La población más longeva requiere políticas especiales

Especialistas destacan la necesidad de cuidados, pero también de la inclusión y del respeto de la autonomía de los mayores de 65 años. Por una mejor alimentación.

AUTÓNOMOS. Ser adulto mayor no es motivo para perder la independiencia.  AUTÓNOMOS. Ser adulto mayor no es motivo para perder la independiencia.
13 Julio 2021

La población argentina es cada vez más longeva, y se calcula que para 2050, por primera vez -y quizás para siempre-, habrá más personas mayores de 60 años que menores de 14 años. El envejecimiento es una realidad a la que se le presta poca atención, lo que genera desafíos crecientes para implementar políticas públicas y promover que ese tiempo de vida ganado sea saludable y pueda disfrutarse en plenitud.

“Este nuevo escenario plantea importantes desafíos para los sistemas económicos, sociales y de salud; las familias y las ciudades deben producir transformaciones para asegurar la inclusión efectiva de los ciudadanos mayores”, sostuvo Silvia Gascón, directora del Centro de Envejecimiento Activo (CEAL) y Longevidad de la Universidad Isalud.

De cara a ese proceso, en el CEAL investigaron las tendencias actuales en materia de salud y nutrición durante la vida adulta, y l lograron establecer los siguientes datos: “el 36% de esa población no tiene ni obra social ni prepaga; la consideración sobre su estado de salud es ‘regular o mala’ en el 46,9% de los mayores de 75 años, y en el 38,1% de los que tienen entre 60 y 74 años; el 50% de los mayores de 65 tiene algún problema de salud y considera negativa la atención recibida”, indicó Gascón.

Si bien el nivel socioeconómico, el grado educativo alcanzado, el género, los estilos de vida, la cobertura previsional y de salud, las redes de apoyo social y el entorno en el que viven van configurando biografías personales muy diferentes, los especialistas afirmaron que en su mayoría son independientes y pueden realizar sin ayuda de terceros las actividades diarias. “No resulta correcto considerarlos un sector homogéneo que sólo requiere servicios de apoyos o cuidados”, destacaron en el informe.

Por otro lado, resaltaron, según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del Ministerio de Salud de la Nación (de 2018), entre los mayores de 65 años se registraron -mediante mediciones bioquímicas y antropométricas, y autorreporte- los siguientes valores: el colesterol elevado se registra en el 40,9%; hipertensión, 63,8%; glucemia elevada, 14,4%; exceso de peso, 79,7%; consumo de tabaco, 10,2%; déficit de actividad física, 71,1%; y consumo de cinco o más porciones diarias de frutas y verduras, sólo el 8%.

“Las condiciones de salud en esta población se ven alteradas por enfermedades crónicas no transmisibles (cardiovasculares, oncológicas, respiratorias, metabólicas y neurodegenerativas), y síndromes geriátricos: trastornos cognitivos, de la movilidad, la polifarmacia y la malnutrición”, destacó Matías Manzotti, jefe de Geriatría del Servicio de Clínica Médica del Hospital Alemán.

Nutrición

Estos datos son claves a la hora de promover un estado nutricional adecuado, pero no son suficientes.

“La información sobre estado nutricional de los adultos mayores es escasa. El procesamiento de datos muchas veces se limita a la población hasta los 50 años, y los estudios e investigaciones nacionales no los toman como foco específico”, destacó Eugenia Maciero, investigadora y coordinadora general del proyecto, y resaltó la importancia de profundizar las investigaciones. De todas maneras, hay cuestiones que sí están claras

Por ejemplo, hay trastornos orgánicos que pueden incidir en la mala nutrición. Y los síntomas que más frecuentemente hallaron fueron acidez, dispepsia, flatulencia, distensión y dolor abdominal, dolor de estómago y estreñimiento.

También observaron la disminución de la secreción de saliva en entre el 29 y el 57% de los adultos mayores, y que el 75% de quienes sufrieron un ACV presenta riesgo de disfagia; asimismo, el 53% presenta dificultad deglutoria, y todas estas cuestiones inciden en el estado nutricional. Por eso, aclaró Manzotti, el tratamiento de la desnutrición debe dirigirse a la causa subyacente y a la modificación dietética, y sugirió el uso de suplementos nutricionales.

“Son necesarios cuando la ingesta no alcanza a cubrir los requerimientos; los ricos en proteínas se eligen para adultos mayores con úlceras por presión o con patologías oncológicas, y en postoperatorios; también son importantes para complementar la alimentación en condiciones crónicas o en enfermedades agudas cuando la persona no puede alimentarse adecuadamente con comidas”, subrayó la experta.

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