Día de la dependencia

El 9 de julio dejará sentado una vez más que en la Cuna de la Independencia las cadenas no se rompieron. Al menos las que provocan que todo lo que se decide en Tucumán dependa en gran medida de lo que pase en Buenos Aires. La provincia poco puede hacer sin moverse al ton y al son de lo que acontece o se define en la Capital Federal.

En lo que respecta al Poder Ejecutivo, ni Juan Manzur ni José Alperovich ni Julio Miranda pudieron apartarse del camino de la Casa Rosada. El recientemente fallecido ex mandatario capeó la crisis gracias a su buena cintura para negociar con la Alianza y hasta logró eliminar los bonos de cancelación de deudas. Alperovich confesó que nunca había tenido buena relación con Cristina Fernández, pero que se quedaba callado y acataba lo que le pedía para conseguir recursos para Tucumán. Y Manzur mira a Alberto Fernández y a Cristina con atención para que ninguna seña de ellos le termine marcando -por ejemplo- cómo deberá armar sus listas de candidatos para las nacionales de este año.

Es lógico, claro, que los mandatarios estén atados al Gobierno nacional, tanto por poder de recursos como por necesidad de que fluya el circuito de recursos a través de coparticipación federal y de obras públicas. Pero, ¿y la autonomía? La carencia de ella se riega con soltura hacia municipios e incluso a los otros poderes del Estado: la independencia brilla por su ausencia y encandila a todos por igual.

Manzur es un gran gestor. De ello no hay dudas. Consiguió colocar una docena de funcionarios en cargos importantes de la Nación, obtuvo una buena dosis de vacunas para luchar contra la pandemia y llegarán recursos para obras públicas de gran envergadura (la autopista Tucumán-Las Termas, miles de viviendas, la nueva Estación para el Belgrano Cargas y miles de millones para obras hídricas, entre otras).

El gobernador zigzaguea en el mundo peronista con la misma facilidad con que suelta su característica carcajada. Empresarios, sindicalistas, gobernadores, intendentes, funcionarios y dirigentes les abren sus puertas a “Juancito”, que capitaliza todo para sí.

Ahora bien. ¿Podrá finalmente hacer uso de su independencia para tener “sus” diputados y senadores? Parece poco probable, pese a que su estrategia para conseguirlo hasta aquí pisa firme. Manzur querría adelantarse a lo que podría ser un pedido cristinista para gente de su espacio político y ofrendaría nombres K antes que se los soliciten. El mandatario anhela que los senadores sean suyos, algo que hoy no posee y que le impide poder tener “algo” con qué negociar con la vicepresidenta, que hace poco le asestó un estate quieto al vincularlo al judicializado Plan Qunita.

La gran jugada podría terminar como la de Di María: con firuletes perfectos, pero con un Lautaro errando solo frente al arquero. ¿En plena sala de la Jura, le pedirá Alberto que concilie con Osvaldo Jaldo y le ceda un espacio? El Presidente sabe que su gestión viene golpeada, que la oposición se envalentona en todo el país y que si pierden en la global de estos comicios o si Juntos por el Cambio se fortalece en el Congreso es muy probable que dentro de dos años sean derrotados. O que en 2022 tenga severas dificultades para gobernar.

Manzur ayer dijo pocas palabras, pero son suficientes para interpretar algo. Consultado por LA GACETA sobre Jaldo, negó estar peleado con su vice (“yo no estoy peleado con nadie”, dijo) y añadió: “eso dicen, pero hasta aquí no pasa nada. Hay que ver”. Esto, ante la consulta de que ambos espacios peronistas podrían competir con listas separadas. ¿Fue un mensaje? ¿O apenas una respuesta de “casete”?

El vice ya avisó que podría salir a jugar con equipo propio, pero también comenzó a peregrinar a Buenos Aires en busca de una cuña que lo meta en la lista oficialista. Espera un sí o un no nacional para definir qué camino tomar.

También sufren dependencia porteña Juntos por el Cambio y el Partido por la Justicia Social. Radicales, macristas del PRO y alfaristas se acomodan según lo que deciden afuera. Germán Alfaro ahora parece más “amarillo”. Luego de reunirse con Horacio Rodríguez Larreta cerró filas con el PRO. La grieta radical que conforman Sánchez-Campero y Elías-Cano también baila según las voces que llegan del “más allá”. El mandato nacional es que jueguen todos juntos. ¿Será así?

Las cadenas son tan poderosas que, por ejemplo, los diputados y senadores tucumanos no logran unirse para casi nada. Si debieran proteger la industria azucarera, como en la década del 90, ¿podrían ponerse todos de acuerdo para votar en favor de Tucumán? Es poco probable, pero no por las diferencias ideológicas, sino por la necesidad de obedecer mandatos nacionales. ¿Y sus votantes? En eso sí hay acuerdo entre oficialistas, entre opositores, entre oficialistas peleados y entre opositores en disputa: la prioridad la tienen otros, no los ciudadanos que los votaron. De otra forma no se entienden mezquindades o personalismos que lejos están de parecerse a los intereses de aquellos próceres que en 1816 dejaron todo para gritar libertad. ¿El cuánto de qué mes se consagrará el Día de la Dependencia?

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