procesos vamos a llegar tranquilamente a los mil días.
- ¿Qué opinás de los antivacunas?
- Lo vemos con preocupación. La vacuna -y todos los estudios lo demuestran- son seguras, están hechas con métodos que están probados. Más allá de la aprobación en emergencia son absolutamente seguras. Se transforman en un factor de riesgo para el resto de la humanidad porque si no logramos vacunar a todos y logramos la inmunidad de rebaño el virus va a seguir circulando y va a dejar expuestos a todos.
- ¿Para esto hay que liberar las patentes de las vacunas?
- Tiene que haber una inmediata suspensión de las patentes y transferencia de tecnología en todos los países para acelerar el proceso de vacunación. Hoy la patente está en manos de cuatro o cinco países, y hay muchísimos países con capacidad de recibir esa transferencia y con esto multiplicar la capacidad de producción. No sirve de nada que un país vacune a toda su población si los otros no. Si mañana llegan 100 millones de dosis a la Argentina vamos a tener una falsa sensación de protección, no va a terminar la pandemia porque mientras no lo haga el resto del mundo se van a generar nuevas cepas que incluso van a poner en riesgo a las poblaciones vacunadas. Lo que decimos desde Cruz Roja a nivel global es que vacunar a todas las personas al mismo tiempo no es sólo es una cuestión humanitaria, sino es la única estrategia correcta y posible para terminar con la pandemia. Sin dudas es clave la liberación de las licencias, al menos de forma temporal, para que se vacune a todas las poblaciones.
- ¿Qué hay que seguir haciendo sanitariamente?
- Hay que seguir cuidándose, respetar las medidas, porque está visto que las vacunas protegen de la enfermedad en un nivel más grave, pero estamos expuestos al contagio, por lo que somos vectores de contagio para otras personas. Esta sensación que nos da la vacuna de estar protegidos no nos tiene que relajar. Hoy estamos mucho mejor que hace un año porque hoy tenemos este horizonte de salida, pero por un lado hay mucha relajación, cansancio, pero hay que entender que es un último esfuerzo porque estamos mejor, podemos juntarnos, asistir a un espectáculo recreativo o deportivo, y todo eso hace un año no lo teníamos.
- ¿Qué enseñanza deja la pandemia?
- Muchas cuestiones. Le permitió a la gente descubrir el valor de la solidaridad, de pensar en el otro, de entender que tenemos que caminar a la par, que hay cuestiones que no son sólo responsabilidad del Estado, que nos ocupan a todos como miembros de una sociedad. Creo que ese es un aprendizaje que le está quedando a la gente, que hay que estar unidos y ser solidarios.
- ¿Cómo fue el comportamiento de rangos etarios? ¿Los jóvenes estuvieron mal?
- Pudo haber pasado en alguna medida muy menor. Obviamente esta minoría que incumple siempre toma una notoriedad mayor, pero a cada una de las franjas etarias las hemos visto muy comprometidas. Con distintas afecciones porque para los adultos mayores entender el paso del tiempo mucho más rápido y no ver a sus seres queridos los afectó, a los jóvenes que están en una edad de más libertad, a los chicos que no han asistido al colegio... Lo general que hemos visto es un sentido de cuidado y de respeto.
- ¿Qué países actuaron mejor?
- Lo que nos reflejó en números esta pandemia es que los países que eran ejemplo a nivel mundial después han caído en la crisis. La enseñanza que nos ha quedado justamente es que no hubo un liderazgo global que conduzca a una respuesta local. Es una pandemia que dejó a muchos ciudadanos fuera de sus fronteras por cuestiones sanitarias que tienen que ser atendidas y tener una estrategia global. Eso ha faltado, y es un punto a mejorar a nivel global bajo la conducción de organizaciones internacionales, la OMS, la ONU, tiene que haber, para este tipo de situaciones, una mejor estrategia y política de los líderes globales.
- ¿Por qué ocurre esto?
- Básicamente, porque estamos en un mundo que no habla el lenguaje humanitario y que no va a dar una solución de fondo al hablar de problemáticas que tiene la humanidad. Lo explicaba Ban Ki-moon cuando dijo que “no hay un planeta B”, entonces hay que empezar a entender que tenemos que ir a la raíz de todos los problemas que tiene la humanidad. Realmente estamos asistiendo a un mundo que juega a la geopolítica en uno de los momentos más delicados de la historia de la humanidad y eso es inaceptable.








