
Las recientes obras realizadas por el municipio capitalino en el microcentro dejaron conformes a algunos y -como suele suceder- enojados a otros. En este caso, se trata de los ciclistas, quienes sintieron que fueron ignorados a la hora de planificar las modificaciones en el tránsito de las principales calles de la ciudad.
La semana pasada, cuando el intendente de San Miguel de Tucumán reinauguró la plaza Independencia, que había estado dos años cerrada por refacciones, se refirió también al ensanchamiento de veredas realizado en varias cuadras del microcentro. E incluso adelantó que repetirán obras de esas características en 9 de Julio, Laprida y Maipú. “Tenemos que trabajar en una ciudad pospandémica, donde el vecino tenga mayor espacio y el peatón sea privilegiado, por eso las semipeatonalizaciones van a seguir, porque el ciudadano es el dueño del espacio público”, anunció, entre bombos y platillos.
Es cierto que las veredas más anchas mejoraron el desplazamiento de los peatones y contribuyeron a mantener cierta distancia social, algo tan importante en estas épocas de pandemia. También hay quienes aseguran que estas modificaciones repercutieron disminuyendo los embotellamientos en la zona comercial de la capital. Pero quienes utilizan la bicicleta como medio de transporte reclamaron que no los tuvieron en cuenta.
Su uso ha crecido de manera significativa en el último tiempo, sobre todo desde la llegada del coronavirus. Los motivos son varios: es más económico, de esta manera se evitan amontonamientos en los colectivos o quedar varados en caso de un paro de transporte público, evita la contaminación y además aporta a la salud. Es fácil advertir que las bicicletas se han multiplicado en las calles de Tucumán. Por eso el enojo de este sector. “No es que no lo hayamos tenido en cuenta, pero se consideró que lo mejor es hacer ciclovías o bicisendas en calles más anchas. Con las semipeatonales, sin poner una sola multa, hemos resuelto el problema de los embotellamientos y el caos vehicular del microcentro. También les dimos comodidad a los peatones. Esos eran los objetivos de estas obras”, argumentó el titular de Obras Públicas del municipio en un artículo publicado el domingo en LA GACETA.
Pero esa explicación no conformó a los ciclistas y la agrupación Meta Bici lamentó que “esta era una buena oportunidad para que el Gobierno tuviera un gesto para con los ciclistas urbanos. No era la solución una ciclovía en un espacio tan acotado, pero sí era una buena chance para dar un puntapié inicial, para poner el tema en la agenda política, para exponer ante la sociedad cuál es el rol que tiene la bicicleta en quienes la usamos como medio de transporte”.
La incorporación de bicisendas es una antigua deuda de las autoridades. El año pasado, por ejemplo, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT había sido convocada para opinar sobre un proyecto de ciclovías intermunicipales que conectaran con Tafí Viejo y Yerba Buena. Allí se propuso una red integral de desplazamiento en bicicleta como un medio de transporte alternativo con todos los complementos necesarios: estacionamientos, puestos de descanso, estaciones intermodales. La red contemplaba circuitos universitarios también, vinculando las distintas unidades académicas. Una vez más, todo quedó en una idea.
Al margen de la posibilidad real o no de haber incluido bicisendas en las obras inauguradas recientemente, es imprescindible atender las necesidades de este sector de la población, que cada día es más grande. Las urbes más avanzadas del mundo contemplaron en su trazado urbano espacios exclusivos para las bicicletas. Pensar en una ciudad para el futuro, como propuso el intendente capitalino, debería incluir iniciativas de estas características







